Entre jornadas que se alargan, primeras guardias y adaptación intensa, tres MIR cuentan cómo es empezar la residencia

Pablo, Jesús y Lucía, estudiantes R1 en Dermatología, Medicina Familiar y Pediatría, respectivamente.


Mientras muchos preparan las maletas para irse de vacaciones, Pablo, Paula y Jesús se ponen por primera vez la bata blanca como médicos internos residentes (MIR). Han elegido Dermatología, Pediatría y Medicina Familiar y Comunitaria, respectivamente. Sus jornadas arrancan a las 8.00 horas y, sobre el papel, terminan a las 15.00, aunque la realidad suele alargarlas con el pase de planta, las consultas o la preparación del día siguiente. 

A ello se suman las guardias, que convierten esas primeras semanas en todo un auténtico periodo de adaptación. "Mi objetivo principal ahora mismo está siendo sobrevivir a las guardias y crear un hábito", resume Paula a Redacción Médica


Modo supervivencia activado


Más allá de las largas jornadas y el cansancio, los tres aseguran que lo más difícil es adaptarse a la intensidad y al ritmo de esta nueva etapa

"Es duro en el sentido de que hay que ir aprendiendo y que ya no es lo mismo que ser estudiante; tienes que manejarte con otras responsabilidades", reconoce Pablo, quien, como punto a favor, señala que ya no existe la presión de tener que sacar un resultado en un examen. 

Paula admite que todavía está buscando su propia rutina. "Está costando coger el hábito. Llegas muy cansada a casa y aún tienes que revisar cosas de la residencia", añade. Por eso, insiste en que ahora mismo su prioridad es sencilla: "Sobrevivir a las guardias y crear un hábito".


"Es duro en el sentido de que hay que ir aprendiendo y que ya no es lo mismo que ser estudiante"



"Voy con calma, observando y aprendiendo", asegura Jesús, que prefiere tomarse esta etapa con otra filosofía. Para él, asumir que no puede saberlo todo desde el primer día también forma parte del proceso de aprendizaje. "Hay muchas cosas que no sabes y está bien no saberlas; para eso estamos en una etapa formativa", afirma. 


La primera guardia


Pero si hay un momento que ninguno olvidará, es su primera guardia. Una de las que más lo recuerda es Paula. Aunque los R1 suelen estar acompañados por un residente mayor de su especialidad y otro de Medicina de Familia, ese día hubo un desajuste en el calendario de guardias y solo estaba el primero. 

"Desde primera hora de la tarde no dejaron de entrar niños. Además, estaba rotando en planta y todavía no conocía muy bien el funcionamiento; me sentía un poco perdida", recuerda.

Solo pudo dormir 40 minutos durante toda la guardia, que en su hospital dura 26 horas, a lo que se unieron los problemas de insomnio que sufre. "Menos mal que el residente mayor de Pediatría con el que estaba es un máquina y me sentí muy integrada", agradece. 


"Estaba rotando en planta y todavía no conocía muy bien el funcionamiento. Me sentía perdida"




La importancia de sentirse integrado en el equipo 


Si hay algo que los tres residentes destacan por encima de todo es el apoyo recibido desde el primer día. Residentes mayores, adjuntos, Enfermería y el resto del equipo han hecho que la adaptación sea mucho más sencilla de lo que esperaban. 

Una de las mayores preocupaciones para Jesús era encontrarse con un ambiente hostil, pero su experiencia ha sido justo la contraria. "He tenido mucha suerte con el ambiente de trabajo", relata. Tanto en el hospital como en el centro de salud destaca que ese buen clima "facilita muchísimo la adaptación" en una etapa especialmente exigente. 

Paula y Pablo también ponen en valor esa acogida. "Los residentes te acogen porque hace poco estaban en tu misma situación", señala la futura pediatra. Esa cercanía le ha permitido perder parte del miedo de los primeros días, aunque reconoce seguir teniendo algo de respeto a los residentes mayores. 


El verano, una buena época para aprender


Aunque pueda parecer todo lo contrario, los tres coinciden en que el verano tiene muchas ventajas. En su caso, Pablo asegura que la estación no condiciona la formación. 

"No creo que el verano cambie el aprendizaje", afirma, aunque reconoce que en determinadas áreas, especialmente en zonas más turísticas, puede aumentar la presión asistencial. Aun así, asegura que las agendas ya están adaptadas y se siente muy cómodo trabajando. 

En Pediatría, Paula cree que empezar ahora facilita la adaptación. "El verano permite un aprendizaje gradual antes del invierno, cuando aumenta considerablemente la demanda asistencial", destaca. 


"No creo que el verano cambie el aprendizaje" 



Los tres aprovechan los huecos entre consulta y consulta para repasar casos, material clínico y aprender de cada paciente y de cada patología que van viendo. Y, en el caso de Pablo, esa vocación formativa va más allá del hospital: “Me gusta mucho la docencia y trabajar con alumnos”, explica, y también divulga en redes sociales.


Mantener la vida social fuera del hospital 



Pero tras una jornada laboral dura llega otro reto: encontrar tiempo para uno mismo. Aunque reconocen que el cansancio es inevitable, los tres intentan reservar un espacio para desconectar. "Nunca se debe dejar la vida de lado", afirma Pablo, que intenta seguir practicando atletismo y ciclismo, quedar con sus amigos o disfrutar del fútbol cuando el trabajo se lo permite.

El deporte, la escalada, la guitarra o escribir ayudan a desconectar a Jesús, quien considera imprescindible mantener aficiones fuera del hospital. "Nunca voy a anteponer el trabajo a mi bienestar; antes que médico soy persona", subraya. 

A Paula, por el contrario, no le está resultando tarea fácil, pero está en la búsqueda de ese equilibrio. Intenta mantener el contacto con sus amigas, muchas de ellas también residentes, para apoyarse mutuamente en esta nueva etapa. 


"Nunca voy a anteponer el trabajo a mi bienestar, antes que médico soy persona"




Consejos para los próximos MIR


Hace apenas unos meses, los tres aprobaron el examen MIR y todavía recuerdan perfectamente cómo vivieron el anterior verano de estudio. Por eso, aprovechan para lanzar un mensaje a quienes ahora empiezan ese mismo camino.

Pablo anima a pensar más allá del número de orden. "Hay que elegir una especialidad que te haga feliz", defiende el futuro dermatólogo, quien recuerda que existen muchas formas de ejercer la Medicina.

Paula, por su parte, pide confiar en el método de preparación. "Hay que confiar en el proceso" y centrarse en "lo más frecuente", sin caer en la obsesión por querer abarcarlo todo.

Pero sin olvidar el bienestar personal como la piedra angular del éxito. "El valor de una persona no depende de una nota", recuerda Jesús, que también insiste en la importancia de priorizar y no renunciar a la vida fuera del trabajo. 
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