Rosa M. Plata, Matrona, Presidenta de la Asociación Española de Matronas (AEM) e Isabel Castaño, ginecóloga.
Las redes sociales parecen haber multiplicado la información. Da la impresión de que ahora hay más y de mucho más fácil acceso que hace apenas unos años. El tema de la
maternidad no es una excepción. Cada vez son más las mujeres que durante su embarazo se forman en lactancia o se interesan en todo aquello que no debe pasar para poder tener un
parto "consciente y responsable". La ventana de opciones se abre y, con ello, la opción de
dar a luz en casa parece estar ganando relevancia. Sin embargo, en el ecosistema actual es difícil discernir entre el eco de las redes sociales y lo que es verdaderamente un aumento en la demanda.
"Hay una mezcla de ambos factores", cuenta
la ginecóloga Isabel Castaño en una entrevista con
Redacción Médica. Añade que las redes sociales "han amplificado determinados discursos idealizados sobre el parto en casa, muchas veces desligados del contexto clínico real". Aun así, reconoce que también está viendo un
aumento progresivo del número de mujeres que preguntan activamente por esta opción, "generalmente motivadas por experiencias previas negativas en el ámbito hospitalario o por el deseo de vivir un parto más respetado y menos medicalizado", agrega. Por su parte, la presidenta de la
Asociación Española de Matronas (AEM), Rosa María Plata, cuestiona las motivaciones que esconden algunos discursos y pone el foco en los intereses de determinados grupos sociales, algunos profesionales y pseudo-profesionales.
"Lanzan mensajes en redes a fin de disminuir la confianza de las mujeres en la
atención médica profesional durante el embarazo y el parto, las intimidan con una
violencia obstétrica extrema y generalizada en los hospitales, y desprestigian a los profesionales sanitarios de la obstetricia del SNS en general", explica. "Lo cierto es que esas ʺcampañas mediáticasʺ acaban teniendo cierto éxito, y más en esta era de redes sociales, facilitando la creación de ʺnichos de negocioʺ, agrega. En cualquier caso, no parece justo hablar de un fenómeno masivo. En este momento, el
Instituto Nacional de Estadística (INE) estima que
menos del 1 por ciento de mujeres en España da a luz en casa. No obstante, en un contexto de reverberación, la pedagogía es importante. Además, este espejismo del aumento de partos en casa no deja de ser paradójico. Holanda, paradigma mundial de la asistencia al parto domiciliario, ha experimentado un drástico descenso: si en 1955 se cifraban los partos domiciliarios en este país en más del 75 por ciento, en 1965 ya solo representaban dos tercios del total, proporción que en los siguientes 25 años se ha invertido hasta el
13,85 por ciento.
"Hay que aclarar que en el caso de Holanda el parto domiciliario no era una elección,
sino la oferta de su sistema de salud para los embarazos normales ya que el seguro de salud en ese país no cubría el costo total de un parto hospitalario, a menos que hubiera un imperativo médico real", matiza la matrona. En este sentido, la presidenta de AEM apostilla que el SNS español ha conseguido situar las tasas de mortalidad perinatal y materna en la atención al parto entre las mejores del mundo, lo que contrasta con los resultados del primer
estudio Peristat (2003) que mostró que la mortalidad perinatal en los Países Bajos fue la más alta dentro de la entonces Unión Europea, lo que ha generado controversias en torno a la seguridad de la asistencia de los partos en el hogar en Holanda. "Con toda probabilidad han sido el motivo que ha influido en el descenso de este tipo de asistencia al parto", afirma.
El riesgo cero, imposible en Obstetricia
Castaño matiza que el parto en casa no es intrínsecamente inseguro, pero es necesario que se desarrolle dentro de un marco de seguridad muy estricto. Por un lado, “la elección rigurosa de la gestante”. El parto en casa solo puede realizarse en embarazos únicos y de bajo riesgo, con
presentación cefálica, sin enfermedades maternas ni complicaciones obstétricas. Además,
el control prenatal debe ser completo y actualizado, y la atención debe realizarse por profesionales específicamente formados en parto domiciliario y
en el manejo de emergencias obstétricas y neonatales.
También es imprescindible disponer del
material sanitario adecuado, que incluye medicación básica, oxígeno, instrumental y material de reanimación neonatal. A ello se le suma la necesidad de contar con un protocolo claro de traslado urgente, cercanía real a un hospital con capacidad obstétrica y neonatal y mantener una
comunicación fluida con el sistema sanitario. "Sin estos requisitos, el riesgo aumenta de forma significativa", advierte Castaño. Recuerda, además, que el riesgo en Obstetricia nunca es cero. “Incluso en gestaciones de bajo riesgo, cuidadosamente seleccionadas y con controles adecuados, pueden aparecer
complicaciones imprevisibles que requieren una actuación inmediata”.
