Lourdes Gayoso, farmacéutica.
El primer contacto con la
farmacia comunitaria puede marcarte de tal forma que, una vez emprendido otro camino profesional, sientas que tienes que volver.
Mientras que unos farmacéuticos empiezan detrás del mostrador, dispensando medicamentos, esperando la oportunidad para poder desarrollarse en la industria, hay personas que, una vez hecho ese recorrido, vuelven a su primer trabajo.
Lourdes Gayoso es un ejemplo claro de esta dinámica. Cuando
Redacción Médica le pregunta por qué
volvió a la oficina de farmacia, ella contesta que “lo echaba de menos”: “Los horarios de industria son mejores, pero trabajar de cara al público tiene su lado bonito, aunque el otro lado es sacrificado”, admite.
A pesar de esto, considera que le merece la pena:
“Es muy gratificante cuando consigues ayudar a las personas que realmente buscan que alguien les guíe y ayude. Y tengo un lado muy ‘cuidador' que en la farmacia es un pilar importante”. Cuando acabó la carrera, Gayoso tenía claro que quería
estudiar el FIR, lo estudió un tiempo y después empezó a trabajar en farmacias. “Después de dos años, me entraron dudas de si era lo que realmente quería, y
sentía que necesitaba un cambio de aires y poner a prueba si varias inquietudes que tuve desde el mostrador se podrían solventar en la
industria”, explica la farmacéutica, que estudió entonces
un máster en seguridad alimentaria y calidad, que “abrió un camino totalmente desconocido” para ella.
“El mundo de la regulación de los suplementos alimenticios es parte de mi motivación para seguir formándome y ayudar, de nuevo, desde el mostrador”, sostiene.
La farmacia, una combinación entre “humanidad y negocio”
Aunque Gayoso tiene en estima el trabajo que se realiza en
oficina de farmacia, admite que hay muchas formas de regentar una: “Es cierto que no deja de ser un negocio pero con un lado muy humano.
Siempre diré que si en la farmacia funciona a partes iguales de humanidad y negocio, tienes la combinación perfecta”, expone. En lo relativo a la parte humana, la farmacéutica afirma que en su día a día le llegan muchos de los problemas de los que se queja la sociedad cuando va al establecimiento: “Creo que algo tan sencillo para mejorar sería
intentar tener una comunicación entre farmacéuticos y médicos”, destaca.
Para ella, la accesibilidad es realmente importante por diversos factores: “No solamente por el problema de que se caduquen las recetas,
sino por poder notificar más rápido si se detecta una sobremedicación, un problema de que se equivoquen en algún medicamento, que receten algo que está en faltas y no haya sustituto…”, enumera la farmacéutica. Para ella, una cosa está clara, y es que los
farmacéuticos son “el cara a cara más accesible de lo que pasa muchas veces en la sociedad y
las deficiencias que detectamos podrían ser menos si trabajásemos en el mismo sentido”.
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