19 nov 2018 | Actualizado: 18:10
Vie 22 marzo. 01.38H

 

El Consejo Interterritorial de ayer dio un gran paso, que algunos responsables calificaron de histórico, en una de las principales funciones para las que fue concebido: coordinar las políticas de los servicios autonómicos de salud y fijar y establecer líneas de actuación comunes a todo el Sistema Nacional de Salud. El logro, no tan usual como sería conveniente, fue sin embargo estrictamente político y no contó con el necesario respaldo científico. Y ciertamente, un plan unificado de vacunas sin el apoyo de los pediatras ni el de los preventivistas es menos plan y mucho menos logro.

El calendario vacunal único ha sido una reclamación largamente planteada por los expertos en la materia, preocupados por las notables diferencias que se constataban entre las políticas aplicadas por las distintas autonomías. Pero cuando por fin el acuerdo político era posible, con un consenso impensable en momentos de tanta crispación como el actual, resulta que falla una bendición fundamental: la de los clínicos.

El posicionamiento público de la Asociación Española de Pediatría, de la Asociación Española de Vacunología y de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene no deja lugar a dudas y es tan categórico que los responsables políticos no debieran perderlo de vista. Su rechazo es rotundo a un calendario demasiado básico, demasiado mínimo, si se permite el juego de palabras, que no hace otra cosa que subrayar el riesgo de un plan del que se caen vacunas que, allí donde se estaban aplicando, estaban siendo efectivas.

Las críticas científicas no fueron bien encajadas por el consejero Echániz que al llegar a la reunión lanzó un ataque demasiado directo a las sociedades mencionadas, poniendo en tela de juicio sus argumentos por los intereses comerciales que se derivarían de sus relaciones con la industria farmacéutica. Evidente error que el propio Echániz subsanó de inmediato apoyándose en una nota en la que mostró su respeto por los médicos. Así debe ser.

Sobre el documento aprobado ayer es posible recuperar el respaldo científico porque los médicos no están en contra de una calendario único, todo lo contrario. Lo que sí quieren es que esa unificación no provoque la retirada de algunas vacunas que sí se venían aplicando en algunas autonomías con indudables efectos positivos.

El Ministerio no comparte que el nuevo calendario implique la disminución de vacunas. Sin embargo, hay autonomías como Cataluña y País Vasco que, aun partidarias del documento común, mantendrán algunas especificidades del plan que venían ejecutando en su territorio. Y claro que lo pueden hacer, porque la competencia en las vacunas también es autonómica.

Ojalá que el acuerdo político alcanzado ayer no renuncie a tener el visto bueno de nuestros profesionales. Entonces sí que estaríamos ante un logro histórico.