Los expertos reclaman priorizar resultados en salud y experiencia del paciente frente a la acumulación de intervenciones

Cuatro expertos analizan la medición en valor del sistema sanitario
José Soto, María Hoyos, Julio Mayol y Bernardo Valdivieso.


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España presume de tener uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, pero sigue posponiendo la respuesta a una pregunta incómoda: cómo saber, de verdad, si funciona bien y, sobre todo, cómo hacerlo más eficiente. Los expertos consultados por Redacción Médica coinciden en que la cuestión no es baladí y en que, por tanto, resulta difícil de abordar, pero también aportan un diagnóstico claro: la solución de la eficiencia a largo plazo no está en el número de consultas, resonancias o cirugías, sino en la toma de decisiones que realmente aporten valor. Dicho de otro modo, no ‘hacer por hacer’, sino lo contrario. La sostenibilidad, subrayan, no depende sólo de cuánto se invierte, sino también de dónde se pone cada euro. Y añaden que, para actuar a tiempo, es necesario subirse ya al tren de la digitalización.

José Soto Bonel, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), resume esa lógica con una fórmula sencilla que aúna bienestar del paciente, experiencia percibida y costes. “¿Cómo se mide el valor? Por la mejoría que experimenta el paciente tras aplicársele una terapia”, resume. Según sostiene, no basta con que una intervención sea técnicamente posible: además de ello, ha de tener beneficios efectivos en el día a día. Y a ello habría que sumar el relato del propio paciente sobre su recuperación. “Todo eso deberíamos dividirlo por los costes. Ese es el valor, una técnica objetiva que se está introduciendo cada vez más en el sector”.

Para Soto, ese cambio de mentalidad llegará, “probablemente”, cuando la presión financiera sea difícil de controlar. A su juicio, el actual debate sobre la eficiencia sanitaria recuerda a replanteamientos históricos como el que puso sobre la mesa el Informe Abril, elaborado durante el Gobierno de Felipe González “En aquella ocasión se dijo: ya no podemos seguir así porque nos hundimos y no va a haber sistema fiscal capaz de soportar los aumentos de costes que el sistema sanitario genera”.

Medir el "indicador complejo" más allá del dato absoluto


María Hoyos Vázquez, directora de Gestión y Servicios Generales de la Gerencia de Atención Integrada de Albacete, señala el que, en su opinión, es el principal error de partida: seguir midiendo lo fácil. “Todavía cuesta concienciar a la gente de que no es importante presumir de haber hecho no sé cuántas resonancias o más intervenciones quirúrgicas que nadie. ¿Eso qué aporta?”, plantea.

Para la presidenta de la Agrupación Territorial de Sedisa en Castilla-La Mancha, el número absoluto sirve de poco si no tiene su eco en el resultado efectivo. “Hay que medir el indicador complejo: hacer el seguimiento de verdad al paciente y ver cómo ha mejorado su vida. El problema es que esos indicadores son dificilísimos porque implican mucho más esfuerzo de seguimiento”.

El do not do frente al hacer por hacer


Julio Mayol Martínez, catedrático de Cirugía de la Universidad Complutense de Madrid y director científico del IdISSC, sugiere un primer paso aún más pragmático: empezar por dejar de hacer. “Una gran parte y muy fácil de medir es la cantidad de cosas que no deberíamos hacer aunque podamos hacerlas. El do not do. Eso es lo principal. Midiendo eso, generaríamos, primero, una cultura diferente, y segundo, una gran cantidad de recursos para dedicarlo a lo que realmente es importante”, sostiene.

La transformación digital, vía para medir el valor


En la misma línea, Bernardo Valdivieso Martínez, secretario autonómico de Planificación, Información y Transformación Digital de la Conselleria de Sanidad de la Comunitat Valenciana, basa la solución en la infraestructura del dato siguiendo una clara premisa: “Sabemos lo que invertimos en la población, pero lo que no tenemos en rutina diaria es la medición del valor”. Para lograrlo, el experto aboga por “hacer un esfuerzo en transformación digital” que facilite “la recogida del numerador”, que es el valor en sí, y su posterior “contraste con el denominador” para “buscar los mejores resultados”.
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