Joaquín Cayón, director del Congreso Nacional de Salud y Derechos Digitales.
La
digitalización y la transformación tecnológica están cambiando el sistema sanitario y también la forma de entender la salud. En este contexto, Granada acogerá el próximo 26 de mayo el
Congreso Nacional de Salud y Derechos Digitales, una cita centrada en los retos éticos, jurídicos y asistenciales del nuevo paradigma digital. En vísperas de su celebración,
Redacción Médica entrevista a su director,
Joaquín Cayón-De las Cuevas. En la conversación, Cayón habla de la digitalización como el nuevo "determinante de la salud" y defiende que este encuentro nace con el objetivo de arrojar luz sobre los cambios, desafíos e incertidumbres que plantea la
transformación tecnológica.
Como director del congreso, ¿qué objetivo principal queréis dar al encuentro “Salud y Derechos Digitales”?
Este congreso nace de un proyecto de investigación colaborativo financiado por el
Ministerio para la Transformación Digital y centrado en los derechos digitales. Se trata de un consorcio formado por seis entidades: el Instituto de Investigación Valdecilla —instituto mixto de la Universidad de Cantabria y la Consejería de Salud cántabra—, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Valencia, la Universidad Rovira i Virgili y dos fundaciones vinculadas al
ámbito jurídico y audiovisual.
El proyecto, adjudicado bajo el título
Carta de Derechos Digitales en Entornos Específicos, parte de la Carta de Derechos Digitales aprobada por el Gobierno en 2021, con el objetivo de analizar los derechos de la ciudadanía en el nuevo contexto de digitalización. Existen derechos digitales en ámbitos muy distintos, como la educación, la comunicación, la propiedad intelectual o el entorno social, pero nuestro trabajo se centra específicamente en el ámbito sanitario. Como colofón a esta iniciativa organizamos el
Congreso Nacional de Salud y Derechos Digitales, que se celebrará en Granada en colaboración con el Instituto de Biomedicina de Granada y la Escuela Andaluza de Salud Pública. La idea es generar sinergias y dar una proyección nacional al debate sobre cómo la digitalización está transformando el ámbito sanitario. Porque creemos, efectivamente, que la digitalización se ha convertido ya en un nuevo
determinante de la salud.
Partimos de la idea de que la
regulación sanitaria actual está pensada para una relación analógica entre el profesional sanitario y el paciente. Sin embargo, no hay duda de que la digitalización ha transformado profundamente ese vínculo tradicional y obliga a replantear muchas de las categorías clásicas del Derecho sanitario. Durante el desarrollo del proyecto hemos trabajado en ordenar y sistematizar todos los ámbitos que engloba hoy la salud digital. Ahí entran cuestiones como la telemedicina, la salud móvil a través de aplicaciones, la prescripción electrónica, la inteligencia artificial o, de forma muy especial, los datos electrónicos de salud, que serán clave para el desarrollo de la
medicina de precisión y de la medicina preventiva.
El objetivo es aportar un marco que permita ordenar este aluvión de nuevas realidades y encontrar un equilibrio entre la
innovación tecnológica y la protección de derechos. Ese es, precisamente, uno de los grandes ejes del congreso: analizar cómo debe reformularse el Derecho sanitario para adaptarse a esta
transformación digital sin perder garantías jurídicas y asistenciales. De hecho, el programa del encuentro se articula en torno a todos estos ámbitos, que son los que actualmente están redefiniendo la relación entre tecnología, salud y derechos.
El programa reúne paneles sobre digitalización e innovación en salud, telemedicina, uso del dato biomédico, inteligencia artificial y atención farmacéutica digital. ¿Cuál es el hilo conductor entre esos cinco bloques?
El hilo conductor es, sin duda, la profunda transformación que la digitalización ha provocado en la forma tradicional de
prestar servicios sanitarios. La atención farmacéutica ya no se desarrolla únicamente de forma manual, sino también mediante herramientas electrónicas y digitales. Los
sistemas sanitarios reconocen nuevas modalidades de asistencia a distancia y los procesos de diagnóstico y tratamiento incorporan cada vez más aplicaciones de inteligencia artificial. Hoy resulta imposible entender la
innovación sanitaria sin el impacto de las nuevas tecnologías. Por eso, el congreso plantea una reflexión colectiva e interdisciplinar sobre cómo esta transformación está redefiniendo la manera de ejercer la Medicina, la Enfermería o la Farmacia.
De alguna forma, asumimos también que el tradicional
juramento hipocrático debe repensarse en este nuevo contexto tecnológico. Sin embargo, esta transformación digital todavía no se ha reflejado suficientemente en el ordenamiento jurídico, lo que obliga a buscar un equilibrio adecuado entre innovación,
beneficios asistenciales y garantías para pacientes y profesionales. Precisamente por ello, todas las mesas del congreso tienen un carácter interdisciplinar. Aunque existe un importante componente jurídico y regulatorio, también participan profesionales de la medicina, la
gestión sanitaria y la innovación tecnológica.
