Un farmacéutico, un enfermero y una médica analizan los mensajes que reciben, coincidiendo con la nueva app del Gobierno

Un farmacéutico, un enfermero y una médica analizan los insultos y amenazas de muerte que reciben, coincidiendo con la nueva app 'Hodio' del Gobierno.
Guillermo Martín, Héctor Castañeira y Sara Marín.


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Cuando las redes sociales nacieron prometían ser un nuevo canal que abría múltiples posibilidades, ofreciendo un poder inédito al usuario. Sin embargo, con el paso de los años, el anonimato que permiten y la retirada de políticas de control han transformado estos espacios en entornos cada vez más hostiles, especialmente desde la pandemia de Covid-19 en el entorno sanitario. Y es que, como resume el farmacéutico y divulgador sanitario Guillermo Martín, "el odio engancha, el odio da visitas y el odio mueve dinero".

Más conocido como Farmacia Enfurecida, Martín asegura sufrir amenazas prácticamente a diario. "Sobre todo con temas como las vacunas están todo el día insultándonos, todo el día amenazándonos", afirma a Redacción Médica. "Hace cuatro días un tío dijo que le iba a partir el cuello a mi gato delante de mí para ver cómo sufría", relata con crudeza. "Si tienes una cuenta con nombre y foto es más fácil que la gente de tu entorno vea lo que haces, por eso normalmente lo hacen desde perfiles anónimos", señala.

Martín sitúa el punto de inflexión en la pandemia. Antes de ese momento, reconoce que existían críticas o comentarios negativos, pero de forma puntual. "Había haters, pero en cosas concretas", explica. Sin embargo, desde entonces considera que el fenómeno se ha vuelto más organizado y persistente. "No es algo contra mí por un motivo concreto, sino contra los farmacéuticos, los médicos o los sanitarios en general", afirma.

Este farmacéutico reconoce que es muy difícil gestionar este tipo de ataques. "Si no tienes la cabeza fría te puedes volver loco", considera y señala que, en ese sentido, entrar en confrontaciones con perfiles anónimos suele ser contraproducente.

Denuncias y límites de las plataformas


Aunque ha denunciado algunas amenazas, Martín asegura que las herramientas actuales resultan poco eficaces y que han empeorado en los últimos años debido a los cambios de políticas por parte de los dueños de Meta y Twitter. "Una persona que se crea una cuenta falsa, si se la cierran, abre otra en 30 segundos", afirma. También presentó una denuncia en comisaría, aunque reconoce que la respuesta fue nula. "Me dijeron que la registraban por si pasaba algo, pero que hasta que no ocurra una agresión o algo parecido poco se puede hacer", explica.


"En comisaría me dijeron que hasta que no ocurre una agresión o algo parecido poco se puede hacer"



Una situación similar es la que vive a diario el enfermero y divulgador Héctor Castiñeira. "Antes de la pandemia eran mucho menos frecuentes, vivías dos o tres episodios al mes; durante la pandemia los insultos, las amenazas y el odio eran diarios, y actualmente lo vivo un par de veces por semana", relata. En su caso, reconoce que hay temas especialmente sensibles que suelen desencadenar estos ataques. "Muchas veces ya sabes que lo vas a vivir si el tema que vas a tocar tiene relación con las vacunas, por ejemplo. Los movimientos antivacunas quieren amedrentarnos para que no hagamos divulgación, pero no lo van a conseguir. No podemos permitir que ganen".

Entre los mensajes que recibe, Castiñeira asegura haber encontrado ataques personales y amenazas directas. "Comentarios sobre mi aspecto físico, me desean la muerte a mí o a un familiar, me amenazan con agredirme al salir de mi puesto de trabajo", explica. A su juicio, las redes sociales se han convertido en un espacio donde algunas personas canalizan ese tipo de comportamientos. "El odio es el peor de los venenos, y por desgracia hay mucha gente que utiliza las redes sociales para verterlo sobre otras personas".

