Representantes médicos suecos analizan un modelo de éxito asistencial que guarda debilidades estructurales

Andreas Stomby, presidente de la Asociación Sueca de Medicina de Familia; e Ylva Sandström, presidenta de la Asociación Sueca de Médicos de Familia
Andreas Stomby, presidente de la Asociación Sueca de Medicina de Familia; e Ylva Sandström, presidenta de la Asociación Sueca de Médicos de Familia.


La consulta del médico de Familia no dura lo mismo en toda Europa. En España, el tiempo medio se mueve entre los 7 y los 10 minutos; en Países Bajos, en torno a 9,8; y en Suecia alcanza los 22,5 minutos. Así lo recoge un estudio publicado en The Lancet Primary Care, del que ya informó Redacción Médica, sobre la crisis de la Medicina de Atención Primaria en Europa, que vincula la duración de las consultas con la satisfacción profesional y advierte de que los tiempos más cortos pueden limitar una atención integral, centrada en el paciente, y aumentar la presión percibida por los facultativos.

La cifra sueca llama especialmente la atención desde la realidad española, marcada por agendas comprimidas y consultas de pocos minutos. Sin embargo, los propios médicos de Primaria suecos piden interpretar el dato con cautela. Suecia tiene consultas más largas, sí, pero también menos visitas médicas por habitante, problemas de accesibilidad, déficit de profesionales, mucha burocracia y una parte relevante del trabajo médico que no aparece reflejada en las estadísticas tradicionales.

Ylva Sandström, presidenta de la Asociación Sueca de Médicos de Familia, integrada en la Asociación Médica de Suecia, explica a Redacción Médica que “es importante interpretar las cifras con cierta cautela”. La duración media de la consulta en Suecia es relativamente larga, pero el país registra menos visitas médicas por habitante que otros sistemas europeos. “La visión de conjunto se pierde a menudo en este tipo de comparaciones”, sostiene.

La diferencia, según detalla, no está solo en cuánto dura cada cita, sino en cuántas citas tiene cada paciente. Mientras que un paciente en Alemania puede tener alrededor de diez visitas cortas de Atención Primaria al año, los pacientes suecos acuden menos veces, aunque cada consulta sea más larga. Por eso, Sandström subraya que el tiempo total dedicado por paciente puede acabar siendo más comparable entre países de lo que sugiere la duración aislada de cada visita.

La financiación es una de las claves. En Suecia, los centros de Atención Primaria no cobran principalmente por cada consulta realizada, sino por los pacientes que tienen asignados y por su complejidad. Eso hace que el sistema no premie tanto hacer muchas visitas cortas, sino dedicar más tiempo a cada paciente. Es una diferencia importante respecto a otros países europeos citados por Sandström, como Alemania, Países Bajos o Reino Unido, donde existen más incentivos ligados a la actividad.

Andreas Stomby, presidente de la Asociación Sueca de Medicina de Familia, coincide en señalar la financiación como una de las principales claves. Los centros de Atención Primaria suecos, tanto públicos como privados, se financian mediante capitación: una cantidad fija en función del tamaño del cupo y de la carga de enfermedad de los pacientes, medida mediante códigos ACG (una forma de clasificar a los pacientes según su carga de enfermedad y complejidad asistencial). “Este sistema no estimula muchas visitas cortas, sino visitas más largas y de mayor calidad”, resume.

La comparación con los proveedores digitales permite ver el efecto contrario. Stomby explica que en Suecia existe un sistema de financiación diferente para los proveedores nacionales de Atención Primaria exclusivamente digital, que cobran por visita. En ese entorno, señala, las compañías tienden hacia consultas “muchas, cortas y regulares”. Pone como ejemplo el manejo de la hipertensión: en vez de prescribir antihipertensivos durante un año y pedir al paciente que controle su tensión y contacte si no alcanza el objetivo, estos proveedores pueden programar contactos mensuales.

La segunda clave está en la organización de la Atención Primaria. Sandström destaca que el primer nivel asistencial sueco tiene un encargo más amplio que en otros países. Parte de la investigación diagnóstica y del tratamiento se realiza directamente en Atención Primaria, incluso en ámbitos que en otros sistemas pueden recaer más en la atención hospitalaria. Esto exige más tiempo clínico por paciente, pero también otorga al médico de familia un papel más amplio en la resolución de problemas.


"La financiación por capitación estimula visitas más largas y de mayor calidad"



A ello se suma otro factor práctico: las recetas suelen tener validez de hasta un año. Esa duración reduce la necesidad de visitas frecuentes de seguimiento para renovar tratamientos, algo que contribuye a que haya menos contactos presenciales repetidos. Pero Sandström advierte de que esta menor frecuencia no implica menos carga de trabajo. En Suecia, la redacción de certificados vinculados a situaciones de enfermedad consume mucho tiempo, porque el amplio sistema de seguro social impone altas exigencias al médico general.

