Analizamos los principales factores que elevan los riesgos cardiovasculares. / Imagen de stock (Envato)
Tener una
analítica de sangre "perfecta" tranquiliza a cualquiera. Colesterol y glucosa correctas, ningún valor marcado en rojo, sin embargo, según el cardiólogo
José Abellán, esa sensación de seguridad puede ser engañosa. “Lo veo todos los días en el hospital: personas que ingresan por un
infarto y en sus analíticas no tienen ni un asterisco”, cuenta en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram (@doctorabellan).
El motivo, explica el especialista, es que una analítica convencional no mide todos los factores que elevan el
riesgo cardiovascular. Hay al menos cinco que pasan desapercibidos en un análisis de rutina y que, según su experiencia clínica, son los que con más frecuencia encuentra detrás de los infartos que trata.
La tensión arterial
El primer factor es la
presión arterial, y aquí Abellán hace una distinción importante: “aunque los médicos diagnosticamos
hipertensión por encima de 140/90 mmHg, la
tensión arterial óptima es por debajo de 120/80 mmHg”.
Es decir, una persona puede tener una tensión "no diagnosticable" como hipertensión y, aun así, estar por encima del rango que protege realmente al corazón. De ahí su recomendación:
medirse la presión con frecuencia, no solo cuando hay síntomas o en la revisión anual.
El Tabaco
El segundo punto, y el que el cardiólogo señala como el
más peligroso sin discusión, es el
tabaquismo. “Muchos fumadores creen que están perfectamente porque tienen la analítica bien, pero eso da igual, al tabaco le da igual. La analítica puede salir bien, pero el tabaco
daña todo tu organismo”, señala Abellán.
El tabaco perjudica al organismo de forma generalizada, independientemente de lo que reflejen el colesterol o la glucosa. Una analítica impecable
no neutraliza ese efecto.
El estrés
El tercer elemento es el
estrés crónico, al que Abellán describe como “el más traicionero, sobre todo en jóvenes y en mujeres”. El estrés mantenido fuerza al organismo de forma continua, lo que se traduce en un aumento del riesgo de hipertensión y, con el tiempo, de
enfermedad cardiovascular.
La Lipoproteína (a)
El cuarto factor es uno de los que más está ganando protagonismo en cardiología en los últimos años: la
lipoproteína (a), o Lp(a). A diferencia del colesterol LDL, no se incluye habitualmente en las analíticas estándar, por lo que muchas personas con niveles elevados nunca llegan a saberlo.
Tener la Lp(a) alta incrementa el riesgo de
formación de placas en las arterias, y su particularidad es que está determinada en gran medida por la
genética: apenas se modifica con cambios de estilo de vida como la dieta o el ejercicio.
El sedentarismo
El quinto y último factor es la falta de actividad física. Para Abellán, “la
baja capacidad física es uno de los grandes predictores de mala salud”, y su recomendación es sencilla:
moverse con frecuencia y caminar regularmente.
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