Forenses en Adamuz. (Fuente: Guardia Civil)
El choque de trenes en
Adamuz, Córdoba, la tarde del
domingo 18 de enero a las 19:45 horas se ha saldado, por el momento, con 39 víctimas mortales y más de un centenar de heridos. En un accidente como este, cada minuto cuenta para poder ayudar a las personas afectadas y a sus familias y la labor de los
médicos especialistas en Medicina Legal y Forense es esencial. “El papel del médico forense en los casos en los que hay múltiples víctimas es mucho más intenso y requiere más orden y coordinación”, afirma a
Redacción Médica Alberto Fernández Liste, presidente de la Sociedad Española de Patología Forense (sepaf) que trabajó en el 2013 en el
accidente ferroviario de Angrois, a tres kilómetros de la estación de Santiago de Compostela, en el que un tren Alvia que viajaba de Madrid a Ferrol descarriló.
Para un médico forense,
el primer paso es hacer un estudio del contexto de, en este caso, el accidente, de manera conjunta con el cuerpo de seguridad del Estado que trabaje en la causa, que depende del territorio en el que esté.
“Hay que hacer una inspección del entorno, de cuáles han sido los posibles instrumentos lesivos, con el objetivo de averiguar la causa y circunstancias del fallecimiento”, explica, aunque puntualiza que en este caso concreto ya se sabe la causa general, pero el
trabajo del forense va más allá.
“Hay que ser lo más concreto que se pueda. Ver si el mango del asiento, un fragmento de ventanilla o la esquina del tren ha podido ser el instrumento que le ha provocado cada una de las lesiones a la víctima”, pormenoriza.
Una vez se ha recogido toda esa información, también de la postura de la persona fallecida y de los objetos colindantes,
se trasladan los cuerpos a una sala de autopsias: “En estas circunstancias, a veces se monta una sala de forma extraordinaria, y se les practica la autopsia como cualquier otra muerte violenta”. En base a esto, prosigue el especialista, se hacen
unos informes preliminares que se envían al juzgado. “Con eso se quedarían los cuerpos pendientes de identificación para ser entregados a las familias. A medida que se vayan identificando, se pueden ir devolviendo”, apunta.
La identificación de las víctimas
Otro de los puntos fundamentales dentro del
trabajo de los facultativos de esta rama es el de
identificar a las víctimas, no sin antes recoger indicios o evidencias. “Es un trabajo conjunto porque hay cosas que lleva la Policía exclusivamente, como la huella dactilar, y las referencias y todas las cuestiones de base médica o referencias anatómicas las llevamos nosotros”, indica el presidente de la sepaf.
El protocolo que se utiliza concretamente es el de la Interpol, que incluye la necesidad de recoger ‘datos post mortem’, es decir, los que se extraen del propio cuerpo. “Después, en contacto con los familiares y buscando la historia clínica, se rellena otra hoja, que se llama ‘ante mortem’, donde se recoge
la información de la persona cuando estaba viva”, concreta. Para confirmar una identidad hay que ir uniendo y comparando esas fichas.
“Si la persona lleva el DNI encima,
partimos de una identidad presunta que no definitiva. Pero, si esa persona tiene huella dactilar se iría a comparar esta directamente a la base del documento de identidad y, si coinciden,
esa identificación se hace en unas pocas horas”, comenta Fernández Liste. En el caso de que no haya algo con lo que se pueda comparar directamente, el facultativo señala que hay que esperar a tener “identidades presuntas”: “Cuando compras el billete de tren, das tu nombre, con lo cual
tenemos una lista cerrada de viajeros, una serie de personas que, en el caso de que sean españoles, puedes ir uno a uno a buscar a la base de datos sus huellas y cotejar las que tú tienes en los propios cuerpos”, manifiesta.
En el caso de que no se resuelva de esa forma, existe una tercera vía: la que implica al ADN. “Se les pediría a las familias una muestra de ADN de la propia persona en la medida de lo posible,
recogiendo objetos de uso personal, y eso lleva más tiempo”, comenta el
presidente de la sepaf, aunque admite que en estas circunstancias siempre se ponen unos medios extraordinarios y
“se apuran todos los tiempos”.
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