16 dic 2018 | Actualizado: 19:00
Dom 17 noviembre de 2013. 10.15H
Sala de espera

El diario ABC informa hoy en sus páginas del nacimiento del primer biobanco con ADN de los romanos que permitirá, por primera vez en España, el estudio genético y en profundidad de aquellas enfermedades metabólicas de mayor prevalencia en la actualidad, como la diabetes.

El proyecto se enmarca dentro de un programa de investigación llamado Medigene financiado por la Comisión Europea, y en el que participan investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (Ciberdem), y delInstituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC). Se trata de una colección de ADN de 489 muestras humanas, procedentes de las necrópolis romanas de Tarragona (siglos III-VI de nuestra era) que estará a disposición de todos los científicos que estén interesados en el estudio de las enfermedades humanas de tipo metabólico.

El País dedica sus páginas a la atención sanitaria en Guatemala. Según explica, la atención a los heridos de bala desplaza peligrosamente a los pacientes de enfermedades comunes o, incluso, a las víctimas de accidentes. El impacto negativo que la violencia tiene en el presupuesto del Hospital San Juan de Dios, uno de los dos más importantes del sistema sanitario guatemalteco, es “muy grande”, en palabras del doctor Edwin Bravo, coordinador del Área de Desastres y Gestión de Riesgos. El galeno no arriesga una cifra, pero fuentes del Ministerio de Salud Pública estiman que la atención a estas víctimas consume más del 60 por ciento de los fondos, en detrimento de la población de bajos recursos.

Por su parte, El Mundo realiza una entrevista a Joan Guinovart, director del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona. En ella Guinovart denuncia que “nuestros políticos son bastante ignorantes en materia científica”. A su juicio se debería aprovechar la crisis para modificar el sistema de I+D, hacerlo más eficaz, más flexible, más competitivo. Reconoce que quizá el hecho de no haberlo hecho hasta ahora ha sido culpa de todos un poco. “Quizás los científicos no hemos sabido comunicar adecuadamente el valor de lo que hacemos, hacer comprender a los ciudadanos que lo que investigamos hoy puede ser muy importante mañana para ellos. Pero creo que también es culpa de que los políticos tienen muy poca cultura científica”, añade.