“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo tendrá una generación de idiotas”. Albert Einstein

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, anuncia la regulación del uso de las redes sociales para la infancia y la adolescencia, llegando a la prohibición de su uso a los que tengan menos de 16 años. En respuesta inmediata ha recibido ataques ácidos por parte de patronos de las redes sociales X (antes Twitter) y Telegram, Elon Musk y Pável Dúrov, respectivamente.

Esta opción es una tendencia que plantean varios gobiernos de países de muy diversa ideología, como Australia, Francia, Portugal, Reino Unido, Dinamarca y ahora España.

La utilización de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha tenido una historia paulatina, a la par que se modificaban las herramientas informáticas.

En la década de los años 50-60 del pasado siglo aparece la televisión, hasta llegar a la década actual con los smarphones que son unos potentes ordenadores que unifican todas las funciones comunicativas con un aparato que se lleva en el bolsillo y cabe y se maneja con una mano.

El uso general de las TIC evidenció importantes aspectos positivos, como estar y ser incluido con la generación que corresponde en estos tiempos, su uso ayuda a un tipo de lógica concreta en su dimensión de lógica formal, se facilita una comunicación controlada… o no. Este aspecto contiene ambas posibilidades: se facilita el acceso a la información (para por ejemplo trabajos, estudios, cultura…), que se hacen accesibles de forma rápida y flexible. Además, se sabe que el uso de las TIC ha ido ocupando actividades de ocio, tiempo libre y esparcimiento. En su conjunto, su uso introduce una lógica formal bastante adecuada.

Desde el inicio de la década de los noventa del pasado siglo he investigado sobre este tema y fui profundizando con la inestimable colaboración de tres grandes profesionales: el Dr. Carlos González Navajas y las Dras. Sandra Quirós y Mercedes Folqué, que sufrieron conmigo los embates de los “sabios” de aquel momento.

Los niños y niñas a estas edades ya poseen un smartphone, en la mayoría de los casos de última generación y más potentes que los que poseen sus propias figuras parentales. Estefanía Jiménez Iglesias, de la Universidad del País Vasco, señaló hace 10 años que el 60 por ciento de los niños y niñas lo tenían, en la actualidad se sitúa entre el 80-85 por ciento, según una encuesta de UNICEF

Se comprueba una sustitución progresiva de los juegos tradicionales por la utilización de los teléfonos móviles que se transforman en juguetes y, en no pocas ocasiones, en calmante de situaciones de soledad y/o de ansiedad.

Aparece un hiperconsumo que origina signos claros de alteración en la relación social (restricción paulatina de las relaciones sociales “reales”, disminución de contactos con sus amigos habituales e incremento del tiempo de permanencia en el domicilio familiar) y en las interacciones (disminución de las interacciones sociales habituales, disminución de las interacciones familiares, las interacciones se encuentran mediadas por las TIC, incremento del tiempo de permanencia en su habitación e información desde y por las redes (-in-sociales, difundiendo la desinformación de forma masiva).

Las TIC poseen un atractivo muy relevante para la infancia y, sobre todo, en la adolescencia y por tener aspectos sintónicos con el funcionamiento del proceso mental en esa etapa del desarrollo humano. En las TIC existe sincronía, anonimato, capacidad de socializar y sentirse miembro activo de un grupo, le permite la construcción de identidades diversas, juegos sexuales y galanteo; todo ello se realiza con inmediatez, accesibilidad y teniendo la posibilidad de comunicación escrita. Lo que origina una oportunidad de estar en contacto permanente con ese contexto virtual, de socializarse virtualmente, disfrutar del ocio, generar seguridad y una sensación de control en figuras parentales y parejas, facilitando la gestión del tiempo y de la información, capacidad de expresar sentimientos, combinando dos tipos de comunicación, la sincrónica (oral) y la asincrónica (escrita).

Desórdenes en infancia y adolescencia por las TIC


La utilización de las TIC por la infancia y adolescencia originan dos tipos de desórdenes de relevancia: la posible adicción y el uso disfuncional de ese medio.

Las TIC son potencialmente adictivas por dos factores claves: la gratificación emocional y mental de forma inmediata y por facilitar la evasión de la realidad a una nueva realidad, en este caso virtual.

