El ingeniero Ignacio Narváez explica los retos energéticos del sistema sanitario frente a la guerra de Oriente

El ingeniero Ignacio Narváez explica los retos energéticos del sistema sanitario frente a la guerra de Oriente
Ignacio Narváez, vocal de Comisiones de Ingeniería Médica y Sanitaria del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM).


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La crisis de Oriente Próximo ha provocado la mayor subida de los precios del diésel y la gasolina en los últimos cuatro años. Los primeros compases del conflicto ya registran un incremento del 40 por ciento en los costes de la energía y los combustibles. En el caso de España, esta escalada supera el 29 por ciento en el gasóleo y el 16 en la gasolina desde el inicio de la ofensiva, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Así, el sistema sanitario podría empezar a sufrir las consecuencias de la crisis geopolítica.

En la actualidad, la mayor parte del consumo hospitalario sigue dependiendo, por un lado, de la electricidad de la red y, por otro, de combustibles como el gas natural o el gasóleo. El cambio de modelo energético lleva años siendo un objetivo prioritario para la Ingeniería Sanitaria. Sin embargo, ahora, Ignacio Narváez, vocal de la Comisión de Ingeniería Médica y Sanitaria del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM), explica en una entrevista con Redacción Médica que el nuevo escenario bélico puede acelerar este proceso. “La tendencia es avanzar hacia hospitales cada vez más electrificados y eficientes”, asegura.

¿Cómo afectará la crisis de los combustibles a los hospitales?


La guerra contra Irán está teniendo un fuerte impacto a nivel económico. Por ello, cabe plantearse qué impacto puede tener en el ámbito sanitario. Y es que la energía constituye uno de los principales costes operativos de un hospital. La climatización, la iluminación, los gases medicinales, la cocina, la lavandería, las centrales de esterilización y el equipamiento médico requieren un suministro prácticamente constante.

No obstante, el ingeniero Ignacio Narváez se muestra relativamente optimista y asegura que “el impacto más probable no sería tanto de suministro como de costes”. Además, lanza un mensaje de calma: “Por fortuna, nos encontramos en la fase final del invierno, por lo que las necesidades de gas se concentran principalmente en la cocina, el agua caliente sanitaria y, en algunos casos, en las centrales de esterilización, lo que ofrece cierto margen de gestión ante posibles tensiones de suministro”.

Ahora bien, el ingeniero insiste en la importancia de aprovechar esta prórroga. “La ausencia de acción también es una decisión y puede suponer un problema en el futuro”, sentencia. En este sentido, advierte de que podrían surgir dificultades si el conflicto se prolonga en el tiempo y coincide con un nuevo periodo invernal sin que las reservas estratégicas de gas se hayan restablecido adecuadamente.

“Aquellos hospitales o grupos hospitalarios cuya estrategia de compra y gestión de suministros no esté bien planificada pueden sufrir un impacto económico significativo”, reitera. Asimismo, subraya que también podrían producirse tensiones en la cadena de suministro de determinados productos sanitarios o materiales derivados del petróleo, así como en la logística de transporte de equipos, tanto asistenciales como no asistenciales.

¿Cómo adaptar las necesidades energéticas del hospital a un contexto de guerra?


Para el ingeniero, la tendencia es clara: los sistemas hospitalarios necesitan electrificación y resiliencia. “Más que hablar de autosuficiencia total, el objetivo realista es alcanzar una alta resiliencia energética”, matiza. En este sentido, explica que un hospital moderno puede integrar energías renovables, sistemas de almacenamiento, electrificación de sus instalaciones térmicas y mecanismos de respaldo robustos. “En muchos casos tenderán a funcionar como pequeñas microredes energéticas capaces de gestionar de forma inteligente su consumo y su generación en función de las circunstancias”, apunta.

El horizonte es amplio, pero el reto no es sencillo. Entre los principales obstáculos se encuentran la disponibilidad de espacio para instalaciones renovables, la complejidad técnica de los sistemas, la necesidad de mantener la actividad asistencial durante el proceso de transformación y el equilibrio entre las inversiones energéticas y otras prioridades propias de la actividad sanitaria.

Entre las opciones disponibles para esta transformación destaca la energía fotovoltaica. Ahora bien, aunque el experto reconoce que es “una herramienta muy útil para reducir costes energéticos y, en determinados casos, emisiones si no se adquieren garantías de origen del suministro”, también advierte de sus limitaciones de superficie y producción, especialmente en un entorno hospitalario que requiere energía las 24 horas. “Deben combinarse con otras soluciones, como el almacenamiento energético o la electrificación eficiente de los sistemas térmicos”, subraya.

En este punto, el hidrógeno emerge como una de las grandes oportunidades. “Probablemente sea uno de los vectores energéticos más disruptivos e interesantes para el sector sanitario. No solo puede utilizarse como combustible limpio, sino que su producción mediante electrólisis del agua genera también oxígeno de alta pureza como subproducto”, explica. Esto abre la posibilidad de integrar la generación energética y la producción de oxígeno medicinal dentro del propio hospital, aumentando los niveles de seguridad, autosuficiencia y sostenibilidad, además de reducir el "scope 3" de la huella de carbono de los centros. “Estamos ante una oportunidad muy relevante para acelerar la descarbonización del sector hospitalario y reducir su dependencia del gas, incluso de forma diferencial respecto a otros países”, sostiene.

Con todo, el nuevo orden geopolítico está transformando el paradigma energético del sector sanitario. A partir de ahora, el camino apunta hacia una mayor independencia energética. “No será fácil, pero al menos debemos ser más autosuficientes”, señala  Narváez. “Necesitamos avanzar en paralelo con las medidas nacionales para reforzar tanto la producción como la distribución de la energía eléctrica en estos momentos”, concluye.
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