Diccionario de enfermedades

Infección por Covid-19 (coronavirus)

Imagen a microscopio del coronavirus
La infección por COVID19 es un infección por un nuevo coronavirus descubierto en Wuhan China en diciembre de 2019. Su nombre procede del acrónimo en inglés COronaVIrus Disease 2019.

¿Cuál es la causa del coronavirus?


El virus responsable de la enfermedad se denomina SARS-CoV-2 (Severe Acute Respiratory Syndrome COronaVirus 2). Se trata de un virus RNA de la familia de los coronavirus, que ya habían producido en el pasado enfermedades respiratorias graves, como el SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome; Síndrome respiratorio agudo grave) o el MERS (Middle East Respiratory Syndrome; síndrome respiratorio del medio Este). En algunos casos, se puede identificar síntomas de post-Covid, Covid persistente o Covid crónico.

Como otros virus, los coronavirus pueden mutar, es decir, cambiar su estructura para así evitar ser interceptados por las defensas de nuestro organismo. Las mutaciones pueden hacer que los virus cambien su capacidad infecciosa (por ejemplo, que la enfermedad se contagie con más facilidad) o que cambien su patogenicidad (es decir que la enfermedad que produzcan sea más o menos grave). Se han descrito así diferentes variantes de coronavirus: inglesa, brasileña, india, sudafricana, etc.

¿Cómo se contagia el Covid-19?


La trasmisión principal es de persona a persona, generalmente al encontrarse en el radio de contagio de una persona infectada, que se establece en aproximadamente 2 metros. El virus se elimina con las secreciones respiratorias de una persona infectada (que puede no saberlo por no haber desarrollado síntomas) y pasar así al aparato respiratorio de otra persona. La tos, los estornudos, la exhalación del humo del tabaco, incluso el hablar, favorecen la eliminación de las secreciones respiratorias y favorecen, por tanto, el contagio. Por el contrario, la colocación de mascarillas lo dificulta, aunque no lo impide.

Las partículas procedentes de las secreciones respiratorias pueden quedarse flotando en el aire durante tiempos prolongados. Por este motivo, el permanecer en espacios cerrados (habitaciones, transportes, etc.) puede favorecer el contagio, al encontrarnos más expuestos a la inhalación de estas partículas.
También puede trasmitirse por tocar superficies infectadas por el virus y posteriormente llevarse la mano a la boca, la nariz o los ojos.

Si bien se ha aislado el virus de otras secreciones (heces, sangre, semen) probablemente contribuyen de forma escasa a la transmisión. Del mismo modo, parece que la trasmisión del virus de una madre embarazada al feto es infrecuente y que la mayoría de infecciones adquiridas por el recién nacido lo hacen en el momento del parto, si bien este aspecto no está bien aclarado.

Se desconoce el riesgo de transmisión desde mascotas y el riesgo de infección de estas. Si bien probablemente es escaso, las recomendaciones americanas indican no tener contacto con mascotas mientras se esté enfermo y, en general, evitar los contactos con mascotas ajenas a la casa, o entre mascotas, mientras dure la pandemia.

Una persona infectada puede transmitir el virus aunque esté asintomática. Del mismo modo, una persona que sí tiene síntomas, pudo ya haberlo transmitido desde 2 días antes de empezar con dichos síntomas. El periodo de máxima contagiosidad son los primeros días desde el inicio de los síntomas.

El riesgo de adquirir la infección depende de diferentes variables: La cantidad de virus que expulsa una persona enferma con la que se ha estado en contacto, el tiempo de contacto con esa persona, si ha sido en un sitio cerrado o abierto, el grado de protección de ambas personas, y probablemente factores individuales no muy bien conocidos. La mayoría de los contagios se producen en el ambiente familiar, en ambientes sanitarios, en residencias u otros lugares de convivencia estrecha y en espacios cerrados.

La transmisión del virus puede mantenerse entre 7 y 10 días después de haberse iniciado los síntomas. Más allá de este periodo es raro que pueda seguirse transmitiendo el virus, excepto en aquellas personas que continúen con síntomas, es decir, que persistan con fiebre o con mucha sintomatología respiratoria.

A pesar de no contagiar, muchas personas siguen teniendo una PCR positiva después de haber pasado la enfermedad, probablemente por mantener un virus ya muerto en su tracto respiratorio. Diversos estudios demuestran que la media de días que una persona puede seguir siendo positiva, es decir dando positiva la PCR, es de 18. Por este motivo, no suele recomendarse la realización de PCR para ver si una persona que ha pasado la enfermedad puede reincorporarse a su vida normal.

