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Martes, 26 de marzo de 2013, a las 18:53

Por Antonio Abellán García. Investigador científico. Centro de Ciencias Humanas y Sociales. CSIC

El envejecimiento por caída de la fecundidad y aumento de la esperanza de vida es uno de los cambios demográficos más importantes del siglo XX y del presente siglo. Sus implicaciones son muy variadas: pensiones, sistema sanitario, atención a la dependencia y un largo etcétera de transferencias intergeneracionales y cuestiones familiares, sociales, políticas y psicológicas. 

 

 
El último censo de población (2011) confirma que España es un país cada vez más envejecido; ahora, 17,3% de sus habitantes tiene 65 ó más años. La tendencia al envejecimiento se acentuará; las proyecciones de población del INE avisan de que a mediados de siglo el 37% de la población habrá superado el umbral de los 65 años.  Este mayor peso porcentual se ha conseguido, primero, por un descenso de la fecundidad que deja al grupo de jóvenes algo menguado de efectivos, y segundo, por un descenso de la mortalidad que hace llegar cohortes más nutridas a la vejez, y una vez en ella su supervivencia es mayor. La ganancia de años a la muerte se está produciendo ahora especialmente entre los más mayores, en torno a los 80 años, lo que se traduce en un aumento de la esperanza de vida de los ya mayores. De acuerdo a las condiciones de mortalidad del momento una persona que alcanza los 65 años se espera que viva 20,5 más, 18,5 si es varón y 22,4 si es mujer; en 2051 serán 24,0 años para varones y 27,3 para mujeres. 
 
¿Qué implicaciones tiene este envejecimiento y mayor esperanza de vida en la vejez? Estos datos trasladan una imagen optimista: se vive más porque se vive mejor. 
 
El envejecimiento es ante todo un éxito de las políticas de salud pública y de desarrollo social y económico. No nos arrepintamos de ello. En los últimos lustros se han mejorado las condiciones de vida de los mayores, su garantía de ingresos, merecida tras largas carreras laborales; su salud, tras avances médicos y de acceso a la protección social. No se puede ocultar que ese envejecimiento y mayor longevidad tienen una faceta de desafío para las finanzas públicas y la cohesión social. Pero conviene resaltar que la economía puede continuar creciendo gracias al aumento de la participación en la fuerza laboral y de la productividad. 
 
Las necesidades de atención sanitaria se incrementan con la edad y se suelen concentrar en los años finales de la vida. Pero el gasto sanitario no sólo depende de la edad sino sobre todo del estatus de salud de la persona. Parte de los años ganados por mayor longevidad lo son en buena salud. El reto del sistema sanitario consiste en retrasar lo más posible la aparición de la morbilidad crónica (enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, etc.). Si la salud de los mayores no se deteriora y se retrasa la cronicidad desciende la presión sobre el sistema sanitario. Esto forma parte de la estrategia de envejecimiento activo de la OMS: optimizar las oportunidades de salud para mejorar la calidad de vida de las personas que envejecen, promocionando la salud y previniendo las enfermedades. Con la estrategia ganan los mayores y se ahorran costes.
 
El otro reto del envejecimiento es afrontar la discapacidad, que también se incrementa con la edad y se traduce en demanda de cuidados de larga duración. De nuevo, la solución estriba en evitar la aparición de la discapacidad y/o retrasarla a los años finales de la vida. No existen estudios contundentes sobre la evolución de la entrada en discapacidad, pero se aprecia un retraso, una compresión hacia el final de la vida, lo que es una señal de menor presión sobre el sistema de cuidados.
 
El espectacular incremento en la esperanza de vida se ha acentuado durante las últimas décadas, y continuará; en el pasado ha sido debido a mejoras en la medicina y en la higiene y salubridad públicas; los avances en la producción y distribución de alimentos, la mejora de la nutrición, las nuevas formas de organización familiar, social, económica y política también están detrás de ese incremento. En el futuro, posiblemente, los factores genéticos y la investigación médica tendrán una importancia decisiva en la longevidad. Pero no olvidemos que buena parte de esos años ganados a la muerte se viven y vivirán en buen estado de salud y eso alivia la presión sobre el sistema sanitario.