Ana Conseglieri, Alma Martínez de Salazar y Mercedes Bermejo.
El año 2008 marcó un antes y un después en
la salud mental de la Unión Europea (UE). En ese momento, se firmó el
Pacto Europeo para la Salud Mental y el Bienestar. Un acuerdo estratégico donde los países de la UE se comprometían a situar la salud mental como una prioridad social, aparte de promover el bienestar psicológico y, sobre todo, centrarse en la prevención y en la reducción del estigma.
Concretamente,
quince años más tarde, la Comisión Europea adoptó la
Comunicación sobre un enfoque integral de la salud mental, uno de los pilares de la Unión Europea de la Salud, con 20 iniciativas emblemáticas y casi 1.300 millones de euros en oportunidades de financiación. Aun así, este conjunto de medidas no son suficientes para los profesionales de a pie, aunque sí que han podido llegar a ser efectivas. Aunque la tendencia es buena, consideran que se deberían impulsar muchas propuestas orientadas a la gestión de recursos humanos o a la desigualdad que existe en el territorio continental.
Más psicólogos y psiquiatras en los sistemas públicos
Entre ellas, un mayor fortalecimiento de los sistemas públicos, así como
una mayor exigencia en el cumplimiento de ratios de psicólogos y psiquiatras. "La prevención y la promoción son imprescindibles", añade a
Redacción Médica Alma Martínez de Salazar, psicóloga clínica y presidenta de la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología. Una opinión que comparte
Ana Conseglieri, psiquiatra y presidenta de la AEN-PSM: "Hay que insistir en medidas que fortalezcan la prevención y la protección en salud mental, bajo una mirada comunitaria, e introducir una atención basada en el respeto a los derechos humanos, que incluya la participación de personas con experiencia vivida y agentes de apoyo entre iguales en la planificación y organización de servicios".
Desde el punto de vista de Martínez, hacer hincapié en estos dos ejes (prevención y promoción) "va a permitir que los Servicios públicos atiendan a las personas que tienen una necesidad, tanto en los ámbitos escolares como en los entornos laborales". "Es imprescindible abordar los hábitos saludables,
la responsabilidad individual en el cuidado de la salud, en el fomento de las relaciones respetuosas, en la conciliación familiar, en el uso sano de las tecnologías y en las condiciones laborales justas", matiza. Y es que "todo esto es una inversión clave".
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Martínez: "La prevención y la promoción son imprescindibles"
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De manera similar,
Mercedes Bermejo, psicóloga colegiada en el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, apuesta por "la financiación de proyectos que sean estables en el tiempo desde un punto de vista educativo, comunitario y de salud pública". En este sentido, la profesional de salud mental considera relevante que se pongan en marcha "regulaciones en la telemedicina y
la telepsicología", aparte de que se unifiquen "criterios acerca de la psicoterapia, para
evitar las pseudociencias y el intrusismo".
"Muchos países ya han regulado esto, pero es importante que haya un control a nivel europeo para asegurar
estándares de calidad", apunta. Unos estándares que son alcanzables si un territorio cuenta con los profesionales suficientes. "La otra cuestión importante es que se obligue a los países a tener una ratio específica de psicólogos, psiquiatras, enfermeras de Salud Mental y psicólogos clínicos", anota Martínez. Se conseguiría así "un incremento real de psicólogos, por ejemplo, en la sanidad pública".
"España está
por debajo de la media europea con 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, ya que la media europea está en torno a los 12", coincide Bermejo. Por su parte, la psicóloga madrileña incorpora a su paquete de medidas que "esté presente el psicólogo sanitario en Atención Primaria, aparte de que haya protocolos comunes de prevención con una regulación en la infancia y la adolescencia de todo lo que tiene que ver con lo digital".
Salud mental 'especializada' y abordar los determinantes sociales
En este sentido, para la psicóloga clínica, "en todos los países europeos debería haber
una red de salud mental infanto-juvenil especializada". "Los pacientes necesitan espacios distintos, coordinación en el trabajo y tratamientos distintos", indica. Eso sí, sin olvidarse de "la investigación" y de que se obligue a cada país a tener indicadores para mejor y evaluar la actividad sanitaria.
