La especialista de Sanitas marca unas pautas saludables para evitar el déficit

Cristina Villegas, dermatóloga, da las pautas para controlar los niveles de vitamina D.
Cristina Villegas, dermatóloga, da las pautas para controlar los niveles de vitamina D.


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Durante los meses de invierno, la reducción de la exposición a la radiación ultravioleta limita significativamente la capacidad del organismo para sintetizar vitamina D a través de la piel. Este descenso, que suele alcanzar su punto crítico antes de la llegada de la primavera, afecta a una parte importante de la población pero en muchas ocasiones pasa desapercibido.


Riesgos del déficit de vitamina D


La falta de vitamina D no siempre se manifiesta con señales evidentes, lo que complica su detección precoz. En el caso de los adultos, cuando la carencia es relevante, puede asociarse a la osteomalacia, una alteración que se caracteriza por un debilitamiento progresivo del hueso y una mayor fragilidad muscular. En la práctica clínica habitual, estos síntomas pueden confundirse con molestias comunes del invierno, como una sensación persistente de cansancio o una menor tolerancia al esfuerzo físico, lo que retrasa considerablemente su identificación por parte de los facultativos.

Ante este escenario, los especialistas insisten en evitar interpretaciones simplificadas sobre cómo recuperar los niveles adecuados. “La síntesis cutánea de vitamina D depende de la radiación UVB, pero la exposición intencionada al sol sin protección no es una estrategia segura. El daño solar se acumula y el riesgo de cáncer de piel aumenta”, explica Cristina Villegas, jefe de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

Por otro lado, el abordaje clínico exige prudencia en el uso de pruebas diagnósticas y suplementos. El Ministerio de Sanidad ha recordado la necesidad de realizar un uso racional tanto de las determinaciones analíticas como de la suplementación, desaconsejando su empleo si no existe una indicación médica clara. La valoración profesional es adecuada cuando existen síntomas o factores de riesgo específicos, siempre bajo la supervisión de un sanitario.


El impacto en la población mayor


En las personas mayores, la decisión de suplementar se analiza con mayor detenimiento debido al impacto que la salud ósea tiene sobre el equilibrio, la movilidad y la autonomía. Es necesario tener en cuenta que, con el paso de los años, disminuye la capacidad natural de la piel para producir esta vitamina.

“Cuando aparecen debilidad muscular, dolor óseo o un deterioro funcional que no se explica por otras causas, conviene valorar el estado de salud en su conjunto y, si procede, revisar la vitamina D dentro de una evaluación clínica completa”, señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores. En caso de confirmarse el déficit, la suplementación debe pautarse y revisarse periódicamente, ya que la sobredosificación puede provocar hipercalcemia y otras complicaciones graves descritas en alertas de farmacovigilancia.


Cómo controlar la vitamina D de forma saludable


Ante la próxima llegada de la primavera el 20 de marzo, los expertos de Sanitas han elaborado un listado de consejos para mantener unos niveles saludables sin asumir riesgos innecesarios:
  • Salidas regulares al aire libre: Incorporar paseos o trayectos a pie de forma regular durante las horas de luz, sin necesidad de exposiciones prolongadas.
  • Mantener la fotoprotección: La exposición cotidiana suele ser suficiente para la síntesis de vitamina D; no es necesario modificar las rutinas de cuidado de la piel, salvo en deportes de alta montaña o esquí.
  • Cuidar la alimentación: Revisar la dieta con criterio profesional, especialmente si es poco variada o existen restricciones alimentarias.
  • Atención a señales persistentes: Consultar ante debilidad muscular, dolor óseo o pérdida de fuerza que interfiera con la actividad diaria.
  • Evitar la suplementación por cuenta propia: Valorar la necesidad de analíticas o suplementos solo bajo indicación médica y seguimiento profesional.
  • Fomentar la movilidad: Mantener rutinas de actividad física adaptada, ya que el estímulo muscular contribuye al mantenimiento de la función ósea.
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