21 nov 2018 | Actualizado: 21:20
Por Javier Leo, redactor jefe de Redacción Médica
Dom 20 diciembre. 12.14H
Disgusto, casi personal, cuando escuché al presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), José Luis Llisterri, decir que la unión de las tres sociedades nacionales de Familia era “inviable”. No me entra en la cabeza. Por más veces que pregunte el por qué, ninguna respuesta me deja satisfecho. Porque no lo entiendo. No comprendo, desde que empecé a seguir la información de la Primaria española, cómo en este país los médicos de Familia no claman por una voz única que les represente.

Que no la haya no es culpa de Llisterri, ni de Josep Basora (presidente de Semfyc), ni de Antonio Fernández (su homólogo en SEMG); creo que es culpa de quien susurra a sus oídos. De quién les dice: ‘uf, eso es muy complicado, mejor seguir como estamos’, o ‘esos de Semfyc (o de Semergen, o de SEMG) no son trigo limpio y nos van a comer el terreno para mandar ellos’. Cito esas dos frases ficticias porque durante los últimos cinco años he preguntado no pocas veces el porqué de esa fobia a la unión, y nadie me ha dado una respuesta convincente. Subrayo: nadie. Supongo que porque los argumentos que hay detrás no son dignos de ser dichos en voz alta.

Buscando la empatía con los detractores de esa fusión solo encuentro peros importantes en lo económico. Los que suponen reducir de tres a uno un congreso nacional, una junta directiva, unos grupos de trabajo por área, una sociedad por comunidad autónoma, etc. Todo eso conlleva meter en un mismo saco los ingresos de tres, lo cual conllevaría, irremediablemente, a que ni el saco ni los ingresos sean el triple de lo que genera cada uno por separado. Menos para repartir.

Otra: ¿que cada sociedad representa las sensibilidades de un colectivo y con la fusión quedarían diluidos? Rurales, urbanos, jóvenes, veteranos, investigadores… Vista la evolución de las tres sociedades durante los últimos años y las numerosas citas a “todos somos médicos de Familia y lo único que nos debe diferenciar es nuestra experiencia”, creo que ese es un argumento del pasado. Iba a citar una tercera pata contra el ‘unionismo’ en AP, pero no se me ocurren muchos más contras que no sean rencillas personales o intereses particulares por mantener un estatus u otro.

Para explicar las ventajas necesitaría otra tribuna, pero las puedo resumir: una voz fuerte, que negocie directamente con la Administración; con liderazgo suficiente para movilizar al colectivo si no logra resultados en las mesa de negociación; que vele por la equidad; luche por un presupuesto digno y tenga a su alrededor un equipo que defienda su hoja de ruta en los diecisiete sistema sanitarios.

Ojalá pasara en la Primaria algo similar a lo que ha pasado con los independentistas en Cataluña, pero a favor de la unión y no de la ruptura. Que hubiera una movilización en la que el ‘unionismo’ se triplicara en unos años. Un Junts Pel Sí; pel sí a una sociedad única de AP, claro. Que el 12 de abril (Día Nacional de la AP) los miles de médicos de Familia españoles salieran a la calle con una gran bandera que declarara la unión frente al ‘tripartidismo’ que representa la división de las sociedades científicas. Y que hubiera un líder (un némesis de Artur Mas, libre de delirios) que encabezara el proceso y lo llevara a buen puerto. Citando a un gigante (Nelson Mandela): “todo parece imposible hasta que se hace”.