Miriam Al Adib, ginecóloga del Servicio Extremeño de Salud (SES).
La pandemia de
Covid-19 dejó una huella profunda en la salud global, pero también evidenció
lagunas históricas en la investigación biomédica. Entre ellas, la falta de atención a la salud menstrual. Miles de mujeres reportaron alteraciones en su ciclo sin encontrar respuestas en la evidencia científica. Justamente, a partir de ese vacío, Miriam Al Adib, ginecóloga del Servicio Extremeño de Salud (SES), ha desarrollado uno de los mayores estudios realizados en España, con más de 17.000 participantes, que no solo analiza estos cambios, sino que
cuestiona la forma en que la Medicina ha construido su conocimiento durante décadas.
Y es que durante la pandemia, la urgencia por generar conocimiento científico se centró en variables como la
transmisión del virus, la eficacia de las vacunas o la reducción de la mortalidad. Sin embargo, otros aspectos quedaron fuera del foco. La menstruación, cuenta Al Adib en
Redacción Médica, pese a ser un
indicador biológico complejo, no fue incorporada de forma sistemática en muchos ensayos clínicos ni en los sistemas de farmacovigilancia.
Aun así, el fenómeno emergió con fuerza desde la experiencia cotidiana, porque las consultas médicas comenzaron a recibir cada vez más casos de mujeres que describían
alteraciones en su ciclo menstrual tras la infección o la vacunación. En paralelo, las redes sociales amplificaban estos testimonios, generando una conversación colectiva que contrastaba con el silencio de la literatura científica en los primeros momentos de la crisis. "El clamor popular de las mujeres era:
¿Qué me está pasando?", señala.
De la práctica clínica a la investigación
En ese contexto, Al Adib decidió dar un paso más allá de la observación clínica. Lo que comenzó como
un intento por comprender qué estaba ocurriendo derivó en una investigación de gran escala que acabaría convirtiéndose en su tesis doctoral. La recopilación de datos de más de 17.000 mujeres permitió construir una base sólida sobre la que
analizar patrones, asociaciones y diferencias entre subgrupos de población.
El estudio, de carácter observacional, no establece relaciones causales directas, pero sí identifica "tendencias" consistentes. Entre ellas, la aparición de "cambios en la
duración del ciclo" en el 49 por ciento de las mujeres, "variaciones en la
intensidad del sangrado o episodios de manchado intermenstrual". En un subgrupo significativo, el 44,8 por ciento indicó que los cambios se mantuvieron
durante varias semanas, evidenciando que no se trató de fenómenos puntuales.aunque también se detectaron
situaciones más persistentes que requieren seguimiento.
Además, el trabajo introduce un elemento diferencial respecto a investigaciones previas: el
análisis por subgrupos, incluyendo mujeres en
distintas etapas vitales, desde aquellas con ciclos activos hasta mujeres en
amenorrea o
menopausia. Este enfoque permite una comprensión más matizada del fenómeno y abre
nuevas líneas de investigación.
Una trayectoria marcada por la denuncia del sesgo de género
Pero para la ginecóloga, el interés por este tema no surge únicamente de la pandemia, sino de
una trayectoria profesional en la que ha señalado de forma recurrente las carencias en la
atención a la salud femenina. "Esto no es de hoy, llevo más de 20 años hablando de los sesgos de género en Medicina, de la infrainvestigación que hay en todas las variables de salud de las mujeres, incluida la menstruación".
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"Existe una infrainvestigación en todas las variables de salud de las mujeres, incluida al menstruación"
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En su relato, la pandemia no hizo más que amplificar
un problema estructural. La ausencia de datos específicos sobre mujeres no es una excepción, sino "una constante que atraviesa
la historia de la investigación médica". "Todos los estudios se hacen en modelos masculinos, no se recogen
datos diferenciados por sexos", denuncia. Este patrón se observa incluso en investigación básica: "Hasta en modelos animales suelen coger
ratones machos para evitar las variabilidades hormonales".
La invisibilidad del dolor y el retraso diagnóstico
Y es que uno de los ejes centrales del discurso de Al Adib es la
invisibilización del dolor femenino. Según explica, muchas patologías que afectan a las mujeres no reciben la atención adecuada, especialmente cuando no implican
un riesgo vital inmediato: "Toda la parte de
calidad de vida está absolutamente abandonada dentro de la Medicina". En este sentido, enfermedades como la
endometriosis representan un ejemplo paradigmático, con "diagnósticos que pueden retrasarse durante años y
un sufrimiento que a menudo se normaliza". "Hay mujeres que se mueren de dolor cada mes y se les dice que es normal", asegura.
