Los farmacéuticos Gerino García y Javier Marín.
Cuando la
enfermedad crónica se convierte en algo tangible y rutinario, también se percibe como algo inofensivo, con el error de percepción que esto conlleva. Gran parte de la "culpa" al normalizarlas la tienen las farmacias comunitarias, que con el tiempo se han convertido en
uno de los puntos más estables entre el sistema sanitario y estos pacientes.
Su accesibilidad, la ausencia de citas previas y el trato continuado sitúan al farmacéutico en una
posición clave para mejorar la adherencia a los tratamientos o, en
el caso del VIH, también para
combatir un estigma que todavía persiste y que estos profesionales, quieren equiparar al resto de enfermedades.
"El farmacéutico comunitario es, en la práctica,
el primer profesional sanitario al que acude una persona con una enfermedad crónica… y muchas veces también el último que la ve antes de que algo vaya mal", explica Gerino García, titular de una farmacia en Madrid. En su día a día detecta "fallos de adherencia, efectos adversos, errores de uso y miedos que no siempre llegan a la consulta médica".
Una visión que comparte Javier Marín, farmacéutico comunitario en Murcia. "
La farmacia está cerca, es accesible y no hace falta pedir cita. Muchas veces es el único lugar al que el paciente puede acudir de inmediato cuando tiene una duda o un problema con su medicación". Marín recuerda que en la botica "no solo entregamos medicamentos, también ayudamos a que las personas los tomen bien y de forma segura, resolvemos dudas y estamos atentos a posibles empeoramientos".
Un papel aún poco reconocido
A pesar de esa labor, ambos profesionales coinciden en que
el papel clínico del farmacéutico sigue sin tener el reconocimiento que merece. "Se nos percibe más como dispensadores y no como lo que realmente somos: profesionales sanitarios con un papel clave", lamenta García, que advierte además de la
"banalización social del medicamento". Relata casos de pacientes que han desconfiado de un tratamiento "porque el envase había cambiado de color, aunque el fármaco fuera exactamente el mismo".
Marín, por su parte, apunta al problema estructural de muchas de estas funciones, que "no están integradas de forma clara en el sistema sanitario ni cuentan con el apoyo necesario, a pesar de que
ayudan a mejorar la salud de los pacientes y a aliviar la carga de médicos y centros de salud". Para él, reforzar la farmacia comunitaria "es una forma de mejorar la atención a las personas con enfermedades crónicas y de cuidar la sanidad pública".
Tratamientos de VIH en todas las farmacias
Uno de los puntos críticos es que
muchos tratamientos del VIH siguen ligados a la farmacia hospitalaria. García lo considera un error de modelo ya que, "mantenerlos fuera del circuito habitual del paciente no solo dificulta la adherencia, sino que refuerza la idea de que son medicaciones especiales, casi clandestinas". Cada retraso en su integración en la farmacia comunitaria es, a su juicio, "una oportunidad perdida para la normalización y el seguimiento real".
En
patologías como la diabetes o la hipertensión, el reto principal es la falta de percepción de riesgo. "Son enfermedades tan comunes que muchos pacientes las viven como si fueran una molestia menor", señala García. El farmacéutico debe entonces combatir abandonos de tratamiento y la influencia de mensajes sin base científica.
En el caso del VIH el escenario es distinto. "A nivel farmacéutico los avances han sido enormes, pero socialmente sigue pesando el estigma", explica el boticario madrileño.
El acompañamiento requiere "confidencialidad, respeto y creación de un espacio seguro", elementos tan importantes como la propia pauta terapéutica.
La comparación entre patologías es clara. "En diabetes e hipertensión luchamos contra la indiferencia; en el VIH, contra el estigma", sintetiza García.Tal y como concluye Marín,
integrar de verdad a la farmacia comunitaria en la atención al VIH supondría un paso decisivo. "Una farmacia más coordinada con el resto del sistema significa una atención más eficiente y centrada en las necesidades reales de la gente", sentencia.
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