Manuel Cascos, presidente del Sindicato de Enfermería, SATSE
Jue 05 diciembre de 2019. 09.00H
Sanidad, presente y futuro
Un total de 50 jefes de Estado o de Gobierno y representantes de los principales organismos internacionales se dan cita estos días, en Madrid, para participar en la Cumbre del Clima (COP25) que debe sentar las bases para una nueva fase de acción a nivel mundial contra el cambio climático propiciado por el calentamiento global de nuestro planeta.

Estando aún pendiente de los acuerdos y conclusiones que se alcancen al término de este gran evento internacional, escribo estas reflexiones desde la firme convicción de que estamos en un momento decisivo para el futuro de toda la humanidad. De lo que ahora hagamos, o no, dependerá la vida de nuestros hijos y nietos y las siguientes generaciones.

Comparto con la práctica totalidad de las personas y, especialmente con mis compañeros y compañeras de profesión, una gran preocupación por las consecuencias que el calentamiento global tienen en todos los aspectos de nuestra vida, y, fundamentalmente, en nuestra salud.

Numerosos estudios, análisis e informes difundidos en los últimos años no dejan lugar a dudas de que, no solo existen numerosos efectos perjudiciales para la salud motivados por el calentamiento global, sino que ya son evidentes y que aumentarán significativamente en los próximos años.


"Como agentes fundamentales en la promoción de la salud entre todos los ciudadanos, los enfermeras y enfermeros nos encontramos en el ámbito de la acción social que se debe implicar para propiciar un mundo más sano y saludable"


Hablamos, entre otros, de los efectos provocados por la exposición directa al exceso de calor o los peligros físicos de eventos climáticos extremos, o los que que resultan de la interrupción de los ecosistemas o de la relación entre las especies (desnutrición por la caída de cosechas o mala salud del ganado, exposición a enfermedades infecciosas debido a cambios en los vectores de enfermedades…)

Existen, además, otros impactos para la salud que no son necesariamente el resultado del cambio climático, pero que se relacionan estrechamente con los procesos físicos y químicos de nuestra economía impulsada por combustibles fósiles (niveles más altos de contaminación del aire, una mayor exposición a los rayos UV como resultado de la reducción de la capa de ozono…)

Graves impactos todos ellos de la actual crisis climática que se acentúan en el caso de los niños, niñas y jóvenes al estar más expuestos que los adultos a los efectos nocivos del calentamiento de nuestro planeta. Niños, niñas y jóvenes que vivirán en un mundo cuatro grados más cálido que el promedio de la etapa preindustrial y que será también especialmente hostil para los que viven en los países más desfavorecidos.

Esta es la realidad, por mucho que algunos gobiernos de países de gran peso internacional, como Estados Unidos, y numerosos grupos empresariales y de presión sigan negando la evidencia porque actuar en consecuencia les supondría poner en peligro mayores incrementos en sus respectivas cuentas de resultados.

Resulta bochornosa y pueril la premeditada cortedad de miras de aquellos que dicen defender el bien e interés común desde pulcras tribunas de oradores y, al mismo tiempo, promueven un desarrollo económico y social perjudicial e insostenible que lleva a toda la humanidad a un callejón sin salida.

Vivimos momentos de “emergencia climática”, como así lo denomina ya el Parlamento Europeo, y resulta absolutamente necesario una acción gubernamental conjunta en lo que respecta a la producción, distribución y uso de energía y en otros aspectos de nuestra actual sociedad moderna (industria, edificios, transporte y ciudades…)

Y también es primordial la movilización y acción social. Una mayor implicación de toda la sociedad que, siguiendo el ejemplo de miles de jóvenes que se manifiestan desde hace meses en las calles y plazas de numerosos países, actúe de manera individual al tiempo que reclama responsabilidades de manera global.

En este ámbito nos encontramos las enfermeras y enfermeros que, como agentes fundamentales en la promoción de la salud entre todos los ciudadanos, somos los primeros interesados en propiciar un mundo más sano y saludable, ahora y en el futuro.

Con este horizonte estamos trabajando, junto al resto de organizaciones que forman parte del GNU (Global Nurses United), buscando, entre otros objetivos, realizar una mayor labor de información y sensibilización en niños y niñas, jóvenes y adultos sobre los efectos nocivos para la salud del calentamiento global y su consecuente cambio climático.

Los enfermeros y enfermeras también somos parte de la lucha contra la emergencia climática y de salud y haremos todo lo que esté en nuestra mano para mejorar un futuro que, en estos momentos, se encuentra en peligro.

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