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Opinión > Desde el ángulo directivo

'Mindfulness' para la mejor decisión

Por Concepción Ceballos, técnica asesora de la Cartera de Servicios en la Dirección Técnica de Asistencia Sanitaria de Castilla y León
Jueves, 13 de abril de 2017, a las 12:45
El gestor, el líder, el mentor, el guía, el coach… se corresponde con quien va a cohesionar y motivar, aunar opiniones de equipos heterogéneos para alcanzar decisiones divergentes, y aumentar, en fin, la eficacia a partir del encuentro en un marco común y con unos objetivos alineados a su diversidad.

Siempre he defendido que requiere de unos valores que, de forma explícita, aboguen por un respeto a sí mismo y a su entorno, generosidad, humanidad y humanismo, empatía, comunicación –incluso asertiva– y capacidad de escucha. Claro está: todo esto y, además, dominio de las herramientas estadísticas, digitales, informáticas, de mejora de la eficacia y de la eficiencia sin menoscabar la equidad.

¿Es posible garantizar los valores de la organización sin garantizar los de quien la dirige? Parece evidente que el directivo ha de ser de los primeros en fortalecer el ser, contactar con la esencia, y, a partir de ahí, tomar las mejores decisiones con repercusión en el resto del equipo.

En este sentido, los gestores de la salud harían muy bien en plantearse la práctica del mindfulness, la alerta consciente, sin juicio y en el momento presente, y observar su reflejo en los resultados empresariales. A su vez, se ha demostrado que los empleados que practican esta técnica, mejoran su rendimiento intelectual y su sistema inmune (debido a que disminuye la secreción de cortisol), mejoran su productividad y reducen su absentismo laboral.  

Pero consultemos con uno de los médicos españoles que más ha trabajado con este concepto, el profesor Javier García Campayo, psiquiatra del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. A continuación reproduzco nuestro diálogo al respecto:

Articulista: ¿Necesita el directivo de la salud el mindfulness?

García Campayo: Primero aclaremos que el mindfulness ha prescindido de toda la parte religiosa de la meditación tradicional, dejando solo la técnica, simplificada y accesible en un periodo de tiempo razonable. El gestor está estresado, lo está el profesional y lo pasa mal. Así que mindfulness puede servir para muchos objetivos, para mejorar el logro de los resultados, el balance y la salud.

A.: ¿Es adecuada la traducción de mindfulness como atención plena?

G.C.: Prefiero decir que es un estado de conciencia que se alcanza mediante la meditación.

A.: Y cuando uno tiene un mal día o está en especial agitado, ¿mindfulness le sirve?

G.C.: Sí, sí, en eso quiero insistir. Se dice que meditamos para no meditar. Es decir, hacemos meditación formal (dedicando algunos minutos al día de forma específica) para poderla utilizar en casi todos los momentos de la vida diaria: en situaciones de estrés, enfado, tensión, etc.

A.: Eso equivale a mindfulness para ser más felices, ¿no? O para disfrutar más de la vida que tenemos, y facilitar el respeto y ayuda a los que nos rodean. ¿Puede hacer a un directivo de la salud mejor persona, gestor y líder?

G.C.: Para cualquiera que quiera ser más feliz en su día a día y estar más en las cosas en que está, y con una mayor capacidad de aportar bienestar a aquéllos que le rodean, otros profesionales, su equipo, pacientes u otras personas en general.

A.: El gran problema es que con frecuencia vivimos ajemos a nosotros mismos, y a los que nos rodean…

G.C.: Exacto. Estamos haciendo una cosa y pensando en otra, y eso es una fuente de infelicidad  porque no estamos en lo que estamos. En este sentido, hay un estudio muy interesante, publicado en Science, en el que se preguntaba por teléfono a 7.000 personas lo que estaban haciendo en ese momento, qué estaban pensando o incluso si eran felices en ese instante. Y la conclusión fue que solo era feliz un 40 por ciento de la gente, y que la mayoría de ese porcentaje estaba pensando en lo mismo que hacía.  El otro 60 por ciento pensaba en otras cosas y no disfrutaba de lo que hacía, fuera lo que fuera.

Desde la atención plena, escuchar es apasionante, y difícil que sea lo único que hacemos cuando estamos ante alguien que nos habla; pensamos, miramos, buscamos qué debemos estar haciendo o hacer después, en lugar de disfrutar de lo que escuchamos y respondemos. O callar y sencillamente ayudar.

A.: Entonces, ¿se puede decir que mindfulness ayuda a vivir más felices?

G.C.: Sentirte un ser junto con toda la humanidad, lo que te da una sensación de felicidad y bienestar muy especial.

A.: La compasión tiene mucho poder para cambiar la sociedad, el entorno de la sanidad, el modelo de la dirección…

G.C.: Sí, sí. Los que nos dedicamos al mindfulness pensamos que la gran revolución de la sociedad no vendrá por los políticos, sino cuando la gente practique mindfulness y compasión, y cambie su pequeño entorno. Si yo estoy bien, mi entorno estará bien, y eso se va expandiendo de forma progresiva, de forma que el mundo estará bien. Las sociedades vivirán y dejarán vivir, que es de lo que se trata.

Mindfulness ha calado con tal profundidad en Occidente que empresas como Google, Facebook, Ebay, Heineken… han desarrollado programas en el que 'obligan' tanto al equipo directivo como a sus empleados a practicarla, ya que significativamente reduce el estrés, mejora el bienestar y consecuentemente mejora la productividad de los trabajadores. Así que, desde nuestro interior, tomemos la mejor decisión.