En determinadas situaciones, los segundos son decisivos. “Hemorragias,
sufrimiento fetal agudo o complicaciones neonatales pueden surgir de forma súbita, incluso cuando todo parecía desarrollarse con normalidad”, explica. “Y esa capacidad de intervención inmediata solo puede garantizarse en un entorno hospitalario”, agrega. Sobre esto,
Rosa Mª Plata hace una retrospectiva de su vida profesional y asegura que más de cuatro décadas de carrera la han convencido de la
imprevisibilidad de los partos. "Partos con una evolución favorable y todos los parámetros maternos y fetales dentro de la más estricta normalidad, han virado 360º de forma natural y han derivado en situaciones de
extrema urgencia que con un equipo quirúrgico completo y todos los recursos técnicos a disposición, han costado resolver con éxito o incluso, a pesar del esfuerzo urgente y titánico del equipo, han fracasado", relata.
Castaño, como ginecóloga, ha participado en la
atención posterior y en la recepción hospitalaria de mujeres que iniciaron un parto domiciliario y precisaron traslado. En estos casos, las complicaciones más frecuentes han sido hemorragias posparto, dificultades en la progresión del parto o signos de compromiso fetal. La rapidez en estos casos es fundamental. “Estas experiencias refuerzan la importancia de no minimizar los riesgos y de tener siempre presente que el parto puede cambiar de escenario clínico en cuestión de minutos”, afirma. Para ella, más allá del debate sobre el “dónde”, es fundamental hablar del “cuándo” y del “cómo” se puede actuar. “El parto en casa, por definición, no permite la misma inmediatez diagnóstica y terapéutica que un hospital, y ese es el principal límite desde el punto de vista de la
seguridad materno-fetal”, afirma. “Por eso, desde un enfoque de seguridad, el hospital continúa siendo
el entorno más seguro en términos globales, especialmente cuando hablamos de
proteger a dos pacientes: la madre y el recién nacido”, insiste. En la misma línea, su compañera afirma que, a pesar de que "la bibliografía científica acreditada y acumulada hasta el momento, mantiene abierta la controversia en cuanto a la seguridad del
parto domiciliario vs. hospitalario para pronunciarse en un sentido u otro. Pienso a título particular, que parir en el domicilio puede ser una opción en determinados supuestos, aunque menos segura que el parto hospitalario bien tratado y sin injerencias innecesarias".
El papel de los profesionales, clave para evitar ciertos riesgos
Con las posibles complicaciones en mente, Castaño pone de relevancia el papel de los profesionales sanitarios. “Debemos transmitir
mensajes basados en la evidencia científica, alejados tanto del miedo como del idealismo peligroso. El parto no es una competición ni un acto ideológico: es un proceso fisiológico, sí, pero con
riesgos potenciales que no podemos ignorar”, sostiene. En su opinión, es crucial insistir en que
la seguridad no es negociable, que el respeto al parto es plenamente compatible con la Medicina. “Existen múltiples formas válidas de parir, pero las decisiones deben tomarse siempre con información veraz y acompañamiento profesional”, señala.
Según su experiencia, el miedo que hoy sienten las mujeres podría reducirse enormemente si desde dentro del hospital se apostara de forma real por partos y
cesáreas humanizadas. Esto implica
cuidar todos los detalles, tales como reducir ruidos innecesarios, evitar conversaciones ajenas al proceso, respetar los tiempos,
favorecer el contacto piel con piel y atender de forma integral las necesidades físicas y emocionales de la madre. “La humanización no está reñida con la seguridad. Al contrario, la refuerza. Mientras todo evoluciona con normalidad, la mujer debe sentirse acompañada, escuchada y protagonista de un momento profundamente transformador como es el nacimiento de su hijo. Y cuando aparece un riesgo para la madre o para el bebé,
nuestro deber como médicos es actuar con rapidez y precisión, sin perder nunca el respeto por ese proceso vital”, insiste. Por su parte, Plata subraya la importancia de recordar a los usuarios que deben escuchar solo a los profesionales sanitarios. "Y eso solo es posible si los profesionales sanitarios les damos siempre atención empática y respuesta eficaz", concluye.
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