La evidencia científica aporta que el uso excesivo y frecuente de las TIC se acerca a la adicción, puesto que presenta los siguientes signos: tolerancia, precisando cada vez más tiempo de uso para obtener similares resultados; cuando no se utiliza aparecen síntomas subjetivos de ansiedad y malestar que son propios de la abstinencia, se constata una pérdida de control paulatina que potencia el consumo con ocultación y el abandono de actividades y cambios en el comportamiento y presencia de craving, que es un fenómeno que se presenta como la sensación de anhelo hacia su consumo. Y todo ello tiene un relevante y fundamental componente personal de modulación y modelación de esos síntomas y signos.

La hiperutilización de las TIC se relacionan, por asociación, con alteraciones psicopatológicas. Por un lado se utilizan los móviles para llamar con el objeto de presionar/acosar, se utilizan las grabaciones para tener “pruebas” y difundir por las redes (in)sociales para que “se sepa el poder que tengo”; en este sentido el móvil se transforma en una centralita de comunicación total, apareciendo las citas de siempre y, sobre todo, las “nuevas” citas y caracterizan a una adicción nueva con características muy particulares.

El Centro de Atención a Drogodependencias (CAD) de la Comunidad de Madrid admite en el año 2016 que el 13,5 por ciento de sus consultas iniciales eran jóvenes madrileños, entre los 18-25 años de edad, que acudían con conductas adictivas a las TIC.

En España existen más de 12 millones de usuarios habituales de redes (in)sociales, compitiendo Whatshapp, Facebook, Youtube, Tiktok, Instagram, Telegram y Google (Buzz). La sobrerrepresentación en el consumo de las redes en la adolescencia tiene una serie de razones básicas: inmediatez y concreción de los mensajes, lo que comporta una labor de síntesis de los mensajes, capacidad para generar conversación y de incrementar la retransmisión en directo de la propia actividad, posibilidad de publicar aspectos de la propia vida, surgiendo la posibilidad de crear negocios y convertir el nombre en negocio (branding) y, por fin, que son áreas de multitarea.

Según Estefanía Jiménez Iglesia, de la UPV, el inicio del consumo de redes sociales es muy precoz, representando en torno al 15 por ciento a los 9-10 años, se va incrementando hasta que a los 15-16 años su utilización se eleva hasta el 95 por ciento. Según los propios usuarios a estas edades se persigue mantener contactos, entretenimiento, buscar amigos, porque es la moda, representa una novedad y para ligar.

El hiperconsumo de TIC se las puede relacionar con clínica de elevado nivel de ansiedad, somatizaciones, trastornos del comportamiento, dificultades de concentración y de aprendizaje, síntomas de la serie depresiva, aislamiento social, miedo generalizado, trastornos de la alimentación, trastornos del sueño, conductas regresivas y, en casos extremos con trastornos disociativos y conversivos. No es baladí este tipo de consecuencias.

En Japón se describió un tipo de trastorno en casos extremos que mi equipo detectó en, al menos, tres casos de jóvenes que habían ingresado en la Unidad de hospitalización. Este proceso se denominó por los japoneses como 'Hikikomori', y constaba de alejarse y confinarse, con una negativa a aventurarse fuera de su habitación, que se transforma en un verdadero refugio rodeado de realidades alternativas (juegos, Internet, cómics tipo manga…). Tiene una mayor incidencia en varones adolescentes y en Japón se han diagnosticado en un año a 1,2 millones de japoneses.



"El ciberacoso acontece más en chicas y en poblaciones de jóvenes LGTBIQ+, y el inicio cada vez aparece de forma más temprana"



Existe relación entre el hiperconsumo de las redes sociales y conductas de autolesiones y otro tipo de conductas autolíticas. En los últimos 10 meses se han detectado más de 360.000 entradas en páginas como “autolesiones adolescentes”, “cómo autolesionarse”, “grupos de autolesiones adolescentes” y “born to die”. Más de 2 millones de entradas se han detectado en temas relativos al suicidio en la adolescencia con entradas tipo “quiero suicidarme”, “suicidarme sin dolor”, “suicidio sin dolor”, “ayuda a suicidarme” o “cómo suicidarse”.

Más de 3,5 millones de entradas de adolescentes se han detectado en dos páginas relacionadas con la anorexia (Ana) y con la bulimia (Mía), con entradas tan explícitas como: “no quiero comer”, “cómo vomitar”, “no ganar peso”, “ser delgada”, “atracones”, “vigorexia” y “ortorexia”.