El riesgo de reinfectarse, es decir volver a coger la infección una vez que esta ya se ha pasado, es excepcional de momento (nadie sabe si las defensas frente al virus se pierden después de varios meses y todos podemos volver a reinfectarnos en el futuro). Los estudios demuestran una elevada protección al menos entre 6 y 8 meses después de haber adquirido la enfermedad. Sin embargo, se desconoce como evolucionará la protección a más largo plazo y si se perderá parte o toda la protección pasado un periodo indefinido de tiempo.

¿Cuáles son los síntomas del coronavirus?


Se estima que una tercera parte de las personas que adquieren la infección no desarrollan síntomas, si bien alguna de ellas puede tener anomalías en los análisis o en las radiografías.

En los pacientes que desarrollan síntomas estos suelen ser leves, si bien hay casos graves en una proporción importante de casos. La tasa de letalidad (los que se mueren de aquellos que han sido infectados) se estima en un 2-3%, si bien, dado que muchos casos leves no llegan a ser diagnosticados y que hay muchos pacientes asintomáticos, la tasa de letalidad es probablemente muy inferior. Existen muchos factores que se asocian con una mayor gravedad, fundamentalmente la edad avanzada, el sexo varón y la presencia de enfermedades crónicas, como la obesidad, la hipertensión, la enfermedad cardiovascular, la diabetes, la insuficiencia renal crónica, el cáncer, el tabaquismo, etc. Algunas alteraciones analíticas se asocian también con un peor pronóstico, como un número bajo de linfocitos, una elevación importante de ciertos marcadores inflamatorio (proteína C reactiva, interleuquina-6, ferritina, D-dímero, troponina, etc.). Es posible que factores genéticos no bien conocidos se asocien también con un peor pronóstico.

El periodo de incubación de la enfermedad (desde que te entra el virus hasta que tienes síntomas) suele ser de 4 a 5 días, aunque puede prolongarse hasta 14 días. Pasado este tiempo pueden aparecer los síntomas, siendo los más habituales la tos, el malestar general, dolores generalizados, cansancio y dolor de cabeza, con o sin fiebre. La pérdida de olfato (anosmia) y del gusto (ageusia) son frecuentes, aunque no específicos, de esta enfermedad. Se han descrito con frecuencia variable otras manifestaciones, como náuseas, vómitos, diarrea, conjuntivitis o lesiones en la piel.

La afectación más grave es la neumonía que cursa con los síntomas previos y, frecuentemente, con dolor de pecho y dificultad respiratoria. La dificultad para respirar (disnea) suele aparecer entre el día 7 y 10 del inicio de los síntomas. Otras alteraciones graves son la presencia de trombosis (fundamentalmente tromboembolismo pulmonar), infartos, inflamación del pericardio (pericarditis), complicaciones neurológicas, etc.

La recuperación tras la enfermedad depende de su gravedad, el tiempo de estancia hospitalario, la edad del paciente y la presencia de otras enfermedades. En las formas leves de gente joven, la recuperación suele ser rápida, mientras que esta puede tardar varios meses en casos graves o en personas mayores con enfermedades crónicas.

¿Cómo se diagnostica el Covid-19?


El diagnóstico se basa en la realización de ciertas pruebas en pacientes con sospecha de la enfermedad. En la situación pandémica la sospecha simplemente parte del hecho de tener un cuadro catarral, haya o no habido un contacto previo conocido con una persona que ha tenido la enfermedad. La sospecha también existe en personas sin síntomas pero que hayan tenido un contacto directo con una persona infectada en los 10 días previos, o con una persona que haya comenzado con síntomas de infección en las primeras 48h después del contacto.

Se considera “contacto” el haber estado cerca de una persona infectada o que estuviera en el periodo de incubación de la enfermedad (a menos de 2 metros de distancia) durante unos minutos, con escasas medidas de protección.

¿A quién se debe realizar un test para ver si está infectado de Covid-19?

  • A las personas con síntomas de sospecha.
  • A personas con un contacto directo con una persona infectada. El test puede tardar unos días en hacerse positivo por lo que se suele recomendar hacer un test tras conocer el diagnóstico y un segundo test entre 4 y 7 días después. Un resultado negativo, sin embargo, no evita la cuarentena de 10 días que debe realizar la persona que ha tenido el contacto. SI no hay disponibilidad del test, puede servir mantenerse entre 10 y 14 días aislado, y si no aparecen síntomas reincorporarse a la vida normal asumiendo que no se ha cogido la enfermedad.
  • A personas ingresadas en el Hospital por si se hicieran positivas como consecuencia de un contacto inadvertido previo al ingreso.
  • En personas que van a realizarse alguna prueba diagnóstica en el hospital.
  • Antes de recibir una medicación que baja las defensas.

¿Qué pruebas diagnósticas existen?

