19 nov 2018 | Actualizado: 10:30
Lun 11 febrero. 00.42H

 

La pacífica rutina de la Organización Médica Colegial (OMC) se ha visto alterada en los últimos días, seguramente por el final del plazo para presentar candidaturas a la presidencia de la corporación. Cuando suenan trompetas electorales en la sede colegial, crecen exponencialmente las posibilidades de que la OMC sea noticia por cualquier cosa menos por la defensa de los intereses del médico. Y claro, la organización se resiente, y su ya lastimado prestigio vuelve a declinar una vez más.

Esta vez tampoco ha sido la excepción y eso que todo parecía atado y bien atado por y para el presidente Rodríguez Sendín, el gran pacificador de la corporación que, en realidad, se está convirtiendo poco menos que en su sedante: de las tretas y conspiraciones de antaño se ha pasado a una suerte de consenso aparente y perpetuo, no sólo en la OMC, sino en toda la profesión médica, por el efecto del Foro. Es posible que los colegios necesiten dar una imagen de unidad, aunque es más dudoso saber si esta es la mejor opción para promover el necesario debate y contraste de ideas en una institución de decisiones, necesariamente y nunca mejor dicho, colegiadas.

Casi sobre la campana, irrumpía en escena Tomás Toranzo, viejo conocido del sindicalismo profesional, que tras unos últimos años enfrascado en una lucha casi personal por lograr la especialidad de urgencias y de asomarse a los aledaños de la corporación desde la Vicepresidencia de Zamora, decidía medirse a Rodríguez Sendín. Su anuncio no vino solo: en su candidatura venía incorporado el apoyo de la CESM. Y esta circunstancia sí cayó como un terremoto en la profesión.

Suponía que la CESM de Francisco Miralles decidía jugar fuerte y oficialmente por desbancar a Rodríguez Sendín. Ese proceso discreto pero sostenido que está llevando a algunos sindicalistas a presidir colegios provinciales –muy parecido al que está movilizando, en el mismo sentido, a la atención primaria- parecía cobrar definitiva realidad con la pieza más apetecible: la Presidencia del Consejo General de Médicos.

Sin embargo, todo se quedó en una conjetura. Y lo que apareció fue un clamoroso paso en falso, por no hablar claramente de patinazo, del candidato por un día Toranzo, que midió mal sus fuerzas y tuvo que desdecirse, en una decisión extraña, no suficientemente explicada y que otra vez más siembra de dudas los procesos electorales en la OMC, marcados casi siempre por voluntades y estrategias ajenas al natural designio del voto individual.

El suceso gana en extrañeza cuando el no candidato Toranzo se presenta en la Asamblea del sábado y obtiene el respaldo de la mayoría a que los colegios defiendan la especialidad de urgencias en el desarrollo normativo de la troncalidad. Este apoyo no parece contar con el visto bueno de la Comisión Permanente, con lo que parecería un éxito personal de Toranzo que algunos han interpretado como la auténtica razón por la que presentó su candidatura, para trocar su retirada por el respaldo al que es su gran apuesta profesional en los últimos tiempos.

Finalmente, no menos extraña es la posición de la corporación respecto al documento Profesión médica y reforma sanitaria, presentado al presidente gallego, Núñez Feijóo, como posición oficial de la OMC y ahora despojado de tal condición. ¿Cómo es posible este ir y venir de un pronunciamiento tan importante? ¿Puede un documento oficial dejar de serlo? ¿Acaso lo fue indebidamente al principio? ¿Qué fue entonces lo que recibió Núñez Feijóo y otros dos presidentes autonómicos? ¿Un borrador, una propuesta? Y, por último, ¿qué es eso de un documento de autor? No es de recibo lo que ha hecho en este asunto la OMC y dice muy poco de su seriedad institucional, por no hablar de su capacidad de interlocución, seriamente dañada con fallos como este.

Días extraños para recibir un nuevo mandato de Rodríguez Sendín, que seguirá teniendo como objetivo el que la OMC deje de recopilar renuncios, algo que últimamente se había espaciado gracias a la labor del presidente, pero que aún está lejos de ser erradicado.