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Se cierra el año 2025 con la salud convertida en centro del debate social y político en nuestro país. Listas de espera, crisis de los cribados de cáncer en Andalucía y crisis del modelo de colaboración público-privada en Madrid, tras escuchar de viva voz que hay que priorizar la rentabilidad a las necesidades de salud de los pacientes.

Si echamos la vista atrás, el Sistema Nacional de Salud ha venido explorando caminos varios para mejorar su calidad y eficiencia, topándose a menudo con dificultades como la resistencia al cambio, los derechos adquiridos y la presión de agentes sociales para garantizarlos, o el alto coste de la tecnología sanitaria, gasto en medicamentos incluido.

Las formas de trabajo también han ido cambiando. La gestión por procesos, las guías de práctica clínica, la evaluación de resultados, los criterios de calidad, la digitalización o el papel activo de los pacientes han ido configurando un sistema sanitario que a lo largo de cincuenta años se ha ido transformando, pero como en un viaje a Itaca, sin lograr alcanzar las metas deseadas.

Actualmente se sigue hablando de redefinir el modelo asistencial para la cronicidad, de la necesidad de mejorar la accesibilidad, de la inteligencia artificial aplicada, la humanización, la corresponsabilidad de los pacientes, y sobre todo, de la implicación y satisfacción de los profesionales sanitarios, ya que muchos se sienten como mano de obra barata que cubre turnos y tiempos de ocupación.

A lo largo de las últimas décadas y en un intento de que los diferentes componentes del complejo sistema sanitario, económico, social, político, asistencial y humano avancen en calidad, eficiencia y satisfacción, y sigan manteniendo el equilibrio necesario para subsistir, los diferentes gobiernos han implementado diferentes fórmulas para conseguirlo.



"La gestión importa, y debería estar guiada por los mismos criterios, valores, estrategias y principios en todo el Sistema Nacional de Salud, porque ello repercute directamente en los resultados"




La Gestión pública tradicional del SNS, considerada por muchos como un modelo burocrático por estar sujeta a limitaciones como la menor flexibilidad en recursos humanos, salarios, procesos de compras o lentitud administrativa, se ha visto salpicada de experiencias diversas para intentar solventar dichas limitaciones, aunque cuenta con una gran fortaleza como es la propiedad, financiación y gestión cien por cien públicas, lo que ofrece equidad a la población, control del gasto igual para todos, alineación de las políticas sanitarias y sobre todo, salud integral a toda la población, más allá de la comunidad autónoma o territorio en el que se viva.

Frente al modelo tradicional, las empresas públicas han querido aportar aire fresco, incorporando un nuevo modelo de gestión en determinados hospitales públicos con personalidad jurídica propia, lo que les daba mayor flexibilidad en la contratación de personal, posibilidad de incluir incentivos en la remuneración y vincularlos a resultados, o realizar compras de manera más ágil.

Se trata de un modelo utilizado en Andalucía, atomizado, con buenos resultados en los primeros años, pero que a la larga han terminado incorporándose al modelo tradicional en todos los sentidos.

Otras comunidades como Madrid y Valencia optaron por Fórmulas de colaboración público-privada, modelos de concesión administrativa (PPP/PFI), con infraestructura y, a veces, servicios no clínicos gestionados por una empresa, y con los servicios asistenciales públicos o privados según contrato. En el modelo PFI la empresa construye y mantiene el hospital y los servicios clínicos siguen siendo públicos, mientras que en la Concesión asistencial la empresa gestiona también la actividad clínica (como fue en su día el modelo Alzira en la Comunidad Valenciana). Aunque tienen la ventaja inicial de descargar la inversión al gobierno y de aportar la innovación, la experiencia ha demostrado que a la larga necesitaron ser rescatados y que faltó el control público necesario, o como el lamentable caso que estamos conociendo del Hospital de Torrejón en la Comunidad de Madrid.

Frente a los modelos puntuales de gestión de la sanidad que puedan existir a lo largo del territorio nacional, tener un sistema sanitario integrado y fuerte puede ser una ventaja para la salud del país, porque no se trata solo de reducir costes, sino de generar sinergias que aprovechen al máximo todos los recursos del sistema. Y aquí tiene un protagonismo indudable la gestión sanitaria, durante demasiado tiempo relegada a un segundo plano. Porque la gestión importa, y debería estar guiada por los mismos criterios, valores, estrategias y principios en todo el SNS, porque ello repercute directamente en los resultados, ya sea en cada hospital concreto o en cada comunidad, donde se debe de trabajar de manera conjunta y en colaboración por la calidad, la equidad, la accesibilidad y la atención a los pacientes, suprimir ineficiencias y optimizar la financiación que garantice la sostenibilidad del SNS.

Lo comprobamos tras la experiencia vivida con la covid-19 que irrumpió en España en el primer trimestre de 2020, y con la crisis económica del 2008, donde las sinergias y la implicación de profesionales permitió aplicar en muchos centros, en lugar de recortes procesos de convergencia de unidades clínicas, de manera que se maximizaba la eficiencia y se mantenían la calidad y la innovación. Tal fue el caso de la convergencia de los hospitales de Granada, aunque duró poco tiempo, porque las manifestaciones ciudadanas llevaron a la derogación de la fusión hospitalaria que había ordenado la propia Junta de Andalucía, para volver a tener dos áreas sanitarias distintas, con dos hospitales independientes, dos gerencias diferentes y dobles unidades clínicas con todos sus equipos duplicados.

En cualquier caso, hablando de la importancia de la gestión sanitaria, hay que recordar que la clave está en la gestión clínica, en aplicar modelos basados en valor, en tener en cuenta la experiencia del paciente, en la organización en base a líneas asistenciales, con objetivos claros ligados a calidad y eficiencia, y con incentivos ligados a resultados, porque de esta manera el foco estará puesto en los resultados en salud y en una mayor responsabilidad profesional, trabajando en redes integradas de servicios (hospitales en red), que incluyan a la Atención Primaria, Hospitalaria y Sociosanitaria, dando así sentido a la Misión del SNS que es ”garantizar el derecho a la salud para toda la población, asegurando una financiación pública, universalidad en el acceso, y la seguridad y calidad de las prestaciones, desde la promoción de la salud, la prevención de enfermedades hasta la asistencia, curación, rehabilitación y reinserción social, cubriendo a todos los ciudadanos desde el nacimiento hasta la muerte”-