Carla Plá, estudiante de Medicina.
Empezar Medicina a los 30 años no es el camino habitual, pero cada vez más estudiantes llegan a la facultad después de haber recorrido otros itinerarios académicos o profesionales. Es el caso de Carla Plá que, tras formarse en música y en Magisterio, decidió dar el paso y comenzar la carrera que siempre había estado entre sus aspiraciones, pero que había dejado aparcada. Y es que se decidió por priorizar su vocación musical y realizó el Grado Superior de Interpretación de Clarinete -a la vez que hacía el Grado en Magisterio de Educación Primaria-. Sin embargo, se dio cuenta de que la música era un mundo "muy complicado" y en el que muchas vecess "los 'enchufismos' son demasiado evidentes".
Fue entonces cuando decidió apostar por lo que define como su "segundo amor". "Me embarqué en la aventura", resume a
Redacción Médica. Una elección que al inicio no parecía nada sencilla. "El acceso desde titulados universitarios era prácticamente imposible, así que opté por hacer el Grado Superior de Laboratorio Clínico y Biomédico en el IES Enric Valor de Silla, donde obtuve un 10 de media y, junto con las notas de Química y Biología en la Selectividad de ese mismo año,
conseguí entrar a Medicina", explica Plá.
Estudiar Medicina con otra perspectiva
Una vez ya en la carrera, esta futura médica nota un gran cambio respecto a etapas académicas anteriores. "Las
asignaturas, aunque son muy interesantes, también
son muy densas y con muchísimo temario tanto para entender como para memorizar", reconoce. En este sentido, considera fundamental organizarse bien y tratar de ir comprendiendo los contenidos conforme se van explicando en clase. "Empezar una nueva carrera con 29 años te da una perspectiva diferente, sin duda", señala Plá y asegura que la experiencia previa aporta ventajas claras. "Te da una
mayor capacidad de organización y disciplina, ya que al empezar con una experiencia previa
tienes más claro por qué estás ahí,
qué estás dispuesto a sacrificar y cuáles son tus prioridades".
La madurez también influye en la
gestión emocional de una
carrera tan exigente como Medicina. "Es una carrera con
momentos de presión y frustración", explica. Sin embargo, cree que haber pasado por otras etapas académicas y laborales permite afrontar mejor esas situaciones y tolerar mejor las dificultades.
En cuanto a la relación con sus compañeros, asegura que la integración fue natural desde el principio. "Me he sentido
una más dentro del grupo que hemos formado, apoyándonos, riendo y quejándonos juntos", afirma. Aunque en ocasiones se percibe cierta diferencia de madurez, considera que también puede aportar otra perspectiva en determinados momentos.
La dificultad de empezar de nuevo como estudiante
Más allá de la carga académica, Plá reconoce que uno de los aspectos más difíciles de empezar Medicina a los 30 años tiene que ver con el plano personal. "Creo que
lo más difícil es gestionar la parte social", admite. Y es que mientras muchos amigos de su entorno ya están trabajando o independizándose, ella ha vuelto a empezar. "A veces
cuesta no compararse, pero cuando recuerdas por qué estás aquí, todo vuelve a tener sentido", reflexiona.
Su experiencia previa como docente también cree que podrá influir positivamente en su futuro como médica. Durante su etapa trabajando en colegios tuvo que tratar con niños y con sus familias, algo que considera que le ha aportado
herramientas importantes para el trato con pacientes. "Eso
te enseña a escuchar, a mediar y a mantener la calma incluso cuando por dentro los sentimientos son intensos", apunta.
Estos primeros meses dentro de la carrera también han cambiado parcialmente su percepción de la Medicina. "He sido consciente de que
es una carrera dura", reconoce Plá. Aun así, insiste en que lo más importante es entenderla como "una carrera de fondo", en la que hay que avanzar paso a paso y superar las dificultades siendo conscientes de la responsabilidad que implica la profesión. "En el futuro seremos los responsables de tratar con el dolor y la salud de nuestros pacientes".
Retos en Medicina
Cuando se imagina ejerciendo dentro de unos años, considera que lo que la diferenciará de quienes siguieron un camino más tradicional no será necesariamente lo que haya aprendido durante la carrera. "Al final todos aprendemos a lo largo de los años", señala. Para ella, la diferencia estará en la perspectiva con la que afronta la profesión. "Al haber seguido un camino menos tradicional,
soy consciente de que estoy en Medicina por una decisión muy meditada y eso cambia la forma en la que afrontas cada reto desde el primer curso".
Aunque todavía ve el
examen MIR como una meta lejana, cree que la madurez también puede influir positivamente a la hora de afrontarlo. "Implica entenderlo como una etapa más del aprendizaje". Y a la hora de elegir especialidad y hacer la residencia tiene claro que
no priorizará el prestigio o determinadas ventajas laborales. "Buscaré una especialidad que realmente me llene y en la que sepa que daré todo de mí para ayudar a los pacientes", asegura.
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