El BOE de 04.08.2021 publicaba el Decreto Ley por el que se reconocía la especialidad de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia. Han tenido que pasar 70 años desde la primera vez que se solicitó, demostración clara que fue pensado, matizado y repensado y rematizado. Múltiples circunstancias, alguna de ellas francamente curiosa cuando no rocambolesca, han influido en este simpar atraso.

Durante todo este tiempo han existido personas fundamentales por el interés mostrado en que la Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia fuera una especialidad médica autónoma y de pleno derecho. Estas personas eran profesionales reputados y que, en ocasiones, ponían en juego todo su prestigio para intentar que la especialidad fuera un hecho.

En el año 1951 en el Casal del Metge en Barcelona se constituye la Sociedad Española de Neuropsiquiatría Infantil, celebrando desde entonces todos los años una actividad científica y adaptando su identidad a la realidad de cada momento, hasta la actualidad que ha modificado el nombre a Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia. Entre sus objetivos siempre estuvo, desde el momento de su fundación, la obtención de un título médico autónomo.


Repaso de la historia de Psiquiatría Infantil y de Adolescencia


No es lugar para realizar la historia con detenimiento de la especialidad de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia, profesionales como Córdoba, Velasco, Diego Gutiérrez, Mendiguchía y Vicente López-Ibor son importantes y es obligado señalar su huella y su incansable tesón por conseguir la especialidad, punto del día obligado en todas las asambleas de la asociación fuera de Neuropsiquiatría Infantil, Psiquiatría Infanto-Juvenil (Aepij) o de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia (Aepnya), cambios de nombre que han acontecido en este devenir.

En la primera época el profesor Lluis Folch i Camarasa representó un punto de referencia, al ocupar la cátedra que detentara el profesor Vidal i Parera de Psicopatología Infantil en la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona, quien había escrito un libro delicioso sobre los trastornos mentales de la infancia, publicado en 1908, existiendo un ejemplar en la biblioteca de la Real Academia de Medicina.

En Madrid la doctora Flora Prieto Huesca, trabaja en la Escuela Nacional de Puericultura siendo su director el profesor Enrique Jaso Roldán. El resultado de la guerra civil hace que se desposea de ese nombramiento al profesor Jaso y a todos los que con él trabajaban. Tras varios decenios el profesor Jaso es repuesto como Director de la Clínica Infantil La Paz y llama a la doctora Prieto para constituir la Sección de Paidopsiquiatría, donde permanece hasta su jubilación. Con ella nos formamos Manuela Utrilla en la primera época y le recomienda irse de España, luego llegamos los MIR de la Clínica Infantil La Paz: Javier Loño, Mercedes Rodrigo y yo mismo.

En el Hospital, hoy denominado, de la Vall d’Hebrón de Barcelona accede el profesor Josep Tomás i Vilaltella, de la mano de otro personaje de los grandes de la Pediatría: Ángel Ballabriga. Con él trabajan, entre otros, Lourdes Teixidor, Ana Bielsa y Xabier Gastaminza, poniendo en marcha el primer Máster de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia en la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona.

En Sevilla se constituye la primera Cátedra de Psiquiatría Infantil en una facultad de Medicina, tras múltiples recursos y vicisitudes, que detenta el profesor Jaime Rodríguez-Sacristán, de carácter bonancible y apacible, era el contrapunto al vigor de los anteriores. Bajo su dirección realicé mi Tesis Doctoral.

Se han señalado estos tres hitos para hacer referencia a la existencia de antecedentes claros y referentes históricos, frente al adanismo actual que se señala como principio y origen de la especialidad.


