20 nov 2018 | Actualizado: 19:20
Mié 13 mayo. 21.27H
Ya lo siento para aquellos pocos que les ha faltado tiempo,  para saltar “al cuello” del sector sanitario privado, a raíz del artículo publicado en el “British Medical Journal” del cardiólogo John Dean, en el que al parecer reniega de su paso por el sector privado, argumentando que toda la actividad se movía por dinero, que en el sector privado la primera y única motivación es la económica, y que en resumidas cuentas, los médicos no deben compaginar la sanidad pública con la privada, aportando dudas sobre los propios centros asistenciales privados, entre otros muchos aspectos. Y esto lo dice alguien que trabaja en un sistema sanitario público (NHS) que aplica la tecnología o la innovación en virtud del precio al que el sistema ha fijado la conveniencia de un tratamiento novedoso.

Dicha conveniencia se fija en términos de años de vida ajustados por calidad y cantidad de vida (AVAC o QALY / “Quality-adjusted life years”). AVAC o QALY está diseñado para dar una idea de cuántos meses o años de vida extra, con una calidad razonable, una persona puede obtener como resultado de un tratamiento (el coste por AVAC o QALY es de 20.000-30.000 libras esterlinas, aunque el límite para los tratamientos al final de la vida se ajustan a 50.000 libras por AVAC / QALY, y puede subir hasta 80.000 libras). Al respecto recomiendo leer el artículo “The cost of NHS health care: Deciding who lives and who dies” publicado por el diario “The Independent” el domingo 10 de mayo de 2015 (http://www.independent.co.uk/life-style/health-and-families/features/the-cost-of-nhs-health-care-deciding-who-lives-and-who-dies-10096784.html).

En cualquier caso, al menos en España los médicos que yo conozco y que trabajan cada día más en exclusiva en el sector privado, porque salen de un sector público que no da cumplimiento a sus expectativas profesionales y personales, no tienen los problemas éticos a los que se ha tenido que enfrentar al parecer el Dr. John Dean; es decir no tienen ningún problema, ni se cuestionan, la atención a un paciente por razones económicas por encima de las médicas.

Del mismo modo, pienso que aquellos que hacen defensa de una sanidad pública basándose en la destrucción del sistema privado, vienen motivados porque sus características y perfil personal no les permiten poder desempeñar su función en un entorno en el que la virtud y el trabajo sea lo que permita destacar por encima de los demás. Afortunadamente no son la gran mayoría de los grandes profesionales que trabajan en el sector público – en exclusiva o no -.

El sector privado en España, no es lo mismo que el sector privado en el Reino Unido, lo mismo que el NHS no es lo mismo que el SNS aunque compartan tanto modelo, como algunos principios, estrategias y desarrollos adaptados al entorno en el que cada cual se imbrica.

El NHS británico fue la primera organización gubernamental del mundo en proveer asistencia sanitaria a toda la población. Hoy en día, tal y como apuntan los últimos datos en los que sí coinciden con el sistema público español, es una organización “con graves problemas estructurales, las listas de espera, incluso para operaciones urgentes, continúan creciendo y los tratamientos hospitalarios se han deteriorado. Muchos británicos con dinero se costean seguros médicos privados y cada vez hay más empresas que dan cobertura privada a sus empleados”.

Este modelo que tiene 20 años más de vigencia que el nuestro muestra signos de insuficiencia desde el punto de vista de aspectos tan relevantes como la ingente presión asistencial, la cronicidad, el incremento de la esperanza de vida, la innovación incesante en todos los ámbitos, la incesante demanda de servicios sanitarios por parte de la población entre otros. Aspectos todos ellos que impactan sin duda también en nuestro SNS y que al igual que en el caso del NHS lo están poniendo de forma constante en dificultades de solvencia y sostenibilidad.

Pero desgraciadamente para los ingleses, si bien la sanidad privada en el Reino Unido  es de las mejores y más competitivas del mundo, no llega ni por calidad ni por cantidad a lo que es la sanidad privada en nuestro país. En España, por poner un ejemplo aunque habría muchos datos tanto cuantitativos como cualitativos, más de 7 millones de españoles tienen un seguro privado de salud, frente a los cerca de 3,5 millones de británicos con pólizas privadas, habiendo 20 millones de habitantes más (según datos de la OCDE, el gasto sanitario privado en España supuso el 28,29% del gasto sanitario total, frente al 16,03% del Reino Unido), esto hace que el NHS no se vea descargado en la misma proporción que nuestro SNS por la iniciativa privada, lo cual agrava sin duda los problemas derivados de una demanda creciente e incesante que se traduce en listas de espera ingentes y retrasos en general.

Gran Bretaña no es España ni para lo bueno, ni para lo malo y quien aprovecha cualquier resquicio para intentar medrar en el sector privado solo tiene que fijarse en que cada vez hay más médicos que se van al sector privado y lo más importante, cada vez hay más ciudadanos que eligen el sistema privado como suplemento, complemento o alternativa en lo que puedan al sector público, todos ellos nos avalan.

No se puede medir el todo por la parte y no es bueno aprovechar cualquier opinión basada en experiencias personales para tratar de desacreditar a todo un sistema que envuelve a 236.567 profesionales cualificados, de los que 53.790 son médicos, y a 7,27 millones de ciudadanos que deciden en nuestro país tener un doble aseguramiento (más los dos millones de funcionarios de la administración central que año tras año eligen la sanidad privada como medio de provisión de salud). 

Por cierto, a quienes lo deseen y especialmente a los que nos critican, cuando estimen oportuno, les podemos mostrar los medios y cómo funcionan algunos hospitales privados de nuestro país, los cuales, por cierto, nunca han tenido intención de conocer en profundidad.

Juan Abarca Cidón
Secretario General del IDIS.