17 de octubre de 2017 | Actualizado: Lunes a las 21:50
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La arena de los parques infantiles presenta cepas bacterianas dañinas

Una investigación ha detectado presencia de Clostridium difficile, que puede causar diferentes malestares

El autor principal del estudio, José Blanco.
La arena de los parques infantiles presenta cepas bacterianas dañinas
Víctor Goded
Lunes, 25 de septiembre de 2017, a las 11:40
Un equipo de investigadores revela que la bacteria anaerobia Gram-positiva Clostridium difficile está ampliamente distribuida en muestras de suelo de arena para niños y perros situadas en el área metropolitana de Madrid.

Según explica a Redacción Médica el autor principal del estudio, José Blanco, "nuestros resultados son solo una llamada a la acción”. Así, insiste en que “al igual que se hace en la playa, las arenas en nuestros parques son cada vez de más calidad, afortunadamente. Al ser fina, no costaría demasiado llevar una limpieza por la mañana para evitar cualquier tipo de residuos de perros, gatos, ratas… Y también es necesaria una labor de concienciación de los padres para que no quede materia orgánica, como por ejemplo restos de bocadillos, que pueda atraer a los animales para alimentarse".

El especialista quiere hacer especial mención en que, en el parque, "el contagio es siempre por vía oral. Se tiene que producir por la ingestión de la bacteria. Por eso hay que tener en cuenta que en nuestros parques infantiles hay muchos animales que pueden ir allí por la noche, por lo que se considera fundamental proceder a la limpieza de manera orgánica para evitar estos casos. Hace cuatro años hubo un estudio en Madrid donde encontraron parásitos, lo que supone un tema más importante porque ahí sí que se puede producir un contagio casi inmediato".

El mayor efecto es el económico

Aunque tal y como explica José Blanco "en determinadas personas, el proceso puede ser grave y puede precisar incluso de resección intestinal, normalmente el mayor efecto que produce es el económico, porque incrementa la permanencia de esos individuos en el hospital y, consecuentemente, el gasto sanitario. Hace tres años, tanto la OMS y el CDC estadounidense dieron la alarma al respecto, por lo que está considerada como una bacteria amenazante y que debe ser vigilada". Así, recuerda que "antes se la llamaba a esta bacteria la diarrea asociada al consumo de antibióticos. Ahora se le ha cambiado el nombre porque se han encontrado casos que no están asociados a los fármacos".

¿Cómo se puede combatir? "Difícilmente. Lo más importante es conocer bien la bacteria, estar preparados para estas antiobiorresistencias y, sobre todo, a nivel hospitalario, trabajar mucho para evitar estas infecciones. No es asumible que entre un 30 y un 40 por ciento de las personas que entran a un hospital cogen allí una infección". De ahí que recalque que "se debería trabajar más en ese sentido a nivel general. Y a nivel particular de la bacteria, hay que saber que existen personas que la aportan de una manera asintomática y que en los niños menores de dos años se considera no patógena porque no tienen receptores a las toxinas que son las responsables de la enfermedad. Lo importante es tomar conciencia de que hay que estar rodeados de este tipo de bacterias y necesitamos conocerlas cada vez más".

En consecuencia, el especialista recalca que "nuestro objetivo es dar un toque de atención ambiental y promover que se invierta en veterinaria, al igual que se está inyectando mucho dinero en grupos que trabajan sobre el Clostridium difficile en los hospitales. De hecho, se está desarrollando un trasplante de heces en un futuro cercano".