18 nov 2018 | Actualizado: 19:00
Por Juan Abarca Cidón, director general de HM Hospitales y secretario general del IDIS.
Mar 10 junio. 00.11H
Vivimos tiempos de cambio en el sector sanitario, tanto en lo público como en lo privado. Estamos de acuerdo en que debe producirse una transformación sanitaria que se asiente en tres elementos: innovación en el modelo, innovación tecnológica e innovación social. Con ello, se persigue garantizar una asistencia sanitaria de calidad, que cuanto menos tiene que ser equitativa en el acceso, en los resultados en salud y, sobre todo, tiene que ser justa.

La Justicia debe empezar siempre por los que más necesidades tienen, que hablando de la asistencia sanitaria, de los sistemas de protección social en general, se refiere en primer lugar a los niños y los ancianos. Y la verdad es que la realidad de nuestro sistema actual deja desamparados a nuestros mayores, por la falta de financiación de la dependencia y del sector sociosanitario y a  los niños con trastornos hereditarios, los cuales tienen graves dificultades para poder obtener la cobertura suficiente a todas sus demandas sanitarias.

De esto sabe mucho, y hace mucho más para remediarlo, Jesus Ignacio Meco, presidente de la Asociación Castellano-Manchega de Errores Innatos del Metabolismo (Acmeim), cuyos esfuerzos en forma de iniciativas de toda índole tratan de llamar la atención a fin de conseguir que estos niños vean cubiertas sus necesidades para poder adaptarse a sus circunstancias y tratar no sólo de sobrevivir sino de desarrollarse como adultos sanos. Necesidades que no sólo suponen tener una asistencia sanitaria de calidad, sino que de manera indefectible se asocian a necesidades de carácter social que pasan por cuestiones tan básicas como poder garantizarles la alimentación o los cuidados domiciliarios adecuados.

Pero no sólo hacen falta reformas en los límites de la cobertura del sistema sanitario para poder garantizar que la demanda de estos niños es cubierta satisfactoriamente, sino que es preciso reordenar los recursos de nuestro sistema a fin de que la atención, en este caso, se preste de la forma más eficiente posible en función de los mejores resultados en salud.

No es nuevo el decir que para poder dar la mejor asistencia sanitaria es preciso acumular el mayor número de pacientes a fin de tener la masa crítica posible como para poder tener sinergias en las inversiones necesarias y poder tener la experiencia suficiente como para no errar en los diagnósticos y en los enfoques terapéuticos. Y en el contexto en el que se mueve nuestro sistema sanitario, con una parte pública de cobertura universal y una parte privada que actualmente actúa más como suplemento que como complemento de la primera gracias a sus casi 10 millones de usuarios habituales, parece obvio el que el que funcionen de manera coordinada e integrada más que ser una opción debería de ser una obligación. Obligación que se torna necesaria, desde el punto de vista práctico, a fin de poder canalizar y reconducir a todos los niños que nacen con estas patologías, ya sean en el sistema sanitario público o en el privado, hacia aquellos centros que puedan cubrir las necesidades sanitarias que tienen de manera suficiente, de manera óptima, según ordena nuestra legislación y según debería demandar nuestra conciencia. Por una cuestión de justicia social.

La sociedad española tiene que tomar conciencia y movilizarse para construir una atención sociosanitaria que ofrezca a todos los ciudadanos el valor que demandan. El progreso social pasa por una sociedad responsablemente activa, a la búsqueda de reformas de suma no cero, que garanticen el progreso y de la justicia. Mientras tanto, mientras se producen los cambios que prioricen la atención sobre los más débiles y consigamos que se integren todos los recursos sanitarios de nuestro país para poder dar la mejor cobertura sanitaria posible, sólo nos queda poder agarrarnos a personas como Jesús Ignacio Meco y su asociación de niños con errores innatos en el metabolismo para poder hacer posible lo que nuestro conciencia nos dicta.

Este artículo también está firmado por Julio Mayol, profesor de Cirugía y director de la Unidad de Innovación del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid