Álvaro Sánchez Ferro, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la SEN; y Pilar Jiménez Quevedo, cardióloga en el Hospital Clínico San Carlos.
Japón ha dado un paso histórico en la Medicina regenerativa al autorizar la comercialización condicional de los primeros fármacos basados en
células madre pluripotentes inducidas (iPS) para el
párkinson y algunas enfermedades cardiacas graves. La aprobación permite que los tratamientos se utilicen en pacientes mientras se recopilan datos adicionales que podrían llevar a una
autorización definitiva en el futuro. La noticia, sin embargo, ha provocado la reacción de Neurología y Cardiología, que aseguran en
Redacción Médica que "
todavía falta investigación" y
que además estos tratamientos "pueden causar discinesias" (emblores, tics o coreas) en los pacientes con trastornos neurológicos.
Las células iPS se obtienen a partir de otras adultas que
se reprograman en laboratorio para comportarse como células madre capaces de transformarse en distintos tipos celulares y reemplazar las que están dañadas en el cerebro o el corazón. En el caso del párkinson, el tratamiento aprobado en Japón, Amshepri, utiliza estas iPS
derivadas de donantes sanos para generar neuronas productoras de dopamina y trasplantarlas al cerebro de los pacientes.
Este enfoque busca reemplazar las neuronas perdidas en lugar de
activar químicamente las vías de dopamina existentes, como hacen los tratamientos tradicionales en los que actualmente se usan "fármacos que activan la
vía de dopamina o agonistas dopaminérgicos, que activan químicamente las vías dañadas". Así lo explica Álvaro Sánchez Ferro, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que señala que, en cambio, las iPS "no intentan activar las neuronas existentes,
sino reemplazar las que se han muerto". "Es un trasplante de células pluripotenciales derivadas de un donante sano, que
intenta recuperar la función perdida", define.
Estudios limitados y posible riesgo asociado
En este contexto, el neurólogo asegura que los estudios realizados
hasta ahora son muy limitados: "El trabajo que se ha hecho es sólido, pero con una muestra muy pequeña de
siete pacientes". "Se evaluaron con un Análisis de Modos de Fallo y Efectos (FMEA) de párkinson
a dos años de seguimiento y se ve que cuatro mostraron mejoría en ciertos parámetros de medicación y cinco en otras escalas de evaluación (OCD), indicadores usados para medir la respuesta al tratamiento". Aún así, subraya que "son mejorías que parecen relevantes a nivel numérico, pero no en todos los pacientes y solo teniendo en cuenta dos años, aunque parezca mucho, en una
enfermedad crónica no permite saber
cómo evolucionará a largo plazo".
El neurólogo ha explicado también
los posibles riesgos, recordando experiencias previas con células madre embrionarias: "Hace muchas décadas, se intentó un trasplante en el cerebro de pacientes con párkinson para sustituir neuronas y, en esos casos,
los pacientes desarrollaban discinesias", que son movimientos involuntarios "problemáticos" como coreas, tics y temblores asociados a párkinson si se trata a un paciente con estas iPS. Incluso derivadas de un donante sanotambién se observan" este tipo de efectos adversos. Aunque desde Japón "argumentan que no son las mismas que las del pasado, porque no ocurren en las mismas zonas del cuerpo y podrían
depender de la medicación y el tipo de células", afirma que "es un problema grave que
hay que vigilar con seguimiento a largo plazo".
Respecto a quién podría beneficiarse, ha explicado que el medicamento japonés sirve "teóricamente para cualquier paciente con párkinson", ya que "
sustituir un tejido perdido es como un trasplante de piel sobre una herida: se colocan células nuevas donde se dañaron". Sin embargo, Sánchez Ferro insiste en que "
hay que ser muy cautelosos porque los resultados son preliminares, con siete pacientes, y hay que vigilar las discinesias". "
No es una cura inmediata y los pacientes no deben asumir que se trata de un tratamiento definitivo", recalca.
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"No es una cura inmediata y los pacientes no deben asumir que es un tratamiento definitivo"
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Segundo frente: la regeneración del corazón
Por otro lado, la aprobación japonesa también incluye un tratamiento experimental para enfermedades cardiacas, basado igualmente en células iPS capaces de convertirse en
células del músculo cardiaco para reparar el tejido dañado, sobre todo en
miocardiopatía isquémica. Así, Pilar Jiménez Quevedo, cardióloga en el Hospital Clínico San Carlos y miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), ha explicado que este tipo de células "solo se habían utilizado" en ensayos clínicos: "Son células madre muy especiales porque en realidad son adultas normales que se reprograman en un laboratorio y se convierten en embrionarias".
Por eso, afirma que la decisión del país asiático
le ha sorprendido "gratamente" porque se trata de "un campo de investigación que lleva muchísimos años pendiente y que al final no se emplea en la práctica clínica habitual de Cardiología". En esta especialidad, la investigación con células madre se ha centrado en intentarlas emplear "para que estas células
se conviertan en cardiomiocitos, que son las células del corazón que se contraen y
permiten el latido".
Pero la cardióloga, en la misma línea que Neurología, recalca que la evidencia científica aún es limitada: "
No hay estudios contundentes que demuestren su utilidad como para aplicarlos y aceptarlos como si fuera un medicamento. Todavía su utilización está en una fase experimental". Esto explica por qué países con sistemas regulatorios "muy exigentes" como Estados Unidos", país pionero en este campo, "aún no ha aprobado estas terapias". "Todavía
falta un poco más de investigación", indica.
Un camino largo hasta el SNS
Sobre la posibilidad de aplicar esta terapia en España y Europa, Sánchez Ferro ha explicado que en Neurología "actualmente
no se están haciendo ensayos de células iPS para párkinson". Si los estudios japoneses muestran beneficios claros y los riesgos son manejables, "sí se podría aprobar en
escalas temporales de 4 o 5 años, tras ensayos más amplios en Japón con más pacientes". Probablemente, reflexiona, "harán un estudio fase 3 antes de una aprobación definitiva y luego Europa pedirá otro estudio confirmatorio" para evaluar eficacia y seguridad. Por lo tanto, "es muy pronto para afirmar que
estamos ante un cambio de paradigma". Además, observa que trasladar un tratamiento así al mercado
suele tardar "entre 10 y 15 años desde el inicio de la investigación".
El especialista ha destacado la
necesidad de cautela y seguimiento a largo plazo: "La Medicina es muy compleja. Necesitamos muchos datos y tiempo para asegurar que
los beneficios superan los riesgos. Solo entonces podremos pensar en una aplicación segura en España y Europa".
Jiménez Quevedo también ha advertido de la
complejidad de regenerar los tejidos celulares de órganos como el corazón. "Es un órgano muy complejo y a diferencia de otros como la sangre o el hígado, prácticamente
no tiene capacidad de regeneración". Por ello, ha añadido que el desafío científico es enorme: "Tenemos miles y miles de células que regenerar. Si fuera poca cantidad sería más fácil".
"Ojalá ese parche que ellos han diseñado
sirva y ayude a los pacientes. Me parece muy bien que alguien dé el paso, sobre todo para personas que
no tienen ningún otro tratamiento", concluye la cardióloga.
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