  • PCR (Polymerase Chain Reaction: Reacción en cadena de la polimerasa). Detecta la presencia de virus en el organismo, pero no puede saberse si los virus que detecta están vivos o muertos. La muestra se recoge con un bastoncillo que se inserta por los orificios nasales y/o por la boca llegando a la faringe. El resultado tarda unas horas. El resultado puede ser positivo, negativo o indeterminado, en este último caso por problemas en la recolección de la muestra, en su procesado, o porque los resultados no queden claros. Un test positivo no indica que la infección se mantenga activa (la prueba puede seguir siendo positiva semanas después de haberse curado y dejado de infectar una persona) y un test negativo no descarta al 100% la presencia de la infección.
  • Test de antígenos. Detecta también la presencia de virus en el organismo. La muestra se recoge igual que la PCR, con un bastoncillo por la nariz y/o la parte posterior de la boca. El resultado de la prueba es inmediato lo que le hace especialmente interesante en determinadas circunstancias. Sin embargo, es menos sensible que la PCR, es decir, puede dar negativo en una persona infectada con más facilidad que la PCR (falso negativo), sobre todo en etapas muy iniciales de la enfermedad, donde 1 de cada 5 personas realmente infectadas puede dar negativa.
  • Test de anticuerpos (serología). Se realiza utilizando muestras de sangre, bien una análisis convencional o tras pincharse en un dedo. Detecta si nuestro organismo ha desarrollado anticuerpos frente al virus (un proceso que tarda varios días o semanas, dependiendo de cada persona) y, por tanto, sirve tan solo para saber si hemos pasado la infección, no si la tenemos en ese momento. Si la enfermedad dura mucho en el tiempo, mas de 3 o 4 semanas, sirve también para saber si hay infección, dado que en este plazo ha dado tiempo para que se creen los anticuerpos. Pueden hacerse tests de anticuerpos frente a proteínas del virus distintas a la spike, lo que implica que puede saberse si se ha pasado la infección aun habiéndose vacunado. Si bien la especificidad de esta prueba es alta (si das positivo casi seguro que has tenido una infección por COVID), puede haber reacción cruzada con otros virus y otros coronavirus, por lo que un resultado positivo no siempre indica infección por Sars CoV-2. Los anticuerpos se van perdiendo con el tiempo sin que quede claro que es lo que esto significa, es decir, si pierdes o no la protección frente a la infección.

Situaciones especiales: PCR persistentemente positiva


Algunas personas siguen teniendo un test de PCR positivo semanas después de haberse curado de la infección. En estos sujetos, la cantidad de virus suele ser muy pequeña y no parece que sean contagiosos. De hecho no se recomienda realizar tests de PCR para ver si la infección se ha curado.
Reinfecciones

De forma excepcional, se han descrito personas que vuelven a coger la infección después de un tiempo. En ocasiones es difícil saber si es una segunda infección, o si es la primera pero que vuelven a dar positivo en el test, incluso tras haber tenido resultados negativos entre medias. Se desconoce si se debe al mismo coronavirus tras haber perdido la protección frente a él o si la ifección puede ser debida a una cepa distinta.

Manejo clínico del paciente infectado por coronavirus


La necesidad o no de ingresar a un paciente infectado por COVID depende de numerosos aspectos que incluyen: la gravedad de la infección, la edad y las patologías previas de la persona infectada. El grado de saturación del sistema sanitario ha influido también en las posibilidades de ingreso en situaciones de sobresaturación del sistema.

En la mayoría de las circunstancias no es necesario el ingreso hospitalario. Las indicaciones para valorar un posible ingreso dependen fundamentalmente de si existe o no insuficiencia respiratoria (saturación de oxígeno menor o igual al 94% en una personas sin enfermedades pulmonares previas), del grado de postración del paciente, de su edad y del número de enfermedades crónicas que tenga, las cuales se asocian con un peor pronóstico de la enfermedad.  En estas circunstancias se debe realizar una valoración médica, que puede requerir de la utilización de análisis o pruebas radiológicas para tomar una decisión.

En cualquier caso, en situaciones donde la indicación sea favorable al manejo domiciliario, puede ser conveniente, el casos concretos, mantener contactos telefónicos periódicos con el paciente, así como dotarle de instrumentos para controlar su enfermedad: control de la saturación de oxígeno, toma de temperatura, etc.

Además de las medidas comentadas, estos pacientes deben aislarse de otras personas para evitar contagiar.

¿Cuál es el tratamiento para el Covid-19?


No existe un tratamiento curativo al 100%. Los tratamientos que han mostrado una mayor eficacia para reducir la mortalidad son, el tratamiento anticoagulante para evitar el tromboembolismo y el tratamiento con corticoides para reducir la actividad inflamatoria. Generalmente han sido utilizados en los casos con enfermedad grave o moderada, pero no en casos leves.