Ciberacoso o ciberbullying


Otra categoría psicopatológica de gran interés es el ciberacoso o ciberbullying, que representa el 70-80 por ciento de la totalidad de los procesos de acoso en la infancia y la adolescencia.

El ciberacoso consiste en un uso de información electrónica y medios de comunicación con contenidos difamatorios para acosar a un par o grupo de iguales, mediante ataques personales u otros medios y que constituyen un verdadero problema de salud pública, según Feldman et al (2013) y Borowsky et al, (2013).

Entre las formas de ciberacoso se destaca:

  • ciberacoso sexual
  • acoso entre adultos con finalidad sexual
  • ciberbullying o ciberabuso
  • acoso entre menores
  • grooming (child grooming, internet grooming, cybergrooming), que no es otra cosa que el engatusamiento de niños y adolescentes por parte de pedófilos o pederastas online, que consiste en ganárselos simulando empatía y cariño para involucrarle en actividades sexuales

En los últimos 5 años el ciberbullying se ha multiplicado por tres, sobre todo entre los 9 y los 12 años, disminuyendo a partir de los 15 años, las imágenes sexuales se han multiplicado por seis y el sexting (envío de mensajes, fotos o videos con contenido sexual, íntimo o erótico) por cuatro veces, según resultados de la investigación de Estefanía Jiménez, que son verdaderamente demoledores.

El ciberacoso acontece más en chicas y en poblaciones de jóvenes LGTBIQ+, el inicio cada vez aparece de forma más temprana, es frecuente la asociación con acoso presencial, el ciberacoso presenta una marcada dificultad de desconexión con la situación acosadora por parte de la persona ciberacosada, se transforma en un sufrimiento silencioso.

Según Garaigordobil (2011), el ciberacoso afecta a la salud física, al bienestar emocional y al rendimiento académico. A corto y medio plazo se manifiesta como ansiedad (16,6% Bartrina, 2014), somatizaciones como cefaleas y trastornos gastrointestinales inespecíficos, fatiga, enuresis secundaria, hiporexia, pérdida de peso, tics, mareos y vértigo, cuadros depresivos y dificultades en el mantenimiento del sueño, retracción social y tendencia al aislamiento como estrategia de evitación ante la sensación de vivir expuesto al acoso, conductas autolesivas, ideación suicida (29% Borowsky et al. 2013) o desenlaces fatales, incluso con mayor frecuencia que en los casos de acoso tradicional.

A largo plazo va instaurándose una alteración en la capacidad de relación consigo mismo y con terceros pese al cese la situación de acoso, interferencia en el desarrollo emocional y cognitivo de la víctima y en el de su personalidad con sentimientos de culpa y auto-reproche y sensación de inferioridad y baja autoestima que perpetúan la sensación de inseguridad y escasa protección.

Según la investigación de mi grupo de trabajo, tres eran las formas de presentación clínica prevalente: trastornos psicosomáticos, trastornos del comportamiento y trastornos del humor, por ello en estos procesos es tan importante realizar una meticulosa semiología sobre la utilización de las TIC.

De esta suerte se va evolucionando del ciberacoso a la situación de estrés postraumático, según un trabajo de Pedreira y Basile (2011) el tipo más frecuente es el de tipo III de Terr, que representa un acoso crónico con fases de agudización, lo que hace que se ensombrezca el pronóstico y pueda llevar a una conducta autolítica.

Otro problema es el uso y abuso de la pornografía por parte de la infancia y adolescencia, que se inicia con estos dispositivos a los 8-9 años y sustituye a la inexistencia de una correcta educación sexual integral. Ese consumo precoz de la pornografía lleva a problemas comportamentales de agresión sexual en grupo e individual y a actitudes machistas de gran relevancia.

Todo lo anteriormente referido son evidencias científicas que soportan la necesaria acción por parte del Gobierno para atajar el desarrollo de procesos de tanta relevancia en la infancia y la adolescencia.

No deja de tener importancia que los dueños de las plataformas, los magnates y oligarcas de las redes (in)sociales se opongan a la regulación porque hace referencia a su “negocio”, pero el gobierno debe actuar sobre la prevención de procesos en la población infantil y juvenil, sobre todo porque se sustenta en evidencias científicas de primera magnitud.