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"La IA es algo que ya está transformando el sistema sanitario"
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Usted coordina y modera el Panel 4, “Inteligencia Artificial en salud”. ¿Qué cuestiones considera más importantes abordar en ese panel desde el derecho sanitario y la bioética?
La primera idea que me gustaría trasladar es que la inteligencia artificial en salud ya no es el futuro, sino claramente el presente. La IA es algo que ya está transformando el sistema sanitario mientras seguimos planificando cómo adaptarnos a ella. Uno de los grandes debates pasa por cómo garantizar un acceso rápido a esta innovación sin renunciar a las garantías necesarias. La
inteligencia artificial aplicada a salud tiene la consideración de producto sanitario y, por tanto, requiere regulación, pero al mismo tiempo necesitamos que esa regulación actúe como facilitadora de la innovación y no como un freno.
Otro de los retos clave es la escalabilidad. Hoy muchos hospitales están llenos de
proyectos piloto basados en IA que, sin embargo, no terminan incorporándose de forma real a la cartera de servicios. Creemos que esto exige abandonar planteamientos binarios y avanzar hacia modelos basados en análisis de riesgo-beneficio, similares a los que ya existen en los ensayos clínicos. Cuando el beneficio potencial es elevado, también puede asumirse un mayor nivel de riesgo.
Además, la inteligencia artificial debe analizarse desde una perspectiva de
geopolítica sanitaria. Existe una idea muy extendida de que Estados Unidos innova, China reproduce y Europa regula. Precisamente por eso, durante el congreso reflexionaremos sobre cómo construir una regulación flexible que permita a Europa mantener competitividad sin perder garantías. También abordaremos cuestiones como el papel de la
propiedad intelectual sobre los resultados generados por IA, la responsabilidad de los profesionales sanitarios en el uso de estas herramientas o el derecho de los pacientes a recibir explicaciones comprensibles cuando una decisión clínica haya estado condicionada por
algoritmos.
En paralelo, una de las mesas estará centrada en los datos, porque los datos son el combustible de la inteligencia artificial. Para que exista una IA útil y fiable hacen falta datos de calidad, interoperables y estandarizados, además de algoritmos transparentes y explicables. Y aquí aparece un elemento fundamental: la necesidad de compartir datos. Compartir datos salva vidas, porque permite avanzar en medicina personalizada, optimizar ensayos clínicos,
descubrir nuevos tratamientos o mejorar la prevención de enfermedades. Pero eso requiere no solo regulación y tecnología, sino también un
cambio cultural.
España puede ser un referente en este ámbito. Somos un país
líder en donación de órganos gracias a una cultura de solidaridad muy arraigada. Creemos que ese mismo modelo puede trasladarse al ámbito de los datos sanitarios: una cultura de compartición responsable y garantista que contribuya a mejorar la salud colectiva.
En el Panel 3 se plantea “el dato como fuente de progreso en biomedicina: innovación y protección”. ¿Cómo cree que debe equilibrarse el avance biomédico con la protección de derechos digitales?
El paciente es el titular de los datos, aunque en ocasiones seguimos manejando una concepción excesivamente patrimonialista y privatista de la información sanitaria. En línea con el
Reglamento General de Protección de Datos, el consentimiento es una de las bases legales para su tratamiento, pero no es la única. Existen otras, como el interés público, que ya se han aplicado en contextos como la pandemia del
Covid-19.
En este sentido, la clave está en compatibilizar la protección de datos con su uso secundario para la investigación y la innovación, articulando garantías jurídicas sólidas que eviten la reidentificación de los titulares. Es decir, herramientas legales existen. El problema es que seguimos anclados en una cultura centrada casi exclusivamente en el
consentimiento individual y en una lógica de propiedad privada del dato, lo que dificulta avanzar hacia políticas basadas en el interés público.
El programa incluye una sesión de comunicaciones y la entrega de un premio a la mejor comunicación. ¿Qué papel quiere que tengan esas comunicaciones dentro del congreso?
Se trata de un c
ongreso interdisciplinar que busca reunir a profesionales del Derecho, la Medicina, la gestión sanitaria, la Enfermería, la tecnología y la práctica clínica. Del mismo modo que aspira a ser interterritorial —con participación de distintas comunidades autónomas como Cataluña, País Vasco, Madrid, Cantabria, Andalucía o Murcia, además de perfiles internacionales—, también quiere ser
intergeneracional.
A este objetivo responden las comunicaciones, dirigidas a investigadores y profesionales en las primeras etapas de su carrera académica. Se trata de intervenciones breves que permiten dar visibilidad a las líneas de
investigación más innovadoras en este ámbito. Consideramos importante ofrecer este espacio, cuyo plazo de presentación de comunicaciones finaliza el miércoles, y configurar un programa específico que permita mostrar qué está investigando actualmente la nueva generación en materia de salud y derechos digitales. Reivindicamos así que la investigación en
Derecho sanitario también contribuye a
mejorar la salud, del mismo modo que lo hace la investigación biomédica.
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