Paula Armero, coordinadora del Comité de Salud Mental de la AEP; y Carmen Aragón, miembro del área de Nutrición de la SEEN.
La propuesta de regulación anunciada por el Gobierno para prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años y restringir hasta los 18 aquellas con mayor contenido en cafeína
ha recibido el respaldo conjunto de la
Asociación Española de Pediatría (AEP) y la
Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), que consideran que la medida es coherente con la evidencia científica y necesaria para proteger a una
población especialmente vulnerable. Así, ambas entidades afirman en
Redacción Médica que el consumo habitual de estas bebidas en niños y adolescentes se asocia a riesgos cardiovasculares, metabólicos y del sueño, y defienden que limitar su acceso debe formar parte de
una estrategia más amplia de prevención, educación nutricional y promoción de hábitos saludables.
Desde la AEP insisten en que no se trata de una reacción puntual, sino de
una recomendación que llevan tiempo defendiendo ante el incremento del consumo
en edades cada vez más tempranas. "Nos parece lo correcto poner todas las medidas para proteger a los menores", asegura Paula Armero, coordinadora del Comité de Salud Mental.
El argumento central de los pediatras es que el impacto de estas bebidas "se producen
en individuos que están en desarrollo" y no puede analizarse igual que en la edad adulta. "Todo lo que pueda impedir un correcto desarrollo tendrá implicaciones en el presente y
también en el futuro", subraya.
¿Funcionaría la prohibición?
Sobre la eficacia de esta medida, Armero considera que dependerá de cómo se implemente. "Si se establecen bien las medidas para
que no sea fácil la compra, funcionará. Si simplemente cambia la etiqueta, no", señala. Así, desde la entidad apuntan a posibles cambios en la ubicación en tiendas, controles similares a los del alcohol o
mayor supervisión en puntos de venta. Confían, además, en que el debate público ayude a que las familias tomen mayor conciencia.
Para los pediatras, la regulación debe ir acompañada de educación sanitaria. "Hay que dar información veraz, con evidencia científica, repetirla y
explicar por qué se toman estas medidas", subraya la especialista, que recalca que los menores deben ser interlocutores directos. "Son nuestros pacientes y a ellos hay que explicarles las cosas", afirma. Por lo tanto, la AEP defiende una mayor coordinación entre sanidad, educación y familias: "
Tenemos que vernos como aliados, todos en el mismo barco, con el objetivo de que los menores estén lo mejor posible".
Síntomas del consumo de estimulantes
Y es que en la práctica clínica, los profesionales detectan cada vez con más frecuencia síntomas asociados al consumo habitual de estas bebidas. Los más típicos son "las
taquicardias, palpitaciones, alteración a la hora del sueño,
insomnio y también puede haber problemas respiratorios, ansiedad o agitación", enumera. Y es que desde la AEP añaden que el insomnio sostenido no es un problema menor en la adolescencia: afecta al "
rendimiento académico, al estado de ánimo y a la estabilidad emocional".
Respecto al umbral de cafeína fijado en la futura regulación, la Sociedad Española de Pediatría considera positivo que se haya reducido, dado que las cantidades previas eran elevadas, equivalentes "a un café espresso por lata". Sin embargo, insisten en que el problema no se limita a esa sustancias, sino al resto como
"taurina, edulcorantes y otros estimulantes, además del azúcar, y ni siquiera sabemos bien el porcentaje de ellas en muchas bebidas". Así, advierte que toda esta combinación genera un cóctel cuyos
efectos a largo plazo en población menor aún necesitan "más investigación específica, una limitación habitual cuando se estudia salud infantil".
Riesgos metabólicos
Aparte, la AEP subraya que el
consumo elevado y sostenido de azúcar se asocia a sobrepeso, caries y "
diabetes tipo 2". En esta línea, Carmen Aragón, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y esta especialidad (SEEN) explica que "los azúcares y edulcorantes que han demostrado alterar el metabolismo de la glucosa y en consecuencia riesgo de desarrollo de diabetes, pero también alteraciones de los lípidos (grasas) y por supuesto de forma directa o indirecta
obesidad".
Ni siquiera "proporcionan
ningún tipo de energía más allá de las calorías aportadas por el azúcar", recalca la entidad, que añade que entre los síntomas están las "arritmias o
empeoramiento de trastornos cardiacos previos".
En cuanto a otras hormonas, "no hay muchos estudios en humanos, pero uno de los efectos descritos es el incremento de cortisol por efecto de la cafeína". Los niños y jóvenes "
son más susceptibles a estos efectos", dice Aragón, que recalca que "no hay que olvidar que estas bebidas se consumen en envases que pueden ser
fuentes de disruptores endocrinos, como el bisfenol A (BPA)".
Aparte, Armero menciona que puede darse el caso de desarrollar dependencia a la cafeína. En una persona en crecimiento, la exposición repetida a estimulantes puede "generar tolerancia y la
necesidad de aumentar las cantidades" para lograr el mismo efecto, perpetuando el hábito.
Alarma combinación con alcohol: la mayor alarma
Otro de los aspectos que más inquieta en Pediatría es la mezcla con alcohol. Según la encuesta estatal Estudes, alrededor del 20 por ciento de estudiantes españoles reconoce haber consumeido
bebidas energéticas junto con alcohol en el último mes. Estas "potencian su efecto y predisponen a u
n consumo futuro de otras sustancias", alerta la Armero, lo que se asocia, a su vez, con una mayor probabilidad de participar en
conductas de riesgo y de desarrollar en el futuro patrones de consumo problemático de alcohol u otras drogas.
Por si fuera poco, la tendencia preocupa especialmente por el
descenso en la edad de inicio, ya que otro estudio piloto de Estudes de 2023
en alumnado de 12 y 13 años refleja que cerca del 40 por ciento consume bebidas energéticas. Unos datos que confirman lo que ya observaban en consulta. "Eso nos hace estar bastante alarmados", reconoce Armero.
La infancia y la adolescencia son, por definición,
etapas de vulnerabilidad. "Siempre pueden ser más influenciados por su grupo de iguales o por las redes sociales". A esto se suma, según explica la pediatra,que
la industria conoce bien los gustos y códigos de los adolescentes y diseña mensajes atractivos asociados al rendimiento o la diversión que calan en este grupo de edad.
"
No vamos a recomendar nunca que se beban bebidas energéticas", afirma con rotundidad. Incluso si se eliminara la cafeína, añaden, seguirían sin aconsejarlas por su composición "ni a menores ni a adultos". "Nosotros
promovemos la salud y las bebidas altamente azucaradas o con estimulantes no las recomendamos", insiste.
El mensaje es claro: "Siempre vamos a decir no la tomes o, si la tomas, que sea en
un momento puntual, no como rutina para estudiar o salir de fiesta.
Los menores no necesitan estimulantes".
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