La renta familiar, el género, la nota media, o el origen urbano o rural son factores que influyen, según un estudio

 Asignación MIR.Así marca ser estudiante de Medicina rico o pobre la elección del MIR
Asignación MIR.


La elección de especialidad médica no depende solo de la vocación, la nota o el interés clínico; también pesan (y mucho) factores como el dinero, la familia, los estereotipos de género, la conciliación y la presión social.

Es lo que concluye un estudio realizado en Vietnam, que no analiza directamente el sistema MIR español, pero sí permite establecer un paralelismo con una de las decisiones más importantes para cualquier graduado en Medicina: qué especialidad escoger y bajo qué condicionantes personales, económicos y culturales.

El trabajo, aceptado en BMC Medical Education, analiza cómo influyen las normas de género y las expectativas de ingresos en la elección de especialidad médica. Para ello, combina una encuesta transversal a 155 estudiantes de Medicina con 34 entrevistas semiestructuradas. El resultado deja una conclusión con dos caras: los datos cuantitativos no muestran que la renta familiar, el género, la nota media, el origen urbano o rural o el tipo de instituto predigan por sí solos la preferencia por especialidades médicas de mayores o menores ingresos; sin embargo, las entrevistas sí revelan que esas presiones existen y condicionan la forma en la que los futuros médicos perciben sus opciones.

En la encuesta, 60 estudiantes eligieron especialidades percibidas como de altos ingresos, 26 optaron por especialidades consideradas de bajos ingresos y 69 se situaron en otras áreas. La distribución por sexo fue similar entre los grupos y no hubo diferencias estadísticamente significativas en función del género, la renta familiar, el expediente académico, la procedencia o el tipo de centro educativo previo. Es decir, el estudio no demuestra que ser de familia rica o pobre determine la especialidad elegida.

Pero el matiz aparece en las entrevistas. Los autores detectan que los estudiantes de entornos con menos recursos tienden a verbalizar con más fuerza la necesidad de elegir una especialidad que ofrezca estabilidad económica, retorno rápido de la inversión formativa o mejores oportunidades laborales. En estos casos, la elección deja de ser una decisión puramente vocacional y se mezcla con la obligación de aliviar la carga económica de la familia o devolver el esfuerzo realizado para sostener sus estudios.

El propio estudio recoge testimonios en los que algunos alumnos explican que no pueden permitirse escoger una opción “demasiado larga” o “poco pagada”. En sentido contrario, los estudiantes con mayor respaldo económico aparecen descritos como perfiles con más margen para elegir en función del interés personal, los valores profesionales o la afinidad con una determinada práctica clínica, incluso cuando esa elección no sea la más rentable.

La investigación no utiliza datos oficiales de sueldos por especialidad, sino percepciones de los propios estudiantes. Según esas percepciones, las especialidades identificadas con mayor frecuencia como áreas de altos ingresos fueron Cirugía Plástica, Dermatología, Cirugía y Cardiología, asociadas a más oportunidades de ejercicio privado, mayor prestigio o retorno económico más rápido. En cambio, Pediatría y Medicina de Familia fueron descritas a menudo como especialidades menos atractivas desde el punto de vista económico, pese a su papel central en la atención sanitaria.

La intensidad de la especialidad también aparece como un factor clave. Cirugía, Urgencias y Traumatología fueron percibidas como áreas de alta intensidad por sus largas jornadas, exigencia técnica y nivel de estrés. Dermatología, Radiología, Psiquiatría, Anatomía Patológica, Rehabilitación y Medicina de Familia fueron vistas, en general, como especialidades de menor intensidad por ofrecer horarios más previsibles o mayor equilibrio entre vida personal y laboral.

El 20% de las graduadas en Medicina elige especialidad intensa


Ahí emerge otra brecha: la de género. El estudio muestra que el 59 por ciento de las mujeres eligió especialidades percibidas como de baja intensidad, frente al 38 por ciento de los hombres. En cambio, el 32 por ciento de los varones optó por áreas de alta intensidad, frente al 20 por ciento de las mujeres. Según los autores, muchas estudiantes expresaron dudas sobre entrar en campos como Cirugía o Urgencias por la carga de trabajo, la presión familiar, la futura maternidad o la expectativa social de asumir más responsabilidades de cuidado.

En los hombres, la presión aparece en sentido distinto: muchos estudiantes relataron expectativas familiares y sociales para perseguir especialidades de prestigio o altos ingresos, incluso cuando esas opciones no coincidían con sus intereses personales. La figura del médico como proveedor económico de la familia empuja, según las entrevistas, a priorizar estabilidad, renta y reconocimiento profesional por encima del bienestar o la vocación.

El estudio también apunta a desigualdades en la exposición clínica y la mentoría. Algunas alumnas describen que los estudiantes varones son llamados con más frecuencia a participar en procedimientos quirúrgicos, mientras ellas quedan en un papel más observador. Para los autores, esa diferencia puede reducir la confianza de las mujeres en áreas técnicas o quirúrgicas y estrechar el abanico de especialidades que perciben como realmente accesibles.

La conclusión de los investigadores es que la elección de especialidad médica no debe entenderse como una decisión individual aislada. Aunque los datos estadísticos no prueban que la renta familiar o el género determinen por sí solos la especialidad, las entrevistas muestran que ambos factores condicionan el modo en que los estudiantes negocian sus aspiraciones, sus miedos y sus posibilidades reales.
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