jue 13 febrero 2020. 14.45H
La participación en equipos clínicos es una de las tendencias imparables de la Farmacia Hospitalaria. Los jóvenes especialistas parecen tirar más hacia esta idea que hacia el viejo concepto de preparación y selección de medicamentos, pero precisamente esta es la base que va a dar valor a los farmacéuticos en otros servicios.

Así lo ha advertido Ana Lozano, exvicepresidenta de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH): “Hay una tendencia a preferir estar en un equipo clínico que en la preparación de medicamentos, pero el farmacéutico tiene que aportar lo que el resto no tiene y para eso tenemos que tener las bases de nuestra profesión. Si no estamos formados en formación y selección de medicamentos, el equipo clínico no nos va a necesitar”.

Lozano ha hecho esta reflexión durante la jornada Postmidyear de la SEFH, donde se traen las novedades que se han tratado en el último congreso de la Sociedad Americana de Farmacéuticos del Sistema Sanitario, ASHP por sus siglas en inglés. “Tenemos que aportar al equipo clínico como farmacéuticos”.


"No estamos para quitarle el sitio a otros"


A este respecto, el expresidente de la SEFH, Miguel Ángel Calleja, ha profundizado en esta cuestión, señalando que “son los servicios los que piden tener un farmacéutico” y recalcado que este profesional “no está para quitarle el sitio a otros: aquí no estamos de competición sino de colaboración”. Y afirma: “Esto no es negociable, tenemos que llegar al punto en que cada unidad tenga a su farmacéutico de hospital”.


Lozano: "Deben promoverse estudios de impacto de optimización en el tiempo del farmacéutico y seguridad del paciente"


Calleja ha advertido que, de seguir la tendencia de preferir trabajar en el equipo clínico que en la preparación de medicamentos, habrá que potenciar esto último en el futuro, “recomendando formación específica en estas actividades, una superespecialización en esto, que es el origen de nuestra profesión”.

El expresidente de la SEFH ha resumido la encuesta sobre proyecciones a futuro que realiza la ASHP a líderes y personas representativas de la profesión. Entre sus principales conclusiones ha recalcado la necesidad de invertir en la recogida de resultados reportados por el paciente, la cada vez mayor participación del farmacéutico en la gestión administrativa, la necesidad de combatir los desabastecimientos –más de la mitad de los encuestados creía que debería existir un listado de medicamentos básicos– y de anticiparse a la forma de financiación de los fármacos ante la llegada de algunos productos de muy alto precio.


Protocolos de intercambio terapéutico


Lozano ha resumido otra encuesta, la de la situación actual de los Servicios de Farmacia de Estados Unidos, que ha comparado con datos del Libro Blanco de la Farmacia Hospitalaria. Estos últimos son de 2015: hay una encuesta más reciente pero sus resultados todavía no han sido publicados.

España sale peor parada en cuanto al uso de protocolos terapéuticos de intercambio y guías de práctica clínica, así como en la participación del farmacéutico en la historia clínica electrónica para selección y seguimiento de fármacos o modificar protocolos.

No obstante, la farmacéutica ha destacado que, a través de los Programas de Optimización de Uso de Antibióticos (PROA) “estamos aumentando nuestra participación en la recomendación y selección”.

Otro aspecto que ha destacado en su resumen de la encuesta es la demostración del valor del trabajo del farmacéutico. En el país norteamericano se recogen datos sobre frecuencia y tipo de intervenciones farmacéuticas y el ahorro que suponen, dando un toque de atención: “Esto es lo que tenemos que hacer si queremos farmacéuticos en el resto de equipos y aumentar nuestro número en los hospitales”.

Aspecto de la sala donde se ha celebrado la jornada Postmidyear.


El uso de sistemas robotizados para preparar citostáticos y preparaciones intravenosas está bastante extendido en los Servicios de Farmacia participantes en la encuesta de la ASHP, al igual que la autovalidación (es decir, una validación automatizada) de las órdenes de tratamiento.

En este sentido, Lozano ha apuntado hacia la necesidad de evolucionar “desde una autovalidación técnica hacia una autovalidación clínica. Deben promoverse estudios de impacto de optimización en el tiempo del farmacéutico y seguridad del paciente”.

Estas actuaciones repercutirán en el valor añadido que pueda dar el farmacéutico, ya sea en su Servicio o en los distintos equipos clínicos. “Cuanto más automaticemos, más nos podremos dedicar a lo que queremos”.

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