Stomby añade un componente cultural y clínico: la toma de decisiones compartida. A su juicio, en Suecia se da mucha importancia a que el médico escuche al paciente, entienda sus pensamientos, creencias y propuestas, y después explique por qué una medida debe o no debe adoptarse. Esa forma de relación clínica requiere tiempo. “Eso sería imposible con menos tiempo”, señala.

En la práctica, no todas las consultas suecas duran lo mismo. Stomby explica que una cita corta para un problema no complicado, como infecciones, lesiones cutáneas o traumatismos leves, puede durar unos 15 minutos. Una consulta ordinaria suele situarse entre 20 y 30 minutos. En algunos casos, el tiempo puede llegar incluso a 45 minutos.

Sandström considera que esa duración media es, en muchos casos, una condición necesaria para ofrecer una atención buena y segura, especialmente por la amplitud de funciones que asume la Atención Primaria sueca. Las consultas más cortas, advierte, harían muy difícil atender adecuadamente a pacientes complejos, como personas con multimorbilidad, edad avanzada o necesidades sociales.

Pero incluso 20 o 25 minutos pueden quedarse cortos. Sandström recuerda que los casos más complejos requieren a menudo consultas más largas y más seguimientos. Además, como los pacientes suecos tienen menos visitas en conjunto, la presión de tiempo puede seguir siendo elevada. La falta de médicos hace que no todos los pacientes reciban siempre el tiempo que realmente necesitan, lo que se traduce en problemas de accesibilidad y falta de continuidad.

El impacto de la duración de la consulta no se limita al paciente. También afecta al entorno laboral de los médicos. Sandström sostiene que los tiempos cortos reducen la atención centrada en la persona, porque no dejan espacio para escuchar la situación completa del paciente. Cuando eso ocurre, la asistencia corre el riesgo de volverse más fragmentada, menos eficiente y menos individualizada.

Las consultas más largas, en cambio, ofrecen mejores condiciones para hacer valoraciones médicas completas, una competencia central de la Medicina General, y pueden aumentar la satisfacción profesional. Sin embargo, Sandström matiza que ese efecto positivo puede verse contrarrestado por la elevada carga de trabajo, la escasez de médicos y los problemas estructurales que arrastra la Atención Primaria sueca. Todo ello acaba afectando tanto a la contratación como a la capacidad de retener médicos generales.

La Atención Primaria sueca también tiene problemas


Por eso, Suecia no puede presentarse simplemente como un espejo perfecto para otros países. Sandström es clara: la Atención Primaria sueca está actualmente “muy infradotada y con falta de financiación”. Esa situación genera importantes problemas de entorno laboral y contribuye a que muchos médicos abandonen o descarten trabajar en Atención Primaria. “No puedo describir la Atención Primaria sueca como un ‘modelo’ que otros países deban intentar emular sin más”, advierte.

El gran dilema es cómo mantener consultas largas sin deteriorar el acceso. Sandström reconoce que la Atención Primaria sueca tiene problemas de accesibilidad: algunos pacientes esperan mucho tiempo o son derivados a otros recursos, como los servicios de urgencias. El sistema intenta compensarlo mediante un uso amplio de otros perfiles profesionales, como enfermeras, fisioterapeutas y, con frecuencia, psicólogos.

En muchos casos, esa derivación a otros profesionales se produce porque es lo clínicamente más adecuado. Pero Sandström admite que a veces también ocurre porque el médico no tiene tiempo. En Suecia se han desplazado a Enfermería controles rutinarios y actuaciones simples, como vacunaciones o revisiones relacionadas con el embarazo.

Para Sandström, la accesibilidad debe mejorar, y eso pasa por contar con más especialistas en Medicina General. También defiende que el triaje y la evaluación médica deben mantenerse en Atención Primaria, de forma que los pacientes con mayores necesidades tengan prioridad. Aun así, introduce un matiz relevante: los recursos de la sociedad y del sistema sanitario son finitos, por lo que no considera deseable eliminar por completo los tiempos de espera en la asistencia sanitaria.

Otra parte del modelo sueco queda fuera de las estadísticas habituales. Sandström insiste en que mucho contacto con los pacientes no se produce en visitas tradicionales, sino por teléfono, canales digitales o comunicación escrita. Estos contactos consumen una cantidad significativa de tiempo de trabajo, pero no siempre se incorporan a las estadísticas de duración de consulta. Por eso, la accesibilidad real y la carga efectiva de los médicos suecos pueden estar infravaloradas.

Stomby apunta en la misma dirección cuando habla de la carga administrativa. Según explica, Suecia soporta una burocracia elevada y los sistemas de historia clínica electrónica no siempre ayudan. Pese a grandes procesos de compra de nuevas herramientas digitales, sostiene que funcionan mal y consumen mucho tiempo, incluso más que los sistemas anteriores. Esa ineficiencia obliga a reservar más tiempo para tareas administrativas entre pacientes.
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