En línea con lo que comenta Martín, este profesional-conocido en redes por su perfil Enfermera Saturada- asegura que ha reportado en numerosas ocasiones este tipo de mensajes a través de los sistemas internos de las plataformas, aunque considera que el resultado suele ser limitado. "Me he hartado de denunciar a los perfiles que hacen este tipo de comentarios, pero lo raro es que sirva para algo", afirma. Según su experiencia, incluso mensajes especialmente graves no suelen tener consecuencias. "Denunciar un tuit en el que te desean la muerte o un mensaje privado en Instagram en el que te amenazan con darte una paliza no sirve para nada".


"Denunciar un tuit en el que te desean la muerte o un mensaje privado en Instagram en el que te amenazan con darte una paliza no sirve para nada" 



Aun así, subraya que aunque la mayoría de las interacciones que recibe no tienen ese tono, sí reconoce que la exposición prolongada a este tipo de mensajes puede acabar afectando. "Afortunadamente la inmensa mayoría de los mensajes que recibo no son así, pero cuando estás expuesto desde hace años a mensajes de odio de forma continuada, si no haces un trabajo interno de impermeabilización te acaban afectando a nivel psicológico". Por ello, considera que hoy en día "hay que ser muy fuerte mentalmente para estar en redes sociales".

La suerte de contar con una comunidad que te arrope es precisamente uno de los factores que, según explica la médica y creadora de contenido Sara Marín, ayuda a sobrellevar esta exposición. Esta especialista asegura que aunque sí que le llegan determinados ataques cuando alguno de sus vídeos se viraliza y alcanza a personas fuera de su audiencia habitual, suele recibir más comentarios positivos por parte de su más de un millón de seguidores que de odio. "Hay gente que insulta gratuitamente desde perfiles que ni tienen nombre completo ni foto", señala. "Afectan psicológicamente y como son redes sociales parece que no es tan fuerte, pero duele el estar en contacto con personas que te están haciendo comentarios escondidos detrás de una pantalla", explica.

Además, considera que algunos ataques resultan especialmente duros cuando proceden de otros profesionales sanitarios. "El mensaje de odio es más duro cuando viene de compañeros o te juzgan profesionalmente cuando tú realmente estás intentando hacer las cosas bien", afirma. En ese contexto, reconoce que estos comentarios pueden generar un impacto emocional significativo. "Sientes bastante frustración, impotencia, empiezas a rumiar", describe.

Ante este tipo de situaciones, la médica opta por evitar el enfrentamiento directo. "Evado la situación, siento que ponerme a discutir con esas personas que mandan mensajes de odio me va a hacer más mal que bien", explica. Al igual que critican sus compañeros, también considera que denunciar perfiles no es eficaz, ya que muchos insultos se realizan de forma indirecta o encubierta, sin utilizar palabras explícitamente ofensivas.

Nueva plataforma para medir el odio en redes


Precisamente este miércoles el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció la puesta en marcha de una nueva herramienta para medir el alcance y la difusión de los discursos de odio en redes sociales. 'Hodio' permitirá analizar cómo se generan y se propagan estos mensajes en el entorno digital, así como evaluar su impacto y evolución en distintas plataformas. Según explicó Sánchez, el objetivo es contar con indicadores que ayuden a dimensionar el fenómeno y reforzar las estrategias para combatirlo, ofreciendo datos que permitan identificar dinámicas de amplificación del odio en internet.

Una plataforma que Martín no cree que sea útil: "Si lo van a hacer que lo hagan para todos, el problema es que intentan controlar los discursos de odio en temas de políticas que puedes caer en censura". 

En la misma línea, Castiñeira se muestra "escéptico" y no entiende de qué sirve medir este odio si no se "ponen soluciones". Según su experiencia, una de las claves para reducir este tipo de comportamientos estaría en limitar el anonimato en las plataformas. "Cada vez estoy más convencido de que habría mucho menos odio, insultos y amenazas en redes sociales si cada perfil estuviera asociado a un nombre real", señala. "Porque tras el anonimato sale muy barato amenazar e insultar, pero por la calle, cuando nos vemos cara a cara, es muy raro recibir esas mismas amenazas", concluye.

Por su parte, Marín considera positivas las iniciativas que intenten limitar este fenómeno en redes sociales. "Cualquier iniciativa que intente ayudar o filtrar a que esos mensajes se controlen o se puedan evaluar me parece bien", concluye.
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