Investigadores abogan por una implantación "ética" y equilibrada de la inteligencia artificial en el SNS

Deshumanización, sobrecarga y otros 'pecados capitales' de la IA en sanidad.
Los autores subrayan que la IA puede considerarse un elemento “transformador” de la sanidad.


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Por supuesto, el Sistema Nacional de Salud (SNS) no es impermeable a la irrupción de la inteligencia artificial, que arrastra consigo tanto oportunidades como amenazas. Un reciente articulo publicado en la Revista Española de la Salud Pública pone el énfasis sobre algunos de los más acuciantes, entre ellos una posible tendencia hacia la deshumanización en la labor asistencial, la falta de formación sobre este tipo de herramientas y la posibilidad de que, si se implementan mal, terminen por sobrecargar aún más servicios y unidades ya lastradas por el exceso de trabajo. 

“La inteligencia artificial se ha consolidado como uno de los principales motores de   transformación sanitaria, modificando progresivamente la práctica clínica y la organización de los sistemas de salud”, comienza este artículo suscrito por cuatro autores vinculados, esencialmente, al ámbito de la Enfermería y a las Ciencias del Trabajo (Miguel Garrido, Andrés Castilleno, Nadie Badillo y Javier Fagundo). Los investigadores advierten, sin embargo, que no puede haber una “solución exclusivamente tecnológica” a problemas estructurales complejos como los que suponen la sobrecarga asistencial, la inequidad territorial, la escasez de profesionales o la presión económica.

Destacan, en este sentido, que desde una perspectiva crítica la IA integra herramientas “capaces de analizar grandes volúmenes de datos y apoyar la toma de decisiones mediante sistemas de aprendizaje autonómico, modelos generativos y soporte clínico”. En ámbitos como la diabetes, por ejemplo, los modelos basados en inteligencia artificial “han mostrado resultados prometedores al facilitar respuestas contextualizadas y reforzar la práctica basada en la evidencia”. No obstante, el uso creciente de estos sistemas “plantea interrogantes sobre la dependencia tecnológica y la posible reducción del razonamiento clínico autonómico”, especialmente “en profesionales con menos experiencia”.

“El rendimiento de la IA depende de datos clínicos estructurados, fiables y representativos -continúan-. En Enfermería, los sistemas de información clínica y las interacciones con herramientas inteligentes generan ecosistemas de datos de gran valor para la investigación y la mejora organizativa”. Pero ello “exige mecanismos sólidos de gobernanza, interoperabilidad y protección ética” de esa información.

Implicaciones éticas de la IA en sanidad


Los autores del artículo inciden en estas “implicaciones éticas” que conlleva la integración de la IA en sanidad. La opacidad algorítmica, la reproducción de sesgos clínicos y sociales y la “dependencia respecto a grandes corporaciones tecnológicas”, generan “interrogantes sobre gobernanza, soberanía del dato y equidad sanitaria”. Por otro lado, la automatización de procesos clínicos "podría desplazar aspectos esenciales del cuidado humano, especialmente en Enfermería, donde la comunicación, la empatía y el juicio contextual siguen siendo difícilmente asumibles”.

A ello se suma el hecho de que los profesionales sanitarios “continúan prestando una formación limitada a estas tecnologías”. “La ausencia de programas formativos estandarizados y las desigualdades en el acceso a recursos digitales dificultan una integración equitativa y evidencian la necesidad de estrategias educativas adaptadas al entorno sanitario -exponen-. En este contexto, resulta fundamental fomentar una cultura de registro e investigación en Enfermería, ya que un registro estructurado mejora la continuidad asistencial y facilita la generación de conocimiento aplicable a la práctica clínica”.

Añaden los investigadores que la creciente digitalización puede aumentar, a su vez, la carga burocrática y tecnológica sobre profesionales que ya trabajan en entornos marcados por la sobrecarga laboral y la falta de recursos humanos.

En definitiva, inciden en que pese a que la IA puede considerarse un elemento “transformador” de la sanidad capaz de mejorar la eficiencia, la seguridad clínica y la calidad asistencial, solo podrá desarrollarse plenamente “mediante una implementación equilibrada que integre ética, formación, adaptación organizativa y orientación hacia la salud pública”.
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