Redacción Médica
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¿Qué hacemos con el modelo sanitario?

Por Manuel Pérez Fernández, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla
Jueves, 16 de abril de 2015, a las 19:57
Recientemente ha caído en mis manos un libro interesantísimo que lleva por título la pregunta del encabezamiento: “Qué hacemos con el modelo sanitario”.

Coordinado por el magnífico periodista D. Juan Ramón Lucas, al que me precio en conocer personalmente, recoge una serie de entrevistas realizadas a un grupo de personalidades relevantes del mundo de la Sanidad española, entre las que quiero comentar hoy la correspondiente a D. Luis Valenciano Clavel, al que también me precio en conocer personalmente. El sr. Valenciano es Médico, experto en Salud Pública, concretamente en el ámbito de la Virología, e impulsor de la vacuna oral que acabó con la Poliomielitis en España; desempeñó el cargo de Director Científico de Wellcome España, es presidente del Consejo Asesor de la Fundación Salud 2000 y, en el campo de la política, fue responsable de Salud Pública en los gobiernos de UCD, y uno de los autores del Sistema Nacional de Salud por transformación de la antigua Seguridad Social del Franquismo en el INP, en el Insalud, el INSS,…., llegando a desempeñar los cargos de Director General de Salud Pública y Subsecretario de Sanidad en el último gobierno de D. Adolfo Suárez. Se trata, pues, de una personalidad sanitaria de amplia experiencia y dilatada trayectoria, cuyas opiniones no deben caer en saco roto y ser tenidas en cuenta si queremos conocer realmente qué ha pasado y por qué, qué está pasando y por qué, y qué pasará con el modelo sanitario español. Y, sobre todo, qué habría que hacer para asegurar su pervivencia futura.

En un momento de la entrevista, el sr. Valenciano contesta textualmente: “Yo hice la primera transferencia a una comunidad autónoma. La primera que hizo el Ministerio, con mi opinión en contra, fue a Cataluña. Pensaba y sigo pensando que la Salud Pública necesita información global. Y recuerdo una anécdota con el Jefe de Sanidad de Cataluña, que era amigo y compañero del cuerpo de Sanidad Nacional, Joaquín Enrich. Al día siguiente de las transferencias me dijeron que había un brote epidémico y le llamé. Su respuesta fue: Luis, somos amigos de toda la vida. Cuando yo considere que debes de conocer los temas sanitarios de los que me ocupo, te lo diré; mientras tanto, no tengo ninguna obligación de hacerlo. Con lo cual quedaba claro que se rompía la Salud Pública”. En otro momento de la entrevista, el sr. Valenciano hace una serie de consideraciones con las que no puedo estar más de acuerdo, referentes a la necesidad de que el Consejo Interterritorial de Salud actúe de forma conjunta y coordinada para mantener la necesaria cohesión del Sistema Nacional de Salud, que es eso precisamente: nacional, no el sistema de salud de las taifas españolas.

Viene todo esto a colación por dos temas que quiero volver a comentar. Por un lado los recientes pilotajes sobre interoperabilidad de receta electrónica en España y, por otro, el manido tema de las subastas de medicamentos en Andalucía.

Sobre el primero de ellos he manifestado repetidamente mi opinión en cuantas intervenciones he tenido en congresos, jornadas,… así como en entrevistas y artículos publicados en diferentes medios de comunicación. Mis tesis se mantienen inalterables desde el primer momento: es una aberración que cada región española disponga de su modelo de receta electrónica (que empiezan y terminan siendo diferentes e incompatibles entre si), y un auténtico despilfarro (por no emplear un término más fuerte) que, con cargo a nuestros impuestos, se tengan que destinar partidas presupuestarias para compatibilizar y mantener la interoperabilidad de los sistemas, cuando lo más coherente hubiera sido coordinar la implantación de un único modelo en toda España desde el principio. Los ministerios que han sido, sobre todo en los años de implantación, así como las consejerías de sanidad de las diferentes comunidades autónomas, nos deben una explicación. No es de recibo gastar a manos llenas el dinero en montar cada uno “su” modelo de receta electrónica, mientras se sometía a los Farmacéuticos a una cascada de medidas de recorte que han hundido económicamente a muchísimos compañeros. De ahora en adelante, mientras tengan que seguir presupuestando partidas para compatibilizar lo que se debió coordinar, hagan el favor de no hablar más de “control del gasto en medicamentos” o de “aligerar la factura de Farmacia”. A partir de ahora, digan claramente y sin tapujos “recortes a los Farmacéuticos”. El control económico es algo mucho más serio que se realiza sobre todo el presupuesto y todas y cada una de las partidas, no sobre una solamente como ocurre en nuestro caso.

Con respecto al segundo de los temas, el de las subastas de medicamentos, he de decir, de nuevo, que son un auténtico desastre y que no llego a entender cómo no han sido anuladas ya por los tribunales de justicia. No es necesario denunciar (¿o sí?) los continuos desabastecimientos de medicamentos que nos obligan a cambiar continuamente la medicación a los pacientes; no es necesario denunciar (¿o sí?) que estos cambios pudieren afectar a la adherencia a los tratamientos por parte de los pacientes; no es necesario denunciar (¿o sí?) que los Farmacéuticos (y, sobre todo, los representantes colegiales) sufrimos a una presión excesiva por parte de la administración, debiendo justificar cualquier dispensación que no se corresponda a los medicamentos seleccionados por la subasta, aunque estuvieran desabastecidos; no es necesario denunciar (¿o sí?) que a los Farmacéuticos andaluces se nos ha hurtado la capacidad de gestionar adecuadamente nuestras Farmacias, algo que no ocurre a los compañeros del resto de España; no es necesario denunciar (¿o sí¿), que las subastas han destruido una buena parte del poco empleo que la industria farmacéutica tenía en nuestra región; no es necesario denunciar (¿o sí?) que no crean riqueza ni dejan un euro en Andalucía más allá del margen comercial de las Farmacias y los almacenes de distribución; y un largo etcétera. El problema, ahora, como ocurre en nuestro país en demasiadas ocasiones, es que lo que inicialmente era una medida adicional de recorte a los Farmacéuticos, con la intención de ahorrar algunos euros, se ha convertido en un problema político y en una nueva causa de enfrentamiento entre la administración autonómica y la central. Y esto sólo lo resuelve a estas alturas una sentencia, que está tardando ya demasiado, del Tribunal Constitucional. Confiemos que la Justicia Española haga justicia en este tema. Falta nos hace.

Cuánta razón tiene el bueno de D. Luis Valenciano cuando dice que “es necesario que el Consejo Interterritorial de Salud actúe de forma conjunta y coordinada para mantener la necesaria cohesión del Sistema Nacional de Salud”. Pero claro, para eso hace falta querer, y la duda que me asalta es: ¿quieren?.