Aun así,
las tres profesionales de salud mental consideran positivo el Pacto de 2008. "Se ha notado que Europa ha orientado sus acciones hacia la prevención de las enfermedades de salud mental", explica Martínez. Todo ello porque, según añade, "la atención sanitaria tiene un coste económico y poco a poco los Gobiernos y las instituciones han ido tomando conciencia de que los sistemas sanitarios públicos no son sostenibles si solo se dedican a la atención sanitaria" y no a la prevención. "El enfoque de la UE reconoce que la salud mental no se puede abordar únicamente desde el sistema sanitario, sino que requiere
una acción coordinada que pasa por integrar los determinantes sociales de la salud como factores clave", amplía Conseglieri.
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Conseglieri: "El enfoque de la UE reconoce que la salud mental requiere integrar determinantes sociales de la salud como factores clave"
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Por su parte, Bermejo destaca "el cambio de rumbo que ha habido desde la pandemia de la
Covid-19". "A nivel europeo, la salud mental ha pasado a ser un tema transversal en las políticas públicas", señala. De todas formas, "sigue habiendo desigualdad y una brecha entre países". De hecho, la presidenta de AEN-PSM va más allá: "E
s fundamental que exista una financiación estable y equitativa destinada a la atención a la salud mental para poder llevar a cabo las medidas recomendadas. Es evidente que continúan existiendo enormes desigualdades entre países europeos, y conseguir tanto sistemas de evaluación e indicadores comunes como mecanismos de control y evaluación de los servicios que ofrecen asistencia permitirá mejorar la planificación, la calidad de la atención y la garantía de derechos".
De estudiar la enfermedad a su prevención
"Psicólogos y psiquiatras siempre estamos estudiando y analizando el trastorno, la enfermedad y la patología, pero pocas veces hablamos de la salud y del bienestar y de lo que sí se prevé. Hoy se habla más de prevención pero
queda mucho por avanzar", subraya Bermejo.
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Bermejo: "Hoy se habla más de prevención, pero queda mucho por avanzar"
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No obstante, la mayoría de estas políticas europeas llega de manera
muy limitada a los profesionales. "Creo que a los profesionales de la salud mental que trabajan por su cuenta les afectan muy poco. De hecho, muchos no saben ni siquiera que existe el Pacto Europeo para la Salud Mental y el Bienestar o el programa de 2023", confirma Martínez.
Tal y como afirma, las personas que trabajan en el sistema público
se suelen "enterar un poco más". "No hay una estrategia sistemática de trasladar al profesional estas cosas. Sobre todo, tenemos un conctacto con ellas los que tenemos un contacto con la Administración", detalla. Es decir, se quedan en "un concepto macro", por lo que "es difícil que impacten en el profesional".
"E
stas iniciativas nos han permitido, sobre todo aquellas con desarrollo normativo y presupuestario asociado, acercarnos a un enfoque más comunitario y colectivo para la atención a la salud mental, incorporando en las prácticas, programas destinados a la prevención en contextos sanitarios, pero también en otros como el educativo, laboral o social", detalla Conseglieri.
Últimos datos e indicadores de la Unión Europea
Según afirman desde la Comisión Europea a este medio, el informe
State of Health in the EU 2023 mostró que las tasas de suicidio en la UE han disminuido en la última década, aunque esta tendencia se ha estabilizado en los últimos años. "En 2020, el suicidio fue la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, con un promedio de 10,2 muertes por cada 100.000 habitantes en la UE y tasas casi cuatro veces más altas en hombres que en mujeres", amplían.
Además, "los datos sobre depresión no muestran una mejora sostenida". "Antes de la pandemia de COVID-19,
una de cada seis personas en la UE experimentaba problemas de salud mental, y las estimaciones nacionales indican que los síntomas de depresión se duplicaron durante la pandemia. Los más afectados fueron los jóvenes, las mujeres, las personas con menor nivel socioeconómico y quienes padecen enfermedades crónicas", concretan.
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