Se trata de una prueba de sangre que permite identificar signos precoces de insuficiencia cardíaca

Sonia Mirabet, presidenta de la Asociación de Insuficiencia Cardiaca de SEC; e Isabel Egocheaga, responsable del Grupo de trabajo de Cardiovascular de la SEMG.


La insuficiencia cardiaca continúa siendo una de las principales causas de hospitalización en mayores de 65 años y, según los especialistas consultados, en demasiados casos se diagnostica cuando la enfermedad ya está avanzada o en el contexto de una descompensación aguda en Urgencias. Tanto en Atención Primaria como en Cardiología existe un consenso creciente: el reto ya no es solo tratar la enfermedad, sino anticiparse a su aparición. Aunque desde Medicina de Familia se advierte de un problema de base, ya que hay una prueba de sangre clave para detectar de forma precoz esta patología, pero su acceso aún no está extendido en todos los centros de salud.

En este contexto, Isabel Egocheaga, responsable del Grupo de trabajo de Cardiovascular de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), señala que una de las principales dificultades en consulta es que la insuficiencia cardiaca sigue pasando desapercibida en fases iniciales. "Hay pacientes que tienen más riesgo y hay que pensar en ello activamente. El problema es que la sospecha clínica a veces no llega", explica.

El síntoma clave es la disnea, la sensación de falta de aire, pero su identificación no siempre es sencilla: "Se confunde con causas respiratorias o incluso con el envejecimiento. Además, hay pacientes que minimizan los síntomas o los normalizan".

En la misma línea, Sonia Mirabet, presidenta de la Asociación de Insuficiencia Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) advierte de que la enfermedad suele avanzar de forma silenciosa antes del diagnóstico. "Lo que sabemos es que, una vez aparecen los síntomas de insuficiencia cardiaca, la progresión suele continuar a pesar del tratamiento", señala. Por ello, insiste en la necesidad de actuar antes: "Estamos intentando anticiparnos al desarrollo de la enfermedad".

Una enfermedad multifactorial


Ambas especialistas coinciden en que la insuficiencia cardiaca no aparece de forma aislada, sino como resultado de múltiples factores acumulados. Mirabet detalla que la lista es amplia: hipertensión arterial, diabetes, obesidad, insuficiencia renal, antecedentes de infarto, arritmias, consumo de alcohol, algunas enfermedades genéticas o incluso tratamientos como quimioterapia cardiotóxica. "Hay muchas circunstancias que pueden acabar condicionando que el músculo cardiaco no funcione correctamente", explica. 

Egocheaga refuerza esta visión desde Atención Primaria y subraya la importancia de identificar estos perfiles de riesgo en consulta, ampliando el enfoque también a pacientes "con antecedentes oncológicos tratados con ciertos fármacos" que deberían "ser vigilados de forma más estrecha".

El papel de los péptidos natriuréticos: detectar antes el daño


Uno de los puntos centrales del debate es el uso de los péptidos natriuréticos (BNP y NT-proBNP), biomarcadores que "aportan información sobre el estrés al que está sometido el corazón", señala Mirabet, explicando que que reflejan una sobrecarga del músculo cardiaco y pueden elevarse incluso antes de que aparezcan síntomas.

En la práctica clínica, su uso ya está consolidado en determinados contextos. En pacientes con síntomas evidentes -como disnea o edema-, los péptidos ayudan a confirmar o descartar el diagnóstico. "Tienen un alto valor predictivo negativo: si son bajos, es muy poco probable que el origen sea cardiaco", apunta la cardióloga.

Egocheaga coincide en este punto y destaca su utilidad en Atención Primaria, aunque advierte de una limitación importante: "Hoy por hoy, los péptidos natriuréticos no están dentro de la cartera de pruebas a la que puede acceder de forma general la Atención Primaria en todos los centros de salud".. Esta situación, según la facultativa, genera desigualdades entre territorios y entre niveles asistenciales, lo que dificulta el diagnóstico precoz.

Por eso, Egocheaga coincide en la necesidad de reforzar esta estrategia en Atención Primaria: "No hay que esperar a que el paciente llegue con insuficiencia cardiaca establecida. Hay que actuar antes". En este punto, ambas coinciden en que los biomarcadores podrían jugar un papel clave para identificar a estos pacientes antes de que aparezca la enfermedad clínica.

Diagnóstico precoz vs saturación del sistema


Uno de los grandes debates es si el cribado sistemático con péptidos natriuréticos en población de riesgo es viable. Mirabet defiende que la lógica médica apunta a la prevención: "En muchas ocasiones, anticiparnos implica evitar costes mucho mayores en el futuro. La mayor parte del gasto sanitario en insuficiencia cardiaca se debe a descompensaciones e ingresos".

Sin embargo, reconoce que los efectos del cribado no son inmediatos: "Es una estrategia que no siempre se traduce en beneficios a corto plazo, pero sí a largo plazo en términos de salud". Egocheaga, desde Atención Primaria, añade que la prueba no es especialmente costosa y que podría ser asumible si se organizara correctamente el acceso.

Otra de las cuestiones clave es cómo actuar cuando un paciente asintomático presenta péptidos elevados. Mirabet propone un enfoque escalonado: "repetir determinaciones, realizar ecocardiogramas y estratificar el riesgo antes de iniciar tratamientos". En su opinión, este grupo de pacientes podría beneficiarse de un seguimiento más estrecho, aunque todavía no existe un consenso definitivo sobre la intervención farmacológica en fases tan precoces.

Tratamiento: el futuro es preventivo


Ambas especialistas también coinciden en que el tratamiento de la insuficiencia cardiaca está evolucionando hacia fases cada vez más precoces. Mirabet explica que existen fármacos que ya han demostrado beneficios en pacientes con alto riesgo, incluso antes de desarrollar insuficiencia cardiaca clínica

Entre ellos, destacan medicamentos utilizados en diabetes o insuficiencia renal que han mostrado efectos protectores sobre el corazón y además menciona el papel de los cambios en el estilo de vida como parte esencial de la prevención. Egocheaga añade que este enfoque preventivo ya está presente en otras patologías cardiovasculares, como la prevención del infarto o el ictus, y podría trasladarse progresivamente a la insuficiencia cardiaca.

En definitiva, la insuficiencia cardiaca se encuentra en un punto de transición. Por un lado, la evidencia científica y las guías clínicas avanzan hacia una detección cada vez más precoz basada en factores de riesgo y biomarcadores. Por otro, la implementación práctica en los sistemas sanitarios sigue siendo desigual. Por esta razón, mientras Atención Primaria reclama más acceso a pruebas como los péptidos natriuréticos, Mirabet afrirma que estamos "ante un cambio hacia una Cardiología preventiva". 

El consenso, sin embargo, es claro: la clave ya no es solo tratar la insuficiencia cardiaca cuando aparece, sino intentar evitar que llegue a desarrollarse.
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