Otros tratamientos con una eficacia limitada, pero que pueden ser útiles en algunos pacientes seleccionados son el remdesevir (un antiviral), el tocilizumab (una sustancia que reduce la actividad inflamatoria), y los anticuerpos dirigidos frente al virus.

Además de estos tratamientos debe bajarse la fiebre con antipiréticos (paracetamol) o anti-inflamatorios, pueden darse compuestos para reducir la tos, y debe mantenerse una adecuada hidratación.

¿Puede prevenirse? Medidas para reducir el riesgo de contagiarse de Covid-19


La manera más segura de evitar la infección es el aislamiento con respecto a otras personas. Al menos, se recomienda evitar sitios concurridos y mantenerse a un mínimo de 2 metros de otras personas, utilizando siempre mascarillas bien colocadas al estar en contacto social.

Mascarillas:

En situación de alta prevalencia de infección, las mascarillas están indicadas tanto en espacios cerrados, como al aire libre si no puede respetarse la distancia social.

Las mascarillas quirúrgicas son adecuadas en estas circunstancias siempre que se adapten perfectamente a la cara y no dejen escapar aire por fuera de ellas.

Otras medidas:
  • Un lavado adecuado de manos sobre todo tras haber tocado superficies públicas. Si las manos no están sucias, un gel hidroalcohólico que contenga un mínimo de 60% de alcohol es también adecuado. El virus puede permanecer en la piel hasta 9 horas si no se toma ninguna medida.
  • Taparse la boca al toser o estornudar.
  • Evitar tocarse la cara.
  • Limpiar y desinfectar los objetos y superficies que se tocan frecuentemente.
  • Ventilar con frecuencia zonas interiores.

Medidas para evitar contagiar a otros de coronavirus


Personas que han tenido un contacto con un caso positivo, pero no se saben enfermas
Estas recomendaciones incluyen el contacto en las 48h previas con una persona que ha contraído la enfermedad. Se debe de vigilar diariamente la temperatura y la presencia de síntomas. Se debe permanecer en el domicilio durante 10-14 días, con medidas de alejamiento del resto de convivientes.

Algunos países aceptan 7 días de cuarentena pero con una prueba negativa (PCR o test de antígenos) el día 7. Estas medidas no son aplicables a las personas vacunadas o a aquellas que hayan desarrollado la enfermedad en los 3 meses previos, las cuales puede a ver una vida normal.

Personas que tienen la enfermedad: deben aislarse en su domicilio durante al menos 10 a 14 días, considerando que al menos los 3 últimos no tengan síntomas sugestivos de infección activa.

Vacunas frente al Covid-19


Las vacunas son la única manera de prevenir adecuadamente la enfermedad. Existen diferentes tipos de vacunas probadas en diferentes circunstancias, poblaciones y esquemas de tratamiento. Todas ellas son eficaces, si bien ninguna de ellas produce una protección absoluta frente al virus. Las personas con inmunodeficiencias podrían tener una menor respuesta de anticuerpos a la vacunación y, por ello, estar menos protegidas.

No existen contraindicaciones para ponerse la vacuna, salvo que se haya tenido una reacción alérgica a algún componente de los que lleva la vacuna. Sin embargo, toda persona que se ponga la vacuna debe permanecer 15 minutos en observación por si desarrollara algún tipo de alergia. Las personas con reacciones alérgicas graves a cualquier sustancia, o con reacciones alérgicas previas a otras vacunas, deben quedarse en observación durante al menos 30 minutos después de la vacunación.

Los efectos adversos son frecuentes, generalmente dolor en el lugar de la inyección, pero también fiebre, malestar general, cansancio y dolor de cabeza. Se puede tomar un analgésico (paracetamol) o anti-inflamatorio si aparecen estos síntomas, pero no se recomienda tomarlos antes de la inyección con la intención de prevenirlos. Se han descrito casos excepcionales de complicaciones trombóticas (por ejemplo, trombosis venosa cerebral) asociadas con bajada de plaquetas, tras la vacunación con AstraZeneca y Janssen, fundamentalmente en mujeres menores de 60 años, en las dos semanas siguientes a la vacunación. A pesar de ello, el beneficio de la vacunación supera enormemente el escaso riesgo de este efecto adverso.
Aunque esta información ha sido redactada por un especialista médico, su edición ha sido llevada a cabo por periodistas, por lo que es un contenido meramente orientativo y sin valor de indicación terapéutica ni diagnóstica. Recomendamos al lector/a que cualquier duda relacionada con la salud la consulte directamente con el profesional del ámbito sanitario correspondiente.