Muchos profesionales en numerosos artículos han puesto repetidamente de manifiesto durante décadas los problemas que afectan al
examen MIR que, como nos explicaba el
profesor Vilardell (1) está a punto de cumplir el medio siglo de existencia.
A pesar de la reiteración, tales reflexiones no han servido prácticamente para nada.
Las
autoridades ministeriales han seguido haciendo oídos sordos a las numerosas voces que claman por una reconsideración en profundidad de la puerta de entrada a la
Formación Sanitaria Especializada lo que desde luego requiere un análisis global del proceso de formación de los profesionales sanitarios en nuestro país.
No vamos a reiterar aquí las propuestas de cambio realizadas en tantas ocasiones y desde múltiples ámbitos profesionales, porque nos parece más oportuno centrarnos en el
deterioro técnico que está sufriendo el examen estatal MIR, con el consecuente desprestigio que influye notoriamente en el conjunto de la formación y hace cada vez más urgente que los responsables políticos ministeriales abandonen la secular pasividad demostrada en este ámbito y pongan ya en marcha iniciativas potentes para cambiar el rumbo negativo de la situación.
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"En los servicios públicos, como el sanitario y el de educación, el grado de acierto sobre la planificación y la gestión de los recursos humanos es uno de los elementos clave"
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Recientemente -también en Redacción Médica- abogábamos por la
convocatoria de una Conferencia Estatal sobre las Profesiones Sanitarias. Y, aunque seguramente no guarde relación, al cabo de poco nos hemos visto agradablemente sorprendidos por la iniciativa de
reforma de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) vigente desde el año 2003.
Actuación que nos induce a creer que, al fin, se ha superado la tenaz pasividad para afrontar decididamente los
problemas de las profesiones sanitarias y su formación.
Sin embargo, no conseguimos desprendernos del todo de nuestras dudas acerca de si tal propósito se traducirá en cambios efectivos, ni siquiera si en su caso, obedecerían a un
replanteamiento radical sobre el ámbito profesional.
No es difícil asociar el deterioro del examen MIR con otros déficits que afectan al conjunto de las profesiones sanitarias, ya sea en el campo de la
planificación de necesidades de recursos humanos, de su marco laboral y retributivo (regido aún por un estatuto de origen franquista) o de su sistema de formación. La terca realidad nos muestra que, hasta hoy, ninguna de las administraciones, fuera cual fuere su
orientación ideológica, ha priorizado en su justa medida el axioma de que,
en los servicios públicos, como el sanitario y el de educación, el grado de acierto sobre la planificación y la gestión de los recursos humanos es uno de los elementos clave que, como tal, configura tanto su calidad como su evolución.
Es pues una pena que, en España, cuya sanidad (con todas sus limitaciones) está concebida para
contribuir decisiva y universalmente a la mejora del bienestar y calidad de vida de la población, hayan adquirido un papel protagonista en el entorpecimiento en la consecución de este objetivo los errores cometidos en este campo de las profesiones sanitarias.
La experiencia, la propia y la que ha acumulado la trayectoria de las administraciones sanitarias en este campo, alimenta cierto escepticismo sobre el
deseable futuro de la revisión de la LOPS. A pesar de lo cual, no nos podemos permitir cejar en la insistencia de que –quienes pueden— se pongan manos a la obra y enmienden de una vez este desaguisado.
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(1) Vilardell M. FEM, 2020; 23supl1. Asequible en https://scielo.isciii.es/pdf/fem/v23s1/2014-9832-fem-23-s1-s9.pdf