Asesora de Apepoc
Dom 09 agosto de 2020. 10.20H
¿Mente sana?
No cabe duda que estamos sumergidos nuevamente en una situación difícil. Con más de 250 rebrotes activos, España ocupa uno de los primeros posición del ranking de contagiados con el coronavirus SARS-CoV-2.

En cambio, España está a la cola de Europa, tanto en número de test PCR realizados por caso detectado, como en volumen de rastreadores para vigilar a los contagiados y a su círculo más cercano. El informe de la Universidad de Oxford (https://ourworldindata.org/ ) señala que en España se realizan 38 pruebas PCR por caso detectado, mientras los países europeos tienen una media de 161 test por cada nuevo caso registrado. Es decir, España hace un 77 por ciento menos de pruebas que la media europea.

En cuanto al numero de rastreadores no vamos mejor. Partiendo de una ratio necesaria de un vigilante por cada 5.000 habitantes, en España doce CCAA incumplen con esta cifra óptima de rastreadores.

Según los datos de la Red Nacional de Vigilancia de Salud Pública (Renave) del Instituto Carlos III, once de las CCAA solo son capaces de identificar cuatro o menos contactos por cada caso de contagio detectado.

Por todo ello, un grupo de prestigiosos científicos e investigadores españoles ha solicitado una evaluación independiente e imparcial” sobre la gestión del coronavirus en España, según una carta que publican en la revista The Lancet.


¿Cómo se puede pedir una corresponsabilidad si no hay transparencia, implicación, información entendible y empatía?


La carta hace referencia a “una falta de preparación para una pandemia (es decir, sistemas de vigilancia débiles, baja capacidad para las pruebas de PCR y escasez de equipo de protección personal y equipo de cuidados críticos), una reacción tardía de las autoridades centrales y regionales, procesos lentos de toma de decisiones, alta niveles de movilidad y migración de la población, escasa coordinación entre las autoridades centrales y regionales, escasa dependencia del asesoramiento científico, envejecimiento de la población,
grupos vulnerables que experimentan desigualdades sociales y de salud y falta de preparación en los hogares de ancianos.”

A todo ello se suma la falta de implicación de los diferentes grupos de interés que se hace cada vez más visible… un grupo de expertos inexistente… una Comisión para la Reconstrucción del Congreso de los Diputados sin representación de pacientes y familiares…sic.

Mientras tanto, se nombra a los jóvenes como culpables de los nuevos contagios por su falta de corresponsabilidad y prudencia….sic

Me pregunto, ¿cómo se puede pedir una corresponsabilidad si no hay transparencia, implicación, información entendible y empatía con la sociedad civil?

Según el Informe nº 36. Situación de Covid-19 en España, de la Red Nacional de Vigilancia de Salud Pública, el ámbito más frecuente de exposición se da en el entorno del domicilio (25 por ciento). La mayor proporción de casos de Covid- 19 se producen en el grupo de 15 a 59 años (69 por ciento del total).

También sabemos que muchos rebrotes han surgido por reuniones familiares u otras aglomeraciones multitudinarias, fiestas, botellones, etc. ¿No es este un argumento más que convincente para buscar la cercanía y la comprensión con la ciudadanía? ¿No debería el Ministerio de Sanidad, conjuntamente con el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes), desarrollar una “estrategia de corresponsabilidad” que incluya a TODOS los agentes sociales?

Me refiero a una interacción directa, a través de una comunicación fluida y eficaz, fomentando iniciativas que garanticen la participación activa y efectiva de los ciudadanos, devolviéndoles el protagonismo, corresponsabilizándoles de su salud e implicándoles de forma colectiva en un proceso que es de todos.

Pero, es “complicado pedir a la ciudadanía mayor corresponsabilidad en el Sistema Sanitario si antes no hemos mejorado los canales de comunicación y participación de forma que el ciudadano viva el sistema como algo suyo”, nos recuerda la Sociedad Española de Atención al Usuario de la Sanidad (Seaus).

En definitiva…¡la culpa no es del chachachá!