JOSÉ MARTÍNEZ OLMOS, PROFESOR DE LA ESCUELA ANDALUZA DE SALUD PÚBLICA
Mar 19 mayo de 2020. 11.40H
La sanidad desde el ángulo izquierdo
Si conseguimos que la evolución de la pandemia por la Covid-19 se adecúe a los planteamientos del Plan para la transición hacia la nueva normalidad, habremos conseguido una primera victoria en la larga guerra contra el virus.

Para ello, necesitamos asegurar un eficaz cumplimiento de las medidas de prevención establecidas por las autoridades sanitarias: mantener la distancia de 2 metros entre personas, usar mascarillas en espacios cerrados, transporte público y en la calle o practicar la higiene de manos entre otras. Estas cuestiones requieren una disciplina por parte del conjunto de la población: es decir, por parte de cada uno de nosotros.

De igual forma, necesitamos asegurar definitivamente un sistema de información eficaz e integrado que permita una vigilancia epidemiológica precisa para cualquier parte del territorio español y, también, necesitamos asegurar la disponibilidad de los recursos humanos y materiales (test, inteligencia artificial y elementos de geolocalización) que aseguren la detección precoz de casos y el rastreo eficaz de sus contactos para la eventual prescripción de aislamiento domiciliario preventivo que permita el control de la infección en la comunidad. En definitiva el refuerzo real de las capacidades de la Atención Primaria con una visión que no sea coyuntural ni de corto plazo.


"La OMS debe asegurar la definición de criterios técnicos que permitan priorizar la aplicación de la vacuna a los grupos más vulnerables dado que la producción será paulatina, por muy masiva que sea"


Soy relativamente optimista respecto al cumplimento de todos los aspectos comentados y espero por tanto que pronto entremos en una fase de control de la epidemia que evitaría que nuestros servicios se volvieran a ver desbordados.

Es por eso que estoy seguro que en las próximas semanas irá cobrando importancia el proceso que debe desarrollarse (que se está desarrollando aunque sea de manera discreta) para estar preparados para el caso de que en un futuro próximo podamos disponer de una vacuna efectiva frente a la Covid-19.

Este proceso debe tener como principal objetivo el asegurar el acceso universal a la vacuna con criterios de equidad ya que  ningún país y ninguna persona debiera estar bajo ninguna discriminación en el acceso a la prevención de la Covid-19, si finalmente disponemos de vacuna.

Es por eso que el proceso al que me refiero tiene varios aspectos a considerar: uno de ellos está en manos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para hacer posible que se produzcan las condiciones para una producción masiva y segura a un precio justo para que esta variable no se constituya como una barrera para países con menos recursos.

Igualmente, la OMS debe asegurar la definición de criterios técnicos que permitan priorizar la aplicación de la vacuna a los grupos más vulnerables dado que la producción será paulatina, por muy masiva que sea. Y en la definición de esos criterios técnicos hay que asegurar capacidad de compromiso y valentía para vencer eventuales presiones.

Otro de los aspectos está más cerca de nosotros: en el ámbito de la Unión Europea (UE). La importancia politica, económica y social de la UE obliga a trabajar en la dirección señalada ayudando a la OMS a conseguir esos objetivos. Pero también la UE ha de poner rumbo en relación a activar su maquinaria política y técnica para establecer las garantías de seguridad y eficacia a las eventuales vacunas que deberán ser sometidas a la evaluación preceptiva de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), y por supuesto, en la definición de criterios técnicos para la priorización de su aplicación en la que debe tener un protagonismo esencial nuestro Centro europeo para la prevención y control de enfermedades (ECDC).

Desde luego que la UE debe trabajar también para hacer posible una colaboración estrecha entre compañías farmacéuticas con capacidad de activar la producción de vacunas (al menos las europeas) previo acuerdo con aquella o aquellas que consigan registrar la vacuna o vacunas. Será necesaria una producción masiva y ello requiere cooperación, pero también garantías en todos los sentidos (incluidos los de propiedad intelectual e industrial) en el marco de una situación extraordinaria como es la declaración de pandemia).

En el ámbito nacional referido a nuestro país, es imprescindible la participación activa de España en el impulso de las tareas señaladas para la OMS y la UE ya que somos miembro relevante en ambos espacios de cooperación multilateral y dado que tenemos capacidad y conocimiento para aportar iniciativas y también, para aportar fondos en las iniciativas que procedan y ser así socios de primer nivel.

Habrá que trabajar desde ya para generar consensos científicos e institucionales en España en relación a los criterios de priorización que deban establecerse para proteger a los más vulnerables al virus, en el marco de una estrategia que asegure el paulatino acceso universal y equitativo a la vacuna.

Por supuesto, es imprescindible generar los acuerdos contractuales concretos con las compañías productoras para asegurar esa disponibilidad para el conjunto de la población española.

Y a medio plazo, una estrategia nacional que permita invertir más en investigación en vacunas e, incluso, disponer de una planta de vacunas para España y nuestra área de influencia, puede hacer que estemos mejor preparados para el futuro.