Urgencias y Atención Primaria alertan de un repunte de accidentes de tráfico, especialmente de jóvenes

¿Rebajar la tasa de alcoholemia al volante? Del 'no' político al 0,0 médico
Lorenzo Armenteros, portavoz de SEMG; Julio Armas, médico de Urgencias; Rosa Pérez, responsable de divulgación de SEMES; y Vicente Martín, vocal de la Junta Directiva de Semergen.


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POR REBECA COJO
La reciente decisión de la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados de no avanzar en una mayor restricción de los niveles de alcohol permitidos al volante ha reabierto el debate sobre seguridad vial en España. Mientras el ámbito político mantiene posiciones divididas, los profesionales sanitarios coinciden en un mensaje claro: cualquier consumo de alcohol aumenta el riesgo de accidente y reducir los límites tendría un impacto directo en la mortalidad. Pero la cuestión es que esa reducción, aseguran los médicos, debería ser una tasa de 0,0.

Y es que la proposición de ley impulsada desde hace un año por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el director general de Tráfico, Pere Navarro, buscaba rebajar el límite máximo de la tasa de alcoholemia permitido de 0,5 gramos por litro en sangre a 0,2 (0,1 miligramos por litro de aire aspirado), unificando la norma y eliminando las diferencias entre conductores noveles y veteranos. Sin embargo, ha sido tumbada este miércoles gracias a los 19 votos en contra del Partido Popular, Vox, Esquerra Republicana. Por orto lado, con 18 votos, se han posicionado a favor PSOE, Sumar, Bildu, PNV y Junts.

Desde los servicios de Urgencias, donde se atienden las consecuencias más graves, la opinión sobre este desenlace es especialmente contundente. Julio Armas, médico de este nivel asistencial en el Hospital Universitario del Vinalopó (Elche, Alicante), cuenta en Redacción Médica que parte de su trabajo es en un helicóptero sanitario. Así, describe una realidad repetida en su día a día: "Nuestros casos más habituales son accidentes de tráfico graves. Y en uno de cada tres o cuatro casos, el alcohol está implicado".

Según explica, "el resultado es casi siempre catastrófico". En este contexto, habla de "politraumatismos, amputaciones y de muertes" que, en muchos casos, "podrían haberse evitado". Por este motivo, sostiene que si se limitara a cero la tasa de alcoholemia, "disminuirían muchísimo los accidentes y los ingresos". Sin embargo, también reconoce que existen obstáculos importantes: "El alcohol está muy normalizado y tiene un peso económico importante. Eso dificulta tomar decisiones más restrictivas".

Una "oportunidad perdida"


El Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (Papps) de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) ha mostrado su "profunda decepción" ante la decisión de no avanzar en una mayor regulación de los niveles de alcohol permitidos al volante, calificándola como "una oportunidad perdida" para reducir la mortalidad en accidentes de tráfico. Desde la sociedad científica destacan que, pese a la evidencia clara de los riesgos del alcohol al conducir, la iniciativa parlamentaria "no ha priorizado una medida preventiva de alto impacto poblacional".

La entidad hace "un llamamiento" explícito a los grupos parlamentarios, "especialmente a quienes votaron en contra", para que "reconsideren su posición y retomen el debate en los próximos meses con el objetivo de aprobar una normativa más ambiciosa y coherente con la protección de la salud de la ciudadanía". 

"No existe un consumo seguro"


Desde Atención Primaria, el mensaje es igual de rotundo. Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), insiste en que la evidencia científica no deja lugar a dudas: "No existe un nivel seguro de alcohol para conducir". El facultativo indica que incluso los niveles más bajos afectan a funciones clave. "Entre el 0 y 0,2 ya hay alteraciones en los reflejos, la atención y la toma de decisiones. Eso incrementa el riesgo de accidente", señala.

"Lo primero que genera es desinhibición. El conductor se siente más seguro, asume más riesgos, conduce más rápido y toma decisiones inadecuadas", dice Armas, que añade que las bebidas etílicas también provocan somnolencia.

