Guadalupe Cortés, Joan López y María García.
La cuenta atrás ha terminado para los 9.278 profesionales que este 5 de junio iniciaron su formación como especialistas en el
Sistema Nacional de Salud (SNS). “Es lo que llevamos soñando desde que entramos en la carrera”, responden varios de ellos a este periódico, que ha hablado con cuatro
Médicos Internos Residentes (MIR) para conocer cómo vivieron los días previos al inicio de esta nueva etapa. La ilusión, los nervios y el miedo a no dar la talla se repiten en todas las respuestas. “Estamos todos un poco igual”, resume
Joan López, R1 de
Cirugía General en el Hospital Universitario Mútua Terrassa.
Él decidió estudiar un año más para poder
coger plaza en la especialidad que quería. “He estado dos años muy centrado en llegar al examen y ahora que tengo mi plaza en lo que yo quería de repente
tengo que hacer muchísimas gestiones que había dejado pospuestas”, cuenta. En su caso, más allá de la parte burocráica, ha aprovechado el
post-MIR para disfrutar. Aunque confiesa que también ha sido un tiempo de incertidumbre y, aunque no ha sido plenamente consciente, también de mucho contraste. “Han sido meses sin ninguna información, que pasaban súper lento, y ahora de repente, hace dos semanas que escogí y ya voy a empezar a trabajar”, cuenta. Él no ha tenido que cambiarse de ciudad, pero
Pablo Goñi, R1 de Cirugía Cardiovascular en el Hospital de Valdecilla, sí.
Cómo enfrentar una mudanza después del MIR
Goñi también
repitió el examen MIR para poder acceder a
Cirugía Cardiovascular. Los meses siguientes a la prueba los pasó trabajando en la hostelería y, ahora, con la plaza ya en sus manos, señala la mudanza como una de las partes más difíciles del proceso. “Ha sido sinceramente de lo más complicado”, confiesa. “Yo estaba viviendo en Navarra y ahora me tenía que venir a Santander. Para mí, lo peor del
calendario de elección de plazas es que desde el momento en que nos dan la nota hasta que elegimos pasa muchísimo tiempo. En cambio, una vez que eliges,
nos dan muy poco margen para organizarnos y buscar piso. Hay gente que está eligiendo hasta el 27 de mayo y empezamos el 5 de junio, así que prácticamente no hay tiempo”, añade.
Guadalupe Cortés, R1 de
Medicina Intensiva en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, también pasó por este trámite. En su caso, el cambio fue de Castilla-La Mancha a Sevilla. “De cara a buscar piso, tal y como está ahora la situación de la vivienda, ha sido complicado encontrar uno. Por suerte, al final lo hemos conseguido. La mudanza, bueno. Al final he tenido que hacer todo el traslado de mi casa prácticamente en un día, así que ha sido un poco caótico”, relata.
María García, R1 de Neumología en el Hospital General de Valencia, no ha tenido que mudarse de ciudad, aunque los días previos al inicio de la residencia sí que los ha dedicado a cambiar de piso. A igual que el resto, en las últimas se ha ocupado de labores burocráticas, de visitar el hospital y de conocer a sus futuros compañeros. “Ahora mismo estoy al 50 -50. Por un lado,
tengo muchas ganas de empezar y sé que voy a estar bien porque ya he conocido a la gente con la que voy a trabajar. Pero, por otro, también
siento cierta ansiedad ante la idea de llegar el primer día y tener la sensación de que no sé nada”, cuenta.
Pablo Goñi comparte esta sensación, pero trata de racionalizarla. “No creo que de los nuevos residentes que entramos se espere una barbaridad. Al final, en el servicio ya saben que
llegamos con poca experiencia. Una cosa es estudiar la carrera y preparar el
MIR, y otra muy distinta empezar a trabajar en la práctica clínica. Está claro que está ese miedo a no estar a la altura, pero, por mi parte,
tengo muchísimas ganas de empezar”, añade.
¿Quieren cambiar las nuevas generaciones el SNS durante la residencia?
Buena actitud y disposición para aprender, eso es lo que se espera de los residentes de primer año. Con todo, la forma de entender el trabajo ha cambiado mucho con respecto a hace unas décadas. Ya no todo vale por la vocación y cada vez se quieren
marcar más los límites en la conciliación.
En su caso, Goñi explica que ha elegido una especialidad que no le va a permitir tener demasido tiempo libre. "Tanto mi vida social como mi vida personal van a quedar
bastante condicionadas por el hospital. Pero creo que, hasta que no empiece a trabajar, no seré realmente consciente de lo que eso implica. Sinceramente, espero llevarlo lo mejor posible. Al final, estoy sacrificando una parte de mi vida durante cinco años, pero por algo que, en mi caso,
es una verdadera vocación”, cuenta.
En la misma línea, Guadalupe Cortés sabe que ha elegido una especialidad con horarios exigentes. Sin embargo, quiere encontrar el equilibrio. “Para mí es importante.
Quiero que cuando se acabe la guardia se ponga punto y final al trabajo. Hay que disfrutar de la vida”. “Descansar también es importante porque, si no lo haces, el cansancio se va acumulando. Somos muy jóvenes como para empezar ya a acumular estrés y
sufrir burnout. Soy consciente de que tendré que dedicarle tiempo extra, como ocurre en cualquier otro trabajo, pero intentaré priorizar el descanso y aprovechar las posguardias para recuperarme y respetar, en la medida de lo posible,
mis horas de descanso”, añade Joan López.
Los cuatro coinciden en que el
Sistema Nacional de Salud tiene aún muchas cuentas pendientes. Las condiciones laborales son una de ellas. Así, para encontrar ese equilibrio, los residentes coinciden en la necesidad de luchar por la
eliminación de las guardias de 24 horas y de mejorar la situación de los MIR. “Entiendo que tenga que haber personas trabajando todo el día en el hospital, por supuesto que eso es necesario, pero creo que hay formas y formas de hacerlo; sobre todo y principalmente para los
pacientes, que son los principales afectados”, reflexiona Guadalupe Cortés.
“Hay muchas cosas que tienen que cambiar. Yo intentaré asociarme porque creo que es importante que parte de nuestro día a día también se destine a
luchar por mejorar nuestras condiciones y, en consecuencia, nuestra vida. Porque al final te acabas quemando. Nosotros tenemos mucha ilusión por ayudar y por que la gente esté bien, pero tambié
n necesitamos que nuestra propia vida esté bien”, concluye María García.
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