Manuel Cascos, presidente del Sindicato de Enfermería, SATSE
Mié 20 febrero de 2019. 10.30H
Sanidad, presente y futuro
Un nuevo adelanto electoral se ha consumado y el próximo 28 de abril acudiremos todos los españoles a las urnas para elegir al próximo Gobierno de nuestro país. El actual no ha llegado al año y ha supuesto la llegada al Ministerio de Sanidad de dos nuevas inquilinas.

La última, María Luisa Carcedo, se suma a la ya larga lista de ministros/as de Sanidad que se han sucedido en los últimos años. Ni más ni menos que un total de nueve ministros/as desde 2009.  Bernat Soria, Trinidad Jiménez, Leire Pajín, Ana Mato, Alfonso Alonso, Fátima Báñez, Dolors Montserrat, Carmen Montón y María Luisa Carcedo. Diez años, nueve ministros/as. Casi a ministro por año.

Nueve ministros/as con sus correspondientes equipos en las distintas áreas de responsabilidad de un ámbito del Gobierno que se ha visto especialmente afectado por la preocupante inestabilidad política que sufre nuestro país en su historia más reciente.


"El sistema sanitario aún está convaleciente de las graves heridas provocadas por los recortes indiscriminados"


Una inestabilidad que siempre dificulta enormemente la consecución de programas, compromisos y objetivos por parte de distintos equipos ministeriales que, en ocasiones, no tienen apenas tiempo para sentarse y asentarse en sus respectivos despachos.

2019, un año prácticamente perdido


2019 volverá a ser un año prácticamente perdido para impulsar desde el ámbito estatal las necesarias reformas y mejoras que necesita un sistema sanitario aún convaleciente de las graves heridas provocadas por los recortes indiscriminados registrados en los años de crisis.

Todos sabemos que el margen de actuación del Ministerio de Sanidad es limitado dado el traspaso de competencias a los respectivos gobiernos autonómicos pero sí tiene la capacidad de desempeñar un papel fundamental a la hora de promover los cambios necesarios para que nuestra sanidad afronte con garantías de éxito sus principales retos de futuro.

Algo prácticamente imposible con un Ministerio en constante mudanza donde los nombres y caras se suceden. Ellos y ellas pasan y los problemas permanecen, enquistados y fortalecidos, a la espera de un nuevo ministro/a que siempre promete acabar con ellos y que deja el número 18 del Paseo del Prado sin haber podido cumplir lo prometido.

Se trata de una situación que afecta también a la necesaria interlocución y diálogo con los agentes sanitarios, caso de la organización sindical que presido. El escaso tiempo que permanecen los sucesivos equipos ministeriales dificulta enormemente la posibilidad de llegar a acuerdos o, al menos, propiciar avances significativos en cualquier asunto de interés común.


"El escaso tiempo que permanecen los sucesivos equipos ministeriales dificulta la posibilidad de llegar a acuerdos"


La pelota casi siempre pasa al tejado del nuevo inquilino del Ministerio y del de éste al siguiente mientras los representantes de los intereses de los profesionales sanitarios repetimos, una y otra vez, el mismo proceso consistente en una inicial toma de contacto, planteamiento posterior de demandas, periodo de análisis por parte del ministerio, reiteración de demandas y… Últimamente, nada más.

Pacto de Estado por la Sanidad


Llegados a este punto siempre se apela a la necesidad de alcanzar un Pacto de Estado por la Sanidad que, entre otros beneficios, permita el desarrollo de mejoras sanitarias generales independientemente del partido que ocupe el Ministerio de Sanidad o del tiempo que en él permanezca.

Un objetivo deseable que, lamentablemente, sigue sin hacerse realidad legislatura tras legislatura. Durante mi trayectoria dentro del Sindicato de Enfermería he perdido ya la cuenta de los responsables sanitarios y políticos que se han mostrado firmes defensores de alcanzar este acuerdo entre administraciones, partidos y organizaciones y hasta se puso negro sobre blanco en el Pacto por la Sostenibilidad y Calidad del SIstema Nacional de Salud, firmado en 2013.

Distintas personas con similares deseos y un mismo desesperanzador resultado. Si está claro que hay intereses particulares de todo tipo (económicos, partidistas…) que ganan con la inestabilidad política que sufre nuestro país, también lo es que el que pierde es nuestro sistema sanitario público, la salud de todos.