Carmen García Marco, farmacéutica.
Los profesionales sanitarios que quieren formar parte del Sistema Nacional de Salud se dan cita este 24 de enero para las pruebas de Formación Sanitaria Especializada (
FSE). De todas las plazas, son
362 las vacantes para farmacéuticos, 10 plazas más que en la convocatoria anterior. Además, las posibilidades de éxito son mayores: el año pasado la ratio se situaba en 4,24 aspirantes por plaza, y este ha bajado a 4,10, lo que se traduce en que la
probabilidad de éxito del opositor farmacéutico pasa del 23,5 al 24,4 por ciento este año.
Entre los aspirantes de este año se encuentra
Carmen García Marco, que estudió Farmacia en la Universitat de València y
es la tercera vez que se enfrenta al examen FIR. “Creo que se tiene el mito de que se saca a la primera porque normalmente solo se habla del
MIR, en el que hay bastantes plazas. Pero
luego vas al FIR y hablas con la gente y muchísima lleva tres, cuatro convocatorias”, cuenta la farmacéutica a
Redacción Médica. Algo ha cambiado en su planteamiento en esta convocatoria: “Es el primer año que soy consciente de que si no entro, o no me quedo muy cerca, no me voy a volver a presentar. Es agotador”, admite. Debido a que García Marco siempre
ha compaginado trabajo y estudios, sabe lo sacrificado que es sostener el ritmo durante mucho tiempo:
“Es decir que no a cualquier plan, a cualquier oferta de trabajo más interesante. Yo trabajo los fines de semana, entonces no tengo un sueldo para poder tener una vida adulta”, comenta.
Estudiar otra carrera si no saca la plaza
La motivación de la aspirante a farmacéutica especialista para presentarse al examen es que
las ramas abarcan “patología compleja y laboratorio”, el segundo tiene especial relevancia porque, como dice, “en España llegar al laboratorio con un sueldo decente o unas buenas condiciones es muy difícil”. La decisión de estudiarlo también vino
condicionada por su experiencia en oficina de farmacia: “Antes de acabar la carrera ya empecé a trabajar allí y, aunque me atraía, pues me parece muy bonita, no me gustan las condiciones”, señala.
Por este motivo, en el caso de que no sacara plaza, se ha planteado otras opciones: “He estado en laboratorio público y he trabajado como
farmacéutica de salud pública, como inspectora, entonces, de no sacarla, seguiría intentándolo ahí”. Si no, tiene otra vía, la de sacarse una carrera diferente: “A mí no me molesta estudiar, me gusta la sanidad y
soy consciente de que en Enfermería o en Odontología hay mucho trabajo y son unos trabajos que me gustarían”, afirma.
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