Álvaro Godoy se volverá a presentar el año que viene tras no acceder a Cardiología

Tras una primera experiencia marcada por los nervios y la presión, un opositor decide volver a presentarse para no renunciar a su vocación
Álvaro Godoy, médico.


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Después de presentarse al examen MIR, Álvaro Godoy (25 años, Pontevedra) ha hecho lo mismo que el resto de compañeros: comprobar la plantilla de respuestas publicada por el Ministerio de Sanidad donde están todas las opciones correctas para estimar el número de aciertos y, por tanto, el puesto para acceder a la especialidad de sus sueños. Sin embargo, los nervios le jugaron una mala pasada el 24 de enero y no ha conseguido entrar en Cardiología, por lo que se volverá a examinar el año que viene.

"Antes de entrar en la carrera, la especialidad ya me gustaba en general y además tenía mucha curiosidad por el tema de infartos", revela, mientras confirma que ya en el Grado de Medicina, cuando hizo las prácticas de Cardiología, lo tuvo claro: "Ahí dije yo quiero trabajar de esto". A esto se suma que después de su experiencia en las rotaciones, fue descartando el resto de especialidades: "Cardiología era la única opción en la que tenía claro que podría trabajar 40 años. En las demás, no me veo".

Un golpe de realidad


Por eso, su razonamiento es claro: más vale invertir un año extra en perseguir su verdadera vocación que resignarse a otra opción. "Prefiero estar un año más matándome a estudiar que meterme en otra especialidad y acabar quemado al poco tiempo", asegura. De hecho, con el número estimado podría haberse quedado en Madrid haciendo Medicina Interna, una especialidad "bonita", pero que no le llama la atención.

Y es que este año ha sido su primera vez enfrentándose al examen MIR. Una experiencia que, admite, ha sido agridulce: "Tenía bastante ilusión, aunque sabía que era muy complicado conseguirlo porque salí con malas sensaciones y bajo de ánimo". "Sabía que con ese número estimado que me daba era imposible teniendo en cuenta los resultados de otras personas los años anteriores", afirma.

Su preparación no ha sido ligera. Comenzó en junio a prepararse en una academia y, a partir de septiembre, se entregó casi por completo al MIR: "Estudiaba 10 horas diarias. A partir de septiembre, ya estaba mentalmente cansado y se hace eterno. Entonces te planteas estudiar menos porque piensas que igualmente no te va a dar la nota".

Pero no fue su caso. Godoy decidió "apretar", aunque había días que tenía que parar porque "no podía más". Ahora, tras revisar la plantilla de respuestas, es cuando vienen las dudas: "¿Tenía que haber estudiado más o tenía que haber descansado la mente?". De momento, ahora piensa estudiar "un par de horas más". Aún así, sabe que este cambio de hábito no es garante de éxito en la próxima convocatoria.

Los nervios como "enemigo"


En su caso, los nervios remaron en su contra. "Desde ya bachillerato y en los exámenes de la carrera ya me ponía bastante nervioso, incluso en un parcial donde tampoco te jugabas mucho", cuenta. Así que en el MIR ha sido mucho peor: "Estás bajo presión y tienes 15 minutos por pregunta".

"Dudas entre tantas que, al final, por estadística algunas vas a fallar", dice, aunque reconoce que este año el examen no ha sido tan difícil como el del año pasado, "que fue un escándalo". Aún así, Godoy describe un MIR "exigente, con pocas preguntas de casos clínicos y muchas imágenes poco claras". "Al final se convirtió un examen de preguntas cerradas: o te las sabías o no". 

Para el próximo año, confía en que la experiencia le dará ventaja: "Ya he pasado por aquí, ya me he sentado en esta silla, ya sé los nervios que voy a tener el día anterior, entonces creo que lo manejaré un poco mejor".
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