Reconocimiento de la especialidad 


A raíz del reconocimiento de la especialidad en el BOE de 04.08.2021, se constituye una Comisión gestora de la especialidad, nombrada, formalmente, siguiendo la normativa de otras comisiones de especialidad, pero se hizo con un gran oscurantismo, sectarismo y amiguismo, de tal suerte que la sorpresa en muchos sectores profesionales fue relevante, pero esperada, resultando una paradoja, una más en la historia de esta recién nacida especialidad. Su labor ha dado cuenta de estas características señaladas en su conformación. Se erigieron como los primeros especialistas, plantearon una convalidación para los profesionales, y todo sin tener en cuenta lo precedente, eran los “adanistas” institucionales: antes de nosotros el caos.

En la primera convalidación de especialistas se formularon unos criterios que no eran discrecionales, sino arbitrarios, poniendo plazos de ejercicio profesional sin criterio y dejando fuera a todos los profesionales que habían sido el sustento del ejercicio profesional durante decenios, inclusive quedaron fuera de la concesión del título profesionales que habían luchado por el reconocimiento del título y habían sido el sustrato de formación real de muchos de los que obtenían el título de especialidad y con quienes se habían formado. Esta gente no se comió a los hijos, sino que se zamparon a los padres siguiendo las teorías de Lacan, les hicieron desaparecer, no eran competencia pues mayoritariamente estaban jubilados, simplemente faltó generosidad y reconocimiento.

Visto el resultado, se puso en marcha la posibilidad de realizar una prueba de convalidación, se tuvo la desfachatez de ofrecer esa prueba a algunos de estos veteranos profesionales a los que se había negado el título previamente, hasta ese punto se llegó a atacar la dignidad profesional de estos veteranos luchadores por la especialidad. El examen, elaborado por la Comisión, fue criticado por la mayoría de los que solicitaron presentarse a la prueba, demostrando, una vez más, el sectarismo de la misma. Las críticas realizadas tampoco tuvieron impacto, son así y como tales se comportan.


"Oscurantismo" en la docencia para formar a los MIR


La convocatoria de acreditación docente para los servicios donde formar a los MIR fue otra batalla librada con oscurantismo, escasa generosidad y gran sectarismo. Esta acreditación fue concedida con nocturnidad y alevosía y las protestas arreciaron. De forma complementaria, el programa de formación de profesionales era antiguo, incompleto y muy sesgado, eso sí: lo presentan como “la nueva Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia”. Una vez más el sesgo y el adanismo ocupa la programación docente que se presentará legal, pero incompleta y parcial, con gran predominio y peso del biologicismo recalcitrante. Se olvidan que en la Unión Europea de médicos especialistas, la Sección de la especialidad se denomina: Psiquiatría y psicoterapia de la infancia y la adolescencia, este “olvido” hace que ya sea un programa obsoleto.

De esta suerte son varias las razones, expuestas con anterioridad, por las que un anhelo legítimo se ha transformado en una inmensa frustración dominada por un manifiesto ataque a la dignidad personal y profesional de los profesionales que, en tiempos de penuria, ejercieron la especialidad, con empeño y con tesón, frente a comentarios y ataques de “los listos” de siempre. Con mal paso se ha iniciado la nueva especialidad, al ser puesta en manos tan adanistas y sectarias, tan escasamente integradoras y con tantos hiatos que parece un queso de Gruyère, una figura con pies de barro, una realidad llena de implícitos y dudas dominado por el deseo de poder de algunos que suple al criterio científico moderno, integrador.

Las protestas, desde diversos sectores, se están sucediendo, iniciar así el trayecto de una nueva y deseada especialidad no parece lo más pertinente, erigirla sobre arenas movedizas es un peligro tremendo para el prestigio científico y humano de esa especialidad. Recuerden que quien olvida su historia está obligado a repetirla. No puede ni debe olvidarse los trayectos de llegada al reconocimiento de la especialidad de Psiquiatría (y psicoterapia) de la Infancia y la Adolescencia, esta falta de respeto es tratar de forma arbitraria y con indignidad a la historia previa. No podrá desarrollarse la especialidad por estos caminos y debiera recomponerse el reconocimiento de los que quedaron fuera de forma arbitraria e indigna. Por un minuto de gloria personal, se olvidan la historia real.