Joaquín Antón, presidente de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (SESP)
Los futuros residentes se debaten estos días entre las
especialidades médicas disponibles en la convocatoria 2026. Este año cuentan con 47 opciones, con la incorporación de la recién estrenada
Medicina de Urgencias y Emergencias. Pero, además de este camino marcado para convertirse en médico especialista, existen otros modos de ejercer la profesión, sobre todo para
médicos de Familia o internistas. Se trata de la Medicina Penitenciaria, un área castigada por la falta de relevo generacional y, en concreto, por la “falta de cumplimiento” de la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud: “Hace veintitrés años que se publicó, y planteaba que la
sanidad penitenciaria debe estar integrada en los servicios de salud de cada comunidad. Estamos en 2026 y solo se ha cumplido en Cataluña, País Vasco y Navarra”, expone a Redacción Médica José Joaquín Antón, presidente de la
Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (SESP). “En el resto de España pertenecemos al Ministerio del Interior, cobramos bastante menos, tenemos peores condiciones de trabajo y por lo tanto no viene nadie aquí”, denuncia Antón.
Aunque admite que cuando va a dar charlas acerca de su área de especialización a los MIR antes de que escojan su plaza y observa que hay interés, la realidad una vez acaban la especialidad y tienen la
opción de incorporarse a la sanidad en prisión es distinta. “Si termino una especialidad y al buscar empleo me ofrecen una cantidad por trabajar en un centro de salud de cualquier barrio o en un pueblo y la otra opción es trabajar en una prisión por 1000 euros menos todos los meses, es que ni me lo planteo”, expone el especialista.
Para paliar esta
falta de facultativos en las instituciones penitenciarias, en muchos casos se recurre a otros modos de practicar la Medicina, basados en la tecnología. “La
telemedicina en prisión es un parche, porque durante una o dos horas hay un médico que se va conectando por prisiones para lo que soliciten los enfermeros, que son los que se están llevando todos los marrones. Una urgencia en el momento no la puedes atender por telemedicina, tienes que
sacar al enfermo al hospital porque no hay médicos”, comenta Antón.
La imposibilidad de hacer un buen seguimiento de patologías
En una prisión puede haber múltiples problemas de salud, como pueden ser patologías crónicas, abarcando desde una diabetes hasta un diagnóstico de
cáncer, pero su seguimiento no se está pudiendo realizar en muchas de estas instituciones por la falta de facultativos. “El seguimiento de las drogodependencias, de una esquizofrenia o de tantísimas patologías que hay aquí dentro, no se está llevando a cabo en las prisiones en las que
no está transferida la sanidad de una manera adecuada. Lo están haciendo los pobres enfermeros,
asumiendo roles que no son los suyos”, lamenta el presidente de la SESP. Incide en que este trabajo se puede efectuar perfectamente en las comunidades que cuentan con esta transferencia de competencias, pero en el resto "simplemente no se está haciendo".
Cuando se le pregunta si debería existir una
especialidad MIR para este trabajo, Antón no lo ve necesario: “Hay gente que que lo ha planteado, yo no lo tengo tan claro. Una especialidad requiere algo mucho más específico, esto es es una
Atención Primaria que tiene algunas características de especialidades como la Psiquiatría o como Infecciosos. Pero no sé si llegaría a esa categoría. Yo creo que alguien de Medicina de Familia o Medicina Interna está muy bien capacitado para hacerla”, concluye.
Las informaciones publicadas en Redacción Médica contienen afirmaciones, datos y declaraciones procedentes de instituciones oficiales y profesionales sanitarios. No obstante, ante cualquier duda relacionada con su salud, consulte con su especialista sanitario correspondiente.