Antes de comenzar, pensaba que Enfermería era "algo mucho más básico porque los enfermeros no diagnostican"

Natalia García, estudiante de Enfermería.
Natalia García, estudiante de Enfermería.


Natalia García estudia segundo de Enfermería en la Universidad de Málaga (UMA), sin embargo su objetivo va más allá. A pesar de repetir la PAU tres veces y cursar el Grado Superior de Laboratorio Clínico y Biomédico, no consiguió entrar a Medicina, una idea que la acompaña desde tercero de la ESO. Ahora, mientras avanza en Enfermería, reconoce que sigue sintiendo "esa espinita" y que su intención es intentar dar el salto cuando termine el grado.

"El proceso de repetir la PAU tres veces fue una mezcla de esperanza y decepción cuando veía que incluso subiendo nota no era suficiente", explica a Redacción Médica. La primera vez que se presentó a la PAU llegó con una media de Bachillerato de 8,96 y obtuvo una nota de 11,3. Sin embargo, no fue suficiente para acceder a Medicina. "Cuando vi las notas de la PAU sentí que todo el esfuerzo no sirvió para nada y que Medicina no era para mí", recuerda. Esa sensación marcó el inicio de un recorrido académico que le obligó a replantearse sus planes, aunque sin abandonar del todo su vocación sanitaria.

De FP a Enfermería tras repetir la PAU


Tras un primer intento, Natalia decidió matricularse "sin ganas" en el Grado Superior de Laboratorio Clínico y Biomédico. Sin embargo, esa etapa terminó convirtiéndose en una experiencia positiva. "Fui muy feliz cursando esta FP, conocí a gente increíble y pude comprobar que eso que me pasaba a mí le pasa a la mayoría de estudiantes, por desgracia", relata. Además, la formación le permitió acercarse al ámbito sanitario desde una perspectiva más práctica, especialmente durante sus tres meses de prácticas en el Hospital Clínico de Málaga.

"Me sirvió para aprender que hay más de un camino y me dio una visión mucho más realista del ámbito sanitario", señala. Después del primer año de FP volvió a presentarse a la PAU a los examenes de Biología y Química y subió su nota hasta un 11,6. Tras el segundo curso repitió de nuevo la prueba, esta vez "mucho más tranquila y confiada", aunque ya había empezado a asumir que Medicina quizá no sería su destino inmediato.

Finalmente alcanzó una nota de 12,6, gracias a una media de 9 en el FP y a sus calificaciones en Biología y Química, donde obtuvo un 9 y un 9,5, respectivamente. Con esa nota consiguió entrar en Enfermería, aunque no lo vio como una segunda opción. "Ya había renunciado a la posibilidad de entrar en Medicina. Se puede decir que cambié mi objetivo con el fin de no desesperanzarme más", afirma.

Su percepción sobre esta carrera también ha cambiado con el tiempo. Antes de comenzar, pensaba que Enfermería era "algo mucho más básico porque los enfermeros no diagnostican". Sin embargo, durante el grado ha descubierto una formación mucho más amplia de lo que imaginaba: "En la carrera me he dado cuenta de que el temario es extenso y estudiamos para incluso poder diagnosticar a pacientes, aunque en el ámbito laboral luego no lo hagamos".


"A veces me imagino entrando a un quirófano de prácticas y me entran ganas de llorar. Es como un escenario que siento que nunca va a pasar"



Ese proceso también ha modificado su forma de estudiar y de entender la exigencia académica. Natalia recuerda que en primero de Bachillerato lo pasó "muy mal" por la autoexigencia que se imponía, hasta el punto de levantarse todos los días de la semana a las cinco de la mañana. A esa presión se sumaron comentarios de algunos profesores que no la ayudaron. "Sugerían: 'Tú nunca vas a entrar a Medicina con estas notas'", recuerda. "Ahora mi visión ha cambiado muchísimo. Estudio para aprender y siento que si luego hiciese Medicina sería para seguir aprendiendo aún más y por vocación al cien por cien. Sueño con ser cirujana".

No entrar a Medicina


La cirugía sigue siendo, de hecho, lo que más le atrae de Medicina. "A veces me imagino entrando a un quirófano de prácticas y me entran ganas de llorar. Es como un escenario que siento que nunca va a pasar", reconoce. Para ella, que una nota determine el acceso a una carrera sanitaria tiene un impacto emocional importante en quienes han dedicado años a prepararse. "Es muy triste que actualmente un número defina si eres capaz o no de entrar a una carrera y dedicarte a un trabajo el resto de tu vida", señala. Aunque está "muy feliz" en Enfermería y tiene claro que va a terminar la carrera, admite que conserva "esa espinita" de estudiar Medicina.

Así, su intención es intentar acceder a Medicina cuando termine Enfermería, aunque sabe que el camino tampoco será sencillo. "No es del todo fácil, ya que si no tengo más de un 9 de media no es suficiente para entrar y tendré que volver a repetir la PAU, volviendo otra vez a la misma situación de antes", explica. No obstante, en el caso de que lo consiga si finalmente consigue estudiar Medicina después de Enfermería, su experiencia previa le dará una mirada distinta en el trabajo. "Creo que cuando termine Enfermería y haga Medicina, mi visión en el trabajo será otra, teniendo muchísima vocación, dedicación, conocimientos y experiencia", afirma.
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