18 nov 2018 | Actualizado: 19:00
Dom 27 marzo. 12.20H
El negocio de los locales médicos privados, especialmente aquellos relacionados con clínicas dentales o de estética, copan el interés de la prensa generalista. Y como muestra, el diario ABC ha publicado varios reportajes sobre el supuesto intrusismo que hay en España sobre este asunto (como los recientes casos de Funnydent o Vitaldent) y la regulación que tienen estas empresas en el resto del mundo.

"En España se abren clínicas de salud y estética como si fueran churrerías", declara Julio Rodríguez, presidente de Dentistas Unidos Fuenlabrada, uno de los pocos (entre decenas de doctores consultados por este periódico) que no tiene remilgos en poner su nombre y apellido ante una denuncia que secundan muchos especialistas, afirma ABC. "Se hace negocio con la salud y cualquiera con capital y un titulado dentro del local, aunque sea un familiar" puede montar una clínica. Esto se debe, en gran parte, a que la normativa que regula estos establecimientos en España es laxa, relata el reportaje firmado por Érika Montañés.

Ante esta situación, los profesionales sanitarios no se quedan con los brazos cruzados y deciden denunciar públicamente el intrusismo que vive su profesión, especialmente en las especialidades de Odontología, Dermatología y Cirugía Estética. "No hay una legislación unitaria en este país para que detrás de cada clínica se exija una responsabilidad y una titulación, y no simplemente que haya alguien que actúa como financiador. Al consumidor lo que habría que decirle es que se documente siempre a través de un profesional para saber a qué clínica es mejor que se dirija", desgrana Pedro Tormo es el director médico del Grupo Francis Lefebvre el Derecho.

Y es que, abrir un negocio médico privado, una tarea reservada al especialista en el resto del mundo, explica otro reportaje de ABC. Como en el caso de Estados Unidos, donde una empresa no puede ser la propietaria de una clínica dental o estética. "Con el tiempo, esa idea ha cambiado, muchas veces a petición de los propios profesionales sanitarios, ávidos de los beneficios fiscales y legales de trabajar bajo el paraguas de una compañía. Por ello, la mayoría de los estados aprobaron figuras corporativas específicas para este tipo de clínicas, en las que se seguía exigiendo que el dueño de la compañía fuera una persona con licencia para esas actividades sanitarias", publica el reportaje.