15 nov 2018 | Actualizado: 09:15
Rafael Matesanz es director de la Organización Nacional de Trasplantes
Vie 09 octubre. 12.04H
El pasado 10 de septiembre, el Comité de Ministros del Consejo de Europa aprobaba un resolución que significa un claro y rotundo espaldarazo a dos colectivos de profesionales que han sido, son y serán claves en la donación de órganos en España, y que cada vez lo van a ser más en toda Europa y me atrevo a decir que en todo el mundo: intensivistas y urgenciólogos.

La resolución, impulsada por España y refrendada por 37 países (el ámbito del Consejo de Europa es más amplio que el de la Unión Europea / 28), insta en primer lugar a los estados miembros a dar formación adecuada en todo lo referente al proceso de donación de órganos (detección, comunicación en situaciones críticas, evaluación y mantenimiento hemodinámico del donante y determinación de la muerte) a intensivistas y urgenciólogos, y todo ello en un marco legal y ético que establezca claramente las prácticas que faciliten la donación.

Es lo que llevamos haciendo en España desde hace ya mucho tiempo: un acuerdo ONT- Semicyuc ha permitido formar en materia de donación durante los últimos 9 años, en cursos celebrados en Granada, Madrid, Barcelona y Asturias/Castilla-León, a más de 1.000 intensivistas jóvenes durante su periodo de residencia: una garantía de la pervivencia del modelo español basado en coordinadores intensivistas durante las próximas décadas.

Por otra parte, desde 2009, un acuerdo similar ONT-Semes ha permitido realizar nada menos que 176 cursos en 15 comunidades autónomas en los que se han formado cerca de 6.000 profesionales de urgencias y emergencias que se han convertido en el mejor aliado del sistema de donación en toda España.

De igual manera, la resolución del Consejo de Europa insta a incorporar la donación de órganos como una actividad habitual, que forme parte de la rutina diaria en UVIs y Servicios de Urgencias con valoración de resultados mediante indicadores de calidad y auditorías: exactamente nuestra línea de trabajo con Semicyuc y Semes y la filosofía de trabajo con estos servicios hospitalarios en toda España.

Recomienda igualmente la nominación de personas de referencia en estas unidades (aunque en el proceso participen todos al haber pasado a ser una actividad habitual) que faciliten el proceso de donación y la referencia al coordinador de trasplantes de todos los potenciales donantes. Esta es nuestra línea básica de actuación y mejora desde hace ya bastantes años y en la que tenemos que seguir insistiendo porque los datos apuntan a que aún queda potencial de mejora y de hecho los datos crecientes  de 2015 así lo confirman pese a que el pasado año se alcanzaron ya cifras récord. A recordar que el 87 por ciento de nuestros coordinadores médicos hospitalarios en 2015 son intensivistas, aunque en realidad sea todo el equipo de la UVI quien colabora en el proceso.

Y finalmente recomienda desarrollar programas de investigación en materia de donación de órganos en UVI y Urgencias, algo que igualmente llevamos haciendo en grupos de trabajo conjuntos con ambas sociedades y que realmente nos permite seguir avanzando en este campo y planear nuevas estrategias.

Evidentemente esta resolución no ha sido una ocurrencia repentina: está basada en toda una serie de documentos y de acuerdos internacionales de este organismo (no en vano presidimos su Comisión de Trasplantes durante 7 años) y de otros como la OMS en los que  la huella del modelo español es evidente. De hecho, esta resolución es probablemente el mejor reconocimiento técnico que se puede hacer a nuestro sistema y a lo que nuestros profesionales han conseguido después de muchos años de esfuerzo.

Hoy parece que esta forma de trabajar, que es la nuestra, es normal y resulta obvia. Sin embargo hay que recordar el escepticismo y la suficiencia con que nos miraban hace 25 años los responsables de la donación de muchos países europeos que hoy tienen entre la mitad y la cuarta parte de donantes que nosotros. Ellos lo fiaron casi todo a actuar sobre la población, haciendo campañas de sensibilización y olvidándose de que el factor clave que explica la donación de órganos es el sistema y el profesional sanitario y con él y para él debe trabajar una organización de trasplantes, apoyándole y facilitando su trabajo. Tan sencillo como esto, pero ya ha costado que la idea sea reconocida de manera tan unánime, e impresiona pensar cuántos miles de vidas se podrían haber salvado en toda Europa si se hubiera aplicado hace muchos años.

Todo esto ha sido posible gracias a dos colectivos técnica y humanamente ejemplares y a decir verdad nada bien tratados por las políticas de recursos humanos tanto estatales como autonómicas y no solo de ahora, sino de hace décadas: intensivistas y urgenciólogos. Se podría considerar como una de las mil fórmulas con las que se cumple inexorablemente la ley de Murphy: el reconocimiento a un trabajo bien hecho es directamente proporcional a la distancia en miles de kilómetros al lugar donde se ha llevado a cabo este trabajo y mira que es complicado que te lo reconozcan en casa. Vaya desde luego el continuado agradecimiento, apoyo y colaboración de la ONT a todos los integrantes de estas dos sociedades: Semicyuc y Semes.

En esta ocasión, lo que viene de Europa les hace justicia.