La ausencia de investigación y diagnóstico no solo genera incertidumbre, sino que también puede conducir a
tratamientos inadecuados: "En muchos casos, se recurre a psicofármacos sin haber investigado bien el origen del problema". Este fenómeno, apunta la especialista, contribuye a cronificar situaciones que
podrían abordarse de otra manera si existiera mayor conocimiento científico.
La menstruación como herramienta diagnóstica
Uno de los planteamientos más relevantes de la investigación es la reivindicación del
ciclo menstrual como indicador de salud porque "la menstruación es un signo vital en las mujeres porque
refleja el equilibrio neuroinmunoendocrino". Desde esta perspectiva, cualquier alteración puede ser una señal de alerta que permita detectar problemas en fases tempranas.
Así, Al Adib confirma que la falta de atención a la salud menstrual tiene su origen en
la propia estructura de la investigación biomédica. "La ausencia de datos diferenciados por sexo limita la capacidad de detectar efectos específicos y condiciona la práctica clínica", apunta, reconociendo que "
si no se investiga, no hay evidencia y por lo tanto en la práctica clínica parece que no existe". Este problema se reproduce incluso en fases iniciales de la investigación, donde el
uso de modelos masculinos sigue siendo predominante.
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"Si no se investiga, no hay evidencia y en la práctica clínica parece que no existe"
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Inercia, comodidad y falta de conciencia
Más que una intencionalidad explícita, Al Adib apunta a factores como
"la inercia o la comodidad" como causas de esta situación: "Es más fácil trabajar con modelos homogéneos, pero luego eso no refleja la realidad". De hecho, cuando no se contemplan determinadas variables, los profesionales carecen de
herramientas para interpretar los síntomas. "Si yo no tengo conocimiento de algo, no puedo atenderlo bien en la consulta", asegura. Este vacío puede generar desconfianza en las pacientes y contribuir a la sensación de no ser escuchadas.
Por eso, uno de los aspectos más complejos del proceso fue
trasladar esa experiencia colectiva a la evidencia científica. La investigación epidemiológica requiere no solo datos, sino también una estructura metodológica rigurosa que permita interpretar los resultados. En este sentido, el trabajo desarrollado destaca por el volumen de la muestra y el tratamiento estadístico de los datos, lo que ha permitido su publicación en revistas científicas de alto impacto.
Sin embargo,
el camino ha sido "más difícil de lo habitual". Según explica la ginecóloga, el proceso de revisión científica se vio marcado por retrasos y falta de respuesta, una situación poco frecuente en investigaciones con una base metodológica sólida.
La respuesta inmunológica y su impacto en el ciclo
Más allá de los datos descriptivos, el estudio aporta una interpretación fisiológica del fenómeno que conecta con la literatura científica internacional. Las alteraciones menstruales observadas podrían explicarse por la
interacción entre el sistema inmunológico y el sistema hormonal. "Las mujeres tenemos un sistema inmunológico diferente, con más respuesta humoral. Eso hace que ante ciertos estímulos haya más impacto", explica. Este enfoque permite entender por qué algunas alteraciones fueron más frecuentes
tras la segunda dosis de la vacuna, cuando la respuesta inmunitaria es más intensa.
"Las mujeres presentan más alteración en su calidad de vida de manera crónica, como
el Covid persistente o el síndrome postvacunal subagudo", señala. Estas condiciones, caracterizadas por fatiga, dolor crónico o disfunciones autonómicas, tienen un
impacto significativo en la vida y refuerzan la necesidad de incorporar una perspectiva de género en la investigación.
Entonces, los resultados indican que cerca de la mitad de las mujeres participantes experimentaron durante la pandemia algún tipo de alteración en su ciclo menstrual. Además, el análisis específico tras la vacunación mostró que un 46,8 por ciento presentó
modificaciones en la duración del ciclo y un 44,5 por ciento en el flujo después de la primera dosis, cifras que aumentaron hasta un 49 y un 47 por ciento respectivamente tras la segunda dosis. Estos datos no establecen causalidad directa, pero reflejan
un patrón consistente de alteraciones menstruales durante la pandemia que hasta ahora no había sido documentado con esta amplitud en España.
El papel de la sociedad en el cambio
Para revertir esta situación, Al Adib considera fundamental
un "cambio de conciencia" que trascienda el ámbito científico. La presión social y la visibilización del problema pueden ser claves para impulsar transformaciones
en la investigación y en las políticas públicas: "Lo más difícil es que nos demos cuenta de lo que está pasando". En este sentido, la
divulgación y el uso de redes sociales se convierten en herramientas para conectar la evidencia científica con la
experiencia de las mujeres.
El estudio sobre menstruación y pandemia no pretende ofrecer respuestas definitivas, sino
abrir nuevas preguntas. Más allá de los efectos concretos del Covid-19, pone de relieve la necesidad de
replantear la forma en que se construye el conocimiento médico.
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