Además, Armenteros recuerda que el impacto del alcohol varía según la persona. Factores como "el peso, el metabolismo o la tolerancia individual" hacen que una misma cantidad tenga efectos diferentes. Por eso, desde el punto de vista sanitario, "la única medida realmente segura es el nivel cero", afirma.

Tras años de descenso en la siniestralidad, los profesionales también detectan que actualmente se ha dado un cambio de tendencia. "Hace 10 o 15 años había muchos accidentes. Luego bajaron con las medidas de seguridad vial, pero ahora estamos viendo un repunte", indica Armas. Este aumento presenta un perfil definido: varones jóvenes de entre 18 y 35 años. "Son los grupos con mayor siniestralidad y donde vemos accidentes más graves, con alta mortalidad", explica.

La solución: tasa 0,0 de alcohol


Desde la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), la postura coincide plenamente. Rosa Pérez, responsable de divulgación de la entidad, insiste en que la única tasa compatible con la seguridad es el 0,0. "Es la que se exige a menores o a usuarios de patinetes. Debería ser la misma para todos", afirma. En la misma línea, Vicente Martín, vocal de la junta directiva de Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), resume su posicionamiento con cuatro palabras: "Al volante, alcohol cero".

"El riesgo cero no existe con el alcohol. A partir de una cerveza o una copa de vino ya se reduce la capacidad de reacción", continúa Martín, que alerta sobre la magnitud del problema: "Todavía hay alrededor de 1.800 muertes al año en las primeras 24 horas tras un accidente. Es un problema de salud pública grave".

Aparte, Pérez introduce otros factores que influyen en la conducción y que, combinados con el alcohol, aumentan el riesgo. Entre ellos, destaca la "fatiga, estrés, falta de sueño o distracciones". "Hay tantas variables que hacen imposible establecer un nivel seguro. Por eso, el único alcohol compatible con la conducción, es cero", subraya.

Y es que sitúa el problema en un contexto más amplio: "El alcohol es una de las drogas más peligrosas que tenemos, pero está completamente normalizada en la sociedad". "No podemos decir que beber un poco y conducir sea seguro, porque no lo es", resume Pérez, mientras Armas advierte de un problema de percepción social: "Hay mucha tolerancia al alcohol. Muchas personas creen que controlan, pero no son conscientes de lo que realmente consumen ni de cómo les afecta".

Atención Primaria: clave en la prevención


El vocal de Semergen destaca además el papel de la Atención Primaria en la prevención, no solo en relación con el alcohol, sino también con otros factores. "Cuando prescribimos medicamentos que afectan a la capacidad de reacción, como benzodiacepinas o algunos antihistamínicos, también estamos interviniendo en la seguridad vial", matiza.

En este sentido, subraya una idea clave: el alcohol al volante no solo afecta a quien consume. "No solo muere el que ha bebido. Muchas veces mueren personas que no han consumido y que simplemente estaban en el lugar equivocado", advierte también Pérez. Por ello, considera que endurecer las medidas no es solo una cuestión individual, sino colectiva. "Estamos protegiendo a toda la sociedad, no solo al conductor", afirma.

Lo que está claro es que, pese a las diferencias en el ámbito político, el consenso entre los profesionales sanitarios es evidente: el alcohol y la conducción son incompatibles. La evidencia científica, la experiencia clínica y los datos de siniestralidad apuntan en la misma dirección. Aunque en este contexto, los médicos no solo coinciden en la necesidad de reducir los límites legales, sino que también insisten en que la medida por si sola puede resultar insuficiente y debe formar parte de una estrategia global. "Las medidas punitivas funcionan cuando van acompañadas de otras acciones", afirma Martín, recordando ejemplos como el carné por puntos o los controles de alcoholemia. "No basta solo con bajar la tasa de alcoholemia. Hace falta educación, concienciación, controles y otras medidas", concluye Armenteros.
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