Una revisión sistemática sobre la viabilidad, seguridad, oportunidad, efectividad y eficiencia de la
atención enfermera en substitución de la
atención médica en diversos países y entornos asistenciales, publicada por la Colaboración
Cochrane, ha reavivado la polémica entre estas
profesiones sanitarias, particularmente sobre el monopolio de la
prescripción de los fármacos que se deben dispensar con receta.
Una atribución exclusiva de la profesión médica que se justifica por la
específica y dilatada formación requerida, una razón de mucho peso, pero que no garantiza absolutamente una prescripción pertinente, efectiva y segura. Como se puede intuir al revisar los análisis sobre la racionalidad de la
dispensación y consumo de medicamentos en nuestro país.
Un consumo problemático que aunque se ampliara a otros facultativos la prerrogativa de la prescripción probablemente tampoco mejoraría cuantitativa y cualitativamente. Aunque el debate no debería centrarse en si unos profesionales tienen o no la capacidad para sustituir a otros (en este caso los médicos), sino más bien en
analizar y actualizar las competencias propias y compartidas de cada estamento profesional, de modo que proporcionen la
mejor atención sanitaria posible a pacientes y ciudadanía en cada contexto asistencial, organizativo y legal.
Sería mejor
dejar a un lado los corporativismos de unos y otros y que el beneficio de las personas y de las comunidades ocupara el centro de nuestras preocupaciones y reflexiones, para ver si somos capaces de
innovar bajo el prisma de la colaboración y el
respeto mutuo, diseñando – deliberativamente, a poder ser consensuando— nuevos procesos de atención recurriendo a
criterios organizativos de la actividad en equipo, que es más que la simple concurrencia espacial y temporal en el empleo.
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"El ámbito de la prescripción de medicamentos es uno de los que, desde hace décadas, padece la falta de un diálogo constructivo centrado en la mejor asistencia posible para los pacientes"
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Trabajar en equipo implica aprovechar al máximo las
aptitudes y las
destrezas de las personas que los componen, para alcanzar un propósito determinado y poder satisfacer los objetivos preestablecidos. Mediante la colaboración mutua, lo cual significa abandonar o por lo menos mejorar mucho la
rígida y estrecha concepción jerárquica que comporta la subsidiaridad corporativa. La responsabilidad debería distribuirse según la respectiva
competencia real y efectiva.
Y, volviendo al ámbito de la prescripción de medicamentos, que es uno de los que, desde hace décadas, padece la falta de un
diálogo constructivo centrado en la mejor asistencia posible para los pacientes, y que, por cierto no afecta únicamente a la Medicina y a la Enfermería, sino también a otras muchas profesiones, como la
Farmacia, la
Psicología o la
Fisioterapia, por poner algún ejemplo; se hace cada vez más necesario y urgente abordarlo en profundidad y hacerlo desde una perspectiva global y con una clara visión de futuro.
En este campo, como en otros del
ámbito asistencial, docente o investigador, no debería anteponerse el respeto formal de las competencias de las distintas
corporaciones en aras de su supervivencia, a la auténtica legitimación de cada una de las profesiones sanitarias, que, en nuestra opinión no es sino su capacidad de satisfacer adecuadamente las necesidades –genuinas, no inducidas interesadamente-- de la ciudadanía en este ámbito, y para conseguirlo es necesario facilitar y fomentar entornos de franca y leal
colaboración interprofesional y también social.
Es preciso, pues, que las
administraciones sanitarias y las
organizaciones profesionales pongan manos a la obra y generen los consensos necesarios.