Hacer de nuevo la prueba puede deberse a factores diversos y prepararse el examen teniéndolos en cuenta es positivo

Aspirantes en el examen MIR.


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El examen MIR es una prueba para la que los aspirantes tienen un proceso de preparación muy exigente por norma general. Pero aunque el estudio haya sido consistente, no siempre es una garantía de éxito, por lo que hay personas que se ven en la tesitura de tener que repetir el proceso al año siguiente, aunque no todos los casos son iguales. José Curbelo, médico internista y experto en MIR, ha detectado hasta tres supuestos por los que la gente se vuelve a presentar a la prueba.

“El primer gran grupo es el de personas que han sufrido durante su preparación previa un evento disruptivo grave: fallecimiento de un familiar, un problema de salud importante…”, explica el docente, que remarca que en ese contexto “la vida es más importante”, por lo que la preparación pasa a un segundo plano. En este caso, Curbelo afirma que a la hora de repetir el examen no cree que haya ningún problema adicional: “Lo más probable es que si esas cicatrices han sanado pues todo vaya bien y no debas preocuparte por hacer una preparación diferente a la previa”, estima.

Un grupo de repetidores “infradiagnosticado”


Otro factor a tener en cuenta es el emocional a la hora de enfrentarse a una prueba de este calibre. Curbelo advierte que el siguiente grupo de repetidores MIR, que se caracteriza porque son estas las que han influido en su desempeño, está “infradiagnosticado”. “Cuando hablamos de emociones nos sentimos muy fuertes y nos cuesta reconocer de que nos afectan, y por supuesto que nos afectan como a todos los demás”, estima el facultativo. Este conjunto de personas tiene en común que durante el examen sufrió una serie de estrés o ansiedad que hizo que tuviera un mal resultado, según puntualiza el experto. “Es difícil de reconocer a priori porque muchas veces tenemos amnesia de lo ocurrido en el examen, y más si fue un poco traumático”, sostiene.

Una forma de comprobar si esta ha sido la causa de que la prueba no haya salido todo lo bien que se esperaba es ver que en los últimos simulacros el aspirante estuviera en torno a las 100 netas, por ejemplo, y bajase el día del MIR de 20 a 30 netas. “Si tuviste un descenso de menos de 15 netas no me preocuparía, pero si es mayor de 15 especialmente mayor de 20, quizá las emociones te hayan jugado una mala pasada”, sospecha Curbelo.


Siguiendo el consejo del médico internista, reconocer la situación es importante a la hora de organizar un nuevo método de estudio de cara a la prueba: “A lo mejor no necesita basarse en aprender y memorizar muchísimo más, sino en identificar qué sucedió el día del examen, registrarlo bien, llevártelo a cada simulacro y así volver a revivirlo, enfrentarte a ello y corregirlo para no volver a pasarlo mal”. Incide en que “volver a la escena del crimen” es de utilidad, refiriéndose a coger el examen realizado y repetirlo intentando recordar qué es lo que pensaba el aspirante en cada una de las preguntas, “no para martirizarte, sino para ir anotando cuestiones que te fueron afectando, aprender de ellas y aplicarlas en todos los simulacros que hagas en tu nueva preparación”, enfatiza.

El tercer grupo de repetidores


Además de las situaciones graves y de las emociones en el momento de realizar la prueba, hay otras razones por las que los médicos pudieron tener una mala experiencia a la hora de realizar el MIR. Este es un gran grupo, según alude Curbelo, pero que, a diferencia de los dos anteriores, es de “exclusión”, ya que son aquellos que no han tenido ninguno de los supuestos previos. “Este grupo es sin duda el mayoritario y en este caso se basa en haber hecho una preparación que no permitió conquistar suficientes netas y, por tanto, uno se plantea repetir con idea de tener más tiempo para mejorar”, detalla